En las PASO quedó demostrado que el voto ya se define de manera selectiva y que hay un
alto comportamiento emocional en la manifestación electoral. Nacionalmente tenemos un
escenario de triple empate con final abierto pero predecible. En las primarias se impuso un
“influencer” economista que supo despertar más atención que el resto y capitalizó
expectativas en una joven sociedad votante como así también en aquellas personas
largamente defraudadas.
Las elecciones siempre resultan ser una buena oportunidad para reafirmar que los actores
principales son (o deberían ser) única y primordialmente la gente. Hay quienes no lo
entendieron nunca y por otra parte quienes no vieron venir a esta nueva “ola”, tal vez por el
ego que nubla la vista de la perspectiva electoral cuando se está sólo en la “altura” y no en el
“llano”.
El subsuelo de la Patria siempre habla y a veces lo hace con todas sus fuerzas, por
eso siempre debe haber “escritorio” pero también “territorio”, con un oído atento en lo que
dice el pueblo. Larga enseñanza muchas veces olvidada.
Doble vuelta
Los errores se pagan caro y en votos. Hoy la disputa en segundo plano pone en igualdad de
condiciones a las dos fuerzas que otrora fueran mayoritarias de manera alternada en el
último tiempo, ahora con un nuevo participante, el de la bronca. En el medio, siempre la
gente.
Las ansiedades biológicas son más veloces que el tiempo político actual, los
posicionamientos y aspiraciones en materia electoral ya cobran fuerza con toda su impronta.
En octubre a boleta completa o con tijera en mano nuevamente quien hablará será la gente.
El resultado dependerá otra vez del humor social, de la esperanza que se logre despertar o la
canalización de la bronca que ya no se “masculla” sino que se pone en un sobre. Cuando la
ciudadanía elige lo hace con todo el ímpetu de un enorme malestar que se explica con la
distancia hacia la dirigencia política o viceversa. Máxime cuando el bolsillo y el estómago
están en íntima relación conmovidos.
El escenario del balotaje aparece ahora como una posibilidad cierta en noviembre, aunque
nadie tiene certeza de quien podría llegar a competir en esa instancia con el ya candidato
“número puesto”. Lo cierto es que ambos espacios que defraudaron a un electorado fiel, se
disputarán ahora la posibilidad de dar pelea en un mano a mano con el representante de la
“libertad”.
El ascenso
Hace un tiempo José Natanson escribió para “Le Monde Diplomatique” sobre el ascenso de
Milei, para él esto “tiene dos dimensiones. La primera es conocida: el candidato libertario
refleja un rechazo rotundo al actual estado de cosas. Es una impugnación fuerte, un “hasta
acá llegamos” que encontró en su lengua de furia la forma de expresarse.
Con Juntos por el
Cambio estabilizando el voto antiperonista, el PJ convertido en un “partido del orden” y hasta
el Frente de Izquierda integrado al sistema político, jugando con soltura el juego
parlamentario, Milei se ofrece como el más remoto de los outsiders, el que vive en la isla más
distante.
Un excéntrico en su acepción original: alejado del centro. Alguien que no se priva de
apelar a la “resistencia”, por ejemplo llamando a la rebeldía fiscal o reivindicando el derecho
a no escolarizar a los hijos, y que además lo hace encarnando en su figura la bronca social
contenida: parafraseando a Pablo Stefanoni, podríamos decir que no sólo la rebeldía,
también la pasión se volvió de derecha” (…)
“Pero no es sólo este rechazo sordo lo que
explica el crecimiento de Milei. Si el macrismo fue en esencia una coalición antiperonista,
Milei es eso, pero es más que eso. ¿Hay un voto de esperanza? Digamos que hay una
expectativa, sobre todo en los jóvenes, en los varones de clase media baja y en los
cuentapropistas. Tras una década de empate político, de “hegemonía imposible” entre dos
coaliciones que no logran ni derrotar a la otra ni acordar un programa común, Milei dice, claro
y fuerte, que él sí puede, que las cosas que promete, por más delirantes que suenen, son
factibles.
Frente a la “impotencia de Estado” del Frente de Todos, Milei promete, por usar la
expresión canónica, un ejercicio de voluntad. Su ascenso también es consecuencia del
fracaso del gradualismo; Milei es un deseo de shock”.
La centralidad
La despeinada cabellera del “influencer” economista ya no está en discusión, ahora el ex
columnista de TV mantiene la centralidad del proceso electoral en el tiempo por delante en
este próximo tramo. Lo destacable es que la política sigue siendo la única “herramienta” de
transformación social.
El mecanismo de aplicación por parte de la “ciudadanía de a pie” son
las elecciones, por eso importa saber donde estarán los votos para no quedar al margen de
lo que pensará la gente mañana.
Porque para resolver el problema económico primero hay
que resolver el problema político. Todo debería confluir en la resolución del problema social
si con ello se defiende un verdadero interés común, el del pueblo y su felicidad. Yo te avisé.
(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de
Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano
del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.