19 feb 2026
OPINIóN

Un gobierno que dice mirar el futuro pero apela al pasado para justificar su torpeza

Un gobierno que dice mirar el futuro pero apela al pasado para justificar su torpeza
JP
Jorge Pedro Busti (*)
22 julio 2018

Para intentar justificar el ajuste más salvaje que se
ejecuta en la Argentina, vía acuerdo con el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el actual gobierno de Cambiemos apela constantemente al pasado,
utilizando argumentos facilistas, trillados y falaces que denotan un
antiperonismo que hace muchas décadas no se observaba a este nivel en el país.

Lo cierto es que “el mejor equipo de los últimos 50 años”
con el que se autocalifican, tuvo que viajar a Washington de urgencia y después
de doce años sin FMI, el organismo vuelve a la política argentina llamado por
un gobierno que sólo atina a responsabilizar al peronismo de los problemas
económicos, financieros y del creciente déficit. Esto, claro está, esparcido
por voceros oficiales y repetido hasta el hartazgo por varias líneas
editoriales afines, olvidándose que hace setenta años atrás en la Argentina,
fue Juan Domingo Perón quien decidió que el país no ingresara al FMI,
cancelando en 1947 el empréstito tomado por Bernardino Rivadavia con la Baring
Brothers y, tiempo después, afirmando que “se cortaría la mano antes que firmar
un empréstito”.

Las consecuencias de este acuerdo la van a sufrir los más
humildes, porque sin dudas traerá aparejado más pobreza y desocupación en todo
el país. Como fiel demostración del daño que producen las recetas de este
organismo, existe el caso reciente de Grecia, país que lleva ocho años de
recesión y crisis social desde el desembarco del FMI.

Hoy vemos que muchos empresarios se regocijan ante una
posible implementación de leyes que promuevan mayor precariedad laboral, siendo
ellos quienes hicieron y amasan sus fortunas en base a la intermediación de
servicios y no en la producción de bienes. Estos eternos especuladores que
carecen de escrúpulos, antes que hablar de la historia, deberían leerla; y no
tener un discurso oportunista para lograr objetivos económicos a costas de la
gente. La deuda nunca sirvió para desarrollar la industria nacional ni para
generar trabajo genuino.

Hace setenta años y por la voluntad popular gobernaba la
Argentina el General Juan Domingo Perón, que le dio plena ocupación a nuestro
país, que fomentó la industria nacional (antes del gobierno justicialista “ni
los alfileres que empleaban nuestras modistas se fabricaban en el país; todo
venía del exterior”) y que también propició la mayor inclusión social de
nuestra historia, permitiéndole a los hijos de los trabajadores más humildes
acceder al estudio y aspirar a un futuro mejor; ese es el gobierno que estaba
presente e inclinó la cancha a favor de aquellos que antes no merecían siquiera
la mínima atención del Estado. Ese mismo gobierno fue derrocado con furia por
un golpe militar, previo bombardeo a civiles en la Plaza de Mayo. Ese gobierno
fue el más difamado y calumniado por el establishment argentino que actualmente
conduce los destinos del país.

Perón fue el único estadista que gobernó este país. Estuvo
18 años en el exilio, y desde allí, cuando eran muy pocos los que hablaban del
problema ambiental, en 1972 redactó, publicó y mandó a todos los Presidentes
del mundo un documento en el cual solicitaba la intervención de la Naciones
Unidas para concientizar acerca del mayor problema que debería afrontar la
humanidad, que no era otro que la contaminación ambiental y el despilfarro de
los recursos naturales.

Fue el mismo estadista que, cuando regresó, en épocas de
violencia en América Latina (donde EE.UU. promovía dictaduras militares a
través de políticas implementadas por el Pentágono), realizó su primera
aparición pública inmortalizando el abrazo con el dirigente radical Ricardo
Balbín, porque sabía que si no se realizaban fuertes acciones tendientes a la
Unidad Nacional, difícilmente se saldría adelante en aquel contexto. Muy
diferente a lo que se fomenta actualmente desde el gobierno de Cambiemos, cuyos
más encumbrados voceros destilan un visceral y profundo odio hacia el
peronismo, que fracciona, divide y contribuye a ensanchar cada día más una
grieta que supuestamente Macri venía a clausurar.

Perón, en su retorno al país, ya era un hombre de edad
avanzada y su salud estaba bastante precaria, 
pero vale recordar que cuando falleció, el 1 de julio 1974, Argentina
tenía un 4% de desocupación; anteriormente había impulsado un Pacto Social para
reducir al mínimo la inflación que ya en ese entonces decía que era el mayor
flagelo para los sectores medios y más vulnerables de la sociedad.

Resultan cansadores estas muletillas de huir permanentemente
a lo que sucedía hace más de medio siglo, para vanamente pretender justificar
el desastre que realizaron en la Argentina en estos dos años y medio. Es hora
que Mauricio Macri y el gobierno de Cambiemos se hagan cargo de las decisiones
que tomaron para beneficiar a la renta financiera, a las mineras extranjeras y
a los grandes pooles de siembra. Si por esas casualidades creen que el país
saldrá adelante propiciando mayores ajustes y no reactivando el aparato
productivo, seguramente tendremos conflictos sociales y entraremos en una etapa
que ningún argentino eligió.

Indudablemente estamos en presencia de un gobierno que no
tiene sensibilidad social y resulta muy preocupante que ahora pretendan también
que las provincias y  los municipios de
todo el país imiten esas políticas de ajuste hacia una sociedad que ya tiene
los bolsillos exhaustos. Duele asimismo que se castigue indiscriminadamente a
los sindicatos que luchan para que sus afiliados tengan un sueldo digno y una
obra social en pleno funcionamiento.

Vengo sosteniendo hace tiempo que es el momento de dejar a
un lado las mezquindades y propiciar la conformación de un gran Frente Nacional
y Popular, que exceda al peronismo,  para
plantarse ante el gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Si no estamos a la
altura de las circunstancias, proponiendo la construcción de un modelo
alternativo que ponga el acento en la producción, el trabajo y la educación,
con el objetivo de derrotar al PRO en las próximas elecciones, nos espera un
futuro incierto y seremos responsables ante nuestros hijos y nietos del país
que les dejamos.

El peronismo es una expresión nacional y popular, es un
movimiento social y político inédito en la historia latinoamericana, que
persiste vigente en el corazón del pueblo argentino y no necesita que nada ni
nadie le diga lo que debe ser. “El peronismo no se aprende ni se proclama, se
comprende y se siente”; el peronismo es un sentimiento, hendido en sus bases
fundacionales Juan y Eva Perón, y de ninguna manera se parece a lo que intentan
instalar a fuerza de mentiras algunos gorilas devenidos en historiadores que
destilan odio y resentimiento: no hay que sorprenderse, existieron en el ’55,
existieron en los ’70 y existen ahora también.

Por último, hoy cobran más vigencia que nunca esas palabras,
casi premonitorias, de Juan Domingo Perón, pronunciadas dos años después de
haber sido derrocado por “La Fusiladora”:

“Sólo en dos años, lo han desorganizado todo, han
desquiciado las finanzas estatales, derrochado las reservas financieras y comprometido
gravemente el crédito del país en el exterior después de derrumbar el valor de
la moneda, arruinar la economía privada y paralizar los planes, produciendo
perjuicios incalculables, para terminar tiranizando al Pueblo al punto de hacer
desaparecer todo vestigio de su felicidad pasada y entronizar la injusticia
social y el sometimiento a los poderes foráneos de la antipatria. ¿Cómo pagarán
estos hombres semejante crimen? Eso lo dirá el pueblo a su hora”.

(*) Ex gobernador de Entre Ríos.

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