El Gobierno intensificó en abril las restricciones al gasto en obra pública, mientras mantenía un ajuste severo sobre los salarios del sector público. Los ingresos fiscales han crecido de manera moderada en lo que va del año, lo que ha provocado una notable disminución del superávit fiscal en los primeros cuatro meses de 2025. Ante la exigencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) de alcanzar un superávit del 1,3% del Producto Bruto Interno (PBI)—que el Gobierno se ha comprometido a elevar a un 1,6%—se hace imprescindible implementar un recorte drástico del gasto, especialmente en un año electoral. Además, para mayo se prevé una caída en la recaudación, lo que podría agravar aún más la situación financiera.
La Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) y la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Pública (ASAP) dieron a conocer los datos sobre el resultado fiscal a abril, según el método de acumulación. Estos datos no se alinearán exactamente con los de caja que la Secretaría de Hacienda divulgará este viernes, ya que, entre otras diferencias menores, el método de acumulación refleja los ingresos contables, mientras que el de caja se basa en los pesos efectivamente percibidos y gastados. Por ejemplo, el primero no considera posibles postergaciones en los pagos, mientras que el segundo solo contabiliza los gastos una vez realizados. Sin embargo, el enfoque de acumulación ofrece una visión clara sobre la tendencia de la política fiscal.
Según la OPC y la ASAP, en abril los ingresos fiscales aumentaron un 1,7% real interanual, aunque este crecimiento se sitúa por debajo del 2,1% registrado en el primer cuatrimestre. Las rentas de la propiedad han ejercido una presión negativa, con una caída real interanual del 37,5% acumulada hasta el momento, que se profundizó en abril con un descenso del 47,5%. La recaudación tributaria no ha sido suficiente para contrarrestar esta situación, lo que resultó en una disminución del 15,2% real anual en el resultado primario devengado en el primer cuatrimestre.
En abril, los gastos primarios mostraron una caída del 5% real anual, marcando la primera desaceleración del año. En lo que va de 2025, estos gastos han incrementado un 6,4% real. Esta situación ha llevado a una significativa reducción del superávit primario, presentando un desafío crucial para el Gobierno a la hora de ajustar el gasto y cumplir con la meta del FMI del 1,3% del PBI, así como con la más exigente del 1,6% establecida hace un mes. La convicción respecto a la necesidad de un ajuste ha llevado al mercado a creer que se realizarán todos los esfuerzos posibles para cumplir con estos objetivos.
En abril, esta estrategia se tradujo en un recorte drástico del 82,3% en los subsidios energéticos, un ajuste con un sesgo progresivo desde el punto de vista distributivo. Por otro lado, otro aspecto relevante ha sido el deterioro sostenido de los salarios de los empleados estatales: en abril, este gasto disminuyó un 12,7% real anual, acumulando una baja del 10,4% en el primer cuatrimestre. Este descenso resulta preocupante en comparación con abril de 2024, cuando los salarios del sector público ya habían caído un 14,4% real. En los últimos dos años, los salarios han experimentado una caída del 25,2%, atribuida tanto a la contracción real del ingreso como a la reducción del número de empleos estatales. Por su parte, la inversión en obra pública se mantuvo en declive, reflejando una reducción del 45,6% anual en abril, tras una contracción del 74,3% en el mismo mes del año pasado, lo que origina una disminución real del 86% en dos años.
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