20 feb 2026
OPINIóN

Romance al martirio de Dorrego

AG
Alejandro Gonzalo García Garro (*)
13 diciembre 2020

El fusilamiento del Manuel Dorrego , ordenado por Juan Lavalle el 13 diciembre de 1828, fue tal vez uno de los hechos sangrientos que más secuelas trajo para la vida política argentina. El asesinato de Dorrego desató una guerra civil que durará hasta 1852 y que seguirá luego hasta provocar el aniquilamiento de los caudillos del interior por la “civilizada” Buenos Aires.

Desde Esteban Echeverria, hasta Ernesto Sábato, los intelectuales de las clases dominantes han querido tergiversar este hecho, negando la dimensión política de Dorrego y ocultando la criminalidad de Lavalle.

Desde el lejano asesinato hasta el presente se advierte un intento, una política, de diluir y colectivizar las culpas históricas.

El culpable de cada crimen no es quién lo comete y quienes fueron sus cómplices directos, hay que negar la culpa, licuarla. O convertir en víctimas a los victimarios.

El relato que pretende exculpar a Lavalle construye una explicación de las luchas civiles desde una historia “sin buenos ni malos”, donde se degollaron unos a otros, donde tanto unos como otros concurrieron como iguales a la construcción del la Argentina actual.

Esto es una trampa del sistema, que impide visualizar y diferenciar los verdaderos proyectos políticos subyacentes, tanto los que promovieron nuestro progreso como los que fueron responsable de nuestro atraso y estancamiento como Nación.

El propio Lavalle apelaba al juicio histórico de su acto.

Pues bien, éste señala que, tras el asesinato de Dorrego, crimen que el pueblo ni justificó ni justificará jamás, se impuso la primera tiranía en tierras argentinas e instaló el golpismo militar como método político para consumar la entrega y la enajenación de las riquezas patrimoniales de la Nación. Y esto fue así, aunque muchos hoy lo ignoren, y a pesar de que las clases dominantes hayan negado, mentido y ocultado desde hace casi 190 años.

“Este crimen horrendo es el más atroz e injusto que se haya cometido en toda la historia de la Patria. No tiene justificación alguna, fusilar al gobernador legal de un Estado que ha sido libremente elegido por sus conciudadanos. Y si ese hombre es nada menos que un soldado de la Independencia, oficial de San Martín y de Belgrano, héroe en el campo de batalla, no solamente es un crimen atroz contra un hombre, lo es contra todo un país y contra toda la civilización”, analizaba Juan Perón en “Breve historia de la problemática argentina.”

(*) Abogado.

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