En 1991, motivados por las propuestas y acuerdos logradospor Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, para dejar conformado un acuerdopara desarrollar políticas de integración expresadas en el Mercosur, laAsociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) decidió sumarse como institución de lasociedad civil organizada con presencia en los cuatro países desde comienzosdel siglo XX y aún antes, en particular en Argentina desde 1902, al esfuerzopor alcanzar una integración convivencial plena, superando lo estrictamenteeconómico y comercial del primer momento.
El fundamento se basó en las oportunidades para lograrconcretar acciones que tuviesen centradas en aspectos que hacen a la mejorcalidad de vida de quienes comparten un espacio geográfico, histórico, social ycultural común, aún cuando sean ciudadanos de países distintos.
Nació así la concepción de “espacios comunes integrados”,posibilitando la mejor utilización de los recursos instalados para beneficio delos ciudadanos, con servicios de salud, educación, laboral, turísticos y otrosque se pusieron al servicio de las personas.
En la región de SaltoGrande, 450 kilómetros norte de Buenos Aires y teniendo como eje la obrabinacional de la represa del mismo nombre generada por Argentina y Uruguay,nace la primera asociación cristiana de jóvenes bi nacional del mundo, quecuenta con sedes en Salto, Uruguay y de Concordia, Entre Ríos.
Con orgullo decimos que fueron años de efervescencia de laintegración regional, ideal al cual la YMCA adhiere y trabaja para que searealidad. Los puentes sobre el río Uruguay y el paso por la represa de SaltoGrande fueron la vía de comunicación y de integración utilizados por miles deargentinos y uruguayos que aprendieron a convivir en el sentido de la hermandadentendida como “convivencialidad real”.
Se generó el concepto de “familias binacionales”, sinimportar demasiado la nacionalidad sino aquello de “la unidad en ladiversidad”. El comercio local de ambos supo enfrentar las situacionesderivadas de las diferencias cambiarias, pero nunca hubo impedimentos para queconcordienses cruzaran a Salto a disfrutar de una pizza con cerveza, o que lossalteños pudiesen compartir un almuerzo o cena en Concordia, así como lasmúltiples ofertas culturales, de turismo o simplemente de diversión.
Cuando en marzo de 2019 sobrevino la pandemia, ese tránsitoquedó totalmente cortado por motivos sanitarios. Hoy, ya bastante controlado elCovid-19 y sus variantes, parece que el sector comercial de Uruguay, apegado alrepunte de facturación logrado por la prohibición de cruzar a Argentina quiereprolongar la situación, perjudicando a cientos de familias que lo que desean esreunirse, encontrarse y continuar con sus vidas de relacionamiento. Se confundela necesidad básica de convivencia con lo comercial, para lo cual existenorganismos específicos para su control, como por ejemplo las aduanas.
La libre circulación de bienes y personas proclamada haquedado en eso, una simple proclama. Muertes en soledad, llantos en soledad,enfermedades que sobrevienen ante la ausencia de los seres queridos. Laintegración hecha trizas. Los 30 kilómetros de distancia a las ciudades deSalto y Concordia se convierten en 1.100, con un costo impresionante y beneficioseconómicos para unos pocos.
Testimonios impresionantes que el Grupo Puente, un colectivode personas que supieron forjar una verdadera cultura de integración binacionala través del trabajo, del estudio, del turismo o simplemente familiar, recoge yplantea para sensibilizar a quienes tienen las decisiones políticas, hastaahora sin resultados. Solamente trámites y más trámites ante funcionarios que noresuelven, esperan “ordenes”.
Un testimonio elocuente de lo que está pasando y que llevaal sufrimiento de familias que se conforman “binacionalmente”, fue publicado enla edición digital del diario Río Uruguay del pasado 18 de octubre, nos llevasolicitar una vez más, como institución de la sociedad civil con 119 años depresencia en Argentina y con la misión de trabajar para una sociedad más justa,solidaria y comprometida con los valores de la vida que la situación sesolucione inmediatamente.
Fortalecer los lazosde la solidaridad
YMCA es la sigla de la Young Men’s Christian Association(Asociación Cristiana de Jóvenes), creada en Inglaterra a mediados del sigloXIX, y reúne más de 65 millones de miembros en 120 países.
Hace meses que estainstitución le pide a las autoridades de Entre Ríos que abra el paso fronterizoentre Concordia y Salto Grande. El 19 de octubre pasado, el gobernador de esaprovincia, Gustavo Bordet, firmó la reapertura de uno de los tres pasos,dejando atravesar a cuentagotas a las familias binacionales.
Pero Eduardo Rodríguez, secretario general del YMCA, diceque “todavía está muy complicado, hay mucha exigencia en los permisos de consuladosde cualquiera de los dos lados para cruzar, más las trabas por los PCR, y faltade voluntad. Esperamos una nueva disposición que permita la apertura de lostres pasos fronterizos, alguna flexibilización para que todas las familiasbinacionales puedan reencontrase después de dos años sin poder verse”.
Gabriela Minutti es una de las hermanas protagonistas delabrazo (foto de la carta en Clarín Web) entre las vallas del puente cerrado, enSalto Grande. Es uruguaya, hace 25 años que se casó y se fue a vivir aConcordia. “Tengo dos hijos, uno nació en Salto y otro en Concordia, somos unafamilia muy unida y tengo a mi mamá y hermanos en Salto, los extraño muchísimoporque antes estábamos viajando de un lado a otro, pero en pandemia se hizoimposible, ya que tenés que volver por Montevideo – Buenos Aires”.
Gabriela también dijo, con mucha emoción “que todos puedanhacer lo que lo que pude lograr con mi hermana, porque las veces que fuimos aprotestar nos frenaron mucho y no nos dejaron pasar”.
Quizás, ahora, que el gobernador de Entre Ríos conoce estashistorias de reencuentros, se sensibilice y, con los cuidados que corresponden,pero sin dureza, pueda abrir los otros dos pasos fronterizos para que los lazosde solidaridad que el YMCA supo forjar desde hace años entre Argentina yUruguay, se fortalezcan más que nunca.

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