23 feb 2026
NACIONALES

Partiendo hacia el final: reflexiones sobre la vida y el inevitable destino

El Panelista absorbió al PRO del Ángel Exterminador como Menem absorbió a la UCD de los Alsogaray. Y plantea la guerra abierta al Poder Legislativo que se obstina en acabar con la utopía del superávit.

Partiendo hacia el final: reflexiones sobre la vida y el inevitable destino

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsisDigital.com

Apretar la síntesis

La democracia instaurada en 1983 se caracteriza por su capacidad de absorción.
Comenzó con la “patota del doctor Oscar Alende”, El Bisonte, que había integrado a remanentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Mientras el fenómeno socialdemócrata de Raúl Alfonsín, El Providencial, iba tomando forma, absorbió la energía de innumerables patoteros y buscó entusiasmar con el Tercer Movimiento Histórico, pero se estrelló, desafortunadamente, en la hiperinflación de 1988. Esta catástrofe facilitó, en 1989, el regreso triunfal del peronismo de Carlos Menem, El Emir.
Momentos plenos del Consenso de Washington. Caída cinematográfica del Muro.
El colapso de la Unión Soviética, anticipado por la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, cimentó la discutible tesis de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia”.

Unipersonales televisivos

En aquel momento, el último país del sur se encontraba bajo la hegemonía radial del aplastante Bernardo Neustadt.
Maestro de periodistas que aún no lo reconocen, Neustadt marcó el inicio del unipersonal televisivo.
Los epígonos profesionales hoy no cesan de monologar. Han proliferado Bernarditos en forma de streaming.
Abundan los audaces que se consideran capaces de transmitir mensajes informativos durante 40 minutos, sin percatarse de que, en esencia, homenajean al maestro que despreciaban.
Menem se dedicó a la transformación de la economía, posiblemente influenciado por las inapelables misas de Neustadt.
Debió incorporar la caja cultural de herramientas de la Unión del Centro Democrático de los Alsogaray: el padre Álvaro y la señora María Julia, su hija.
El Emir gestionó los años neoliberales del peronismo hasta colisionar en el ’99 con el radicalismo aburrido de Fernando De la Rúa, El Traicionable, y el peronista en tránsito Chacho Álvarez.

Pacientemente, se fue gestando la catástrofe del 2001.
Del horror emergieron dos movimientos contemporáneos.
El kirchnerismo, con un marcado sesgo peronista hacia la centroizquierda.
Al mismo tiempo, brotó el pudor estético del macrismo, que impuso una cultura de trajes azules, zapatillas blancas y camisas celestes abiertas (siempre sin corbata).
Así, surgió la revolución recaudadora de Néstor Kirchner, El Furia, junto a su “compañera de vida”, La Doctora.
En paralelo, hacia la derecha, Mauricio Macri, el Ángel Exterminador.
Los tres: El Furia y La Doctora desde la centroizquierda peronista, y el Ángel desde la reserva de la centroderecha, fueron presidentes eslabonados que compartieron el peso de unas conclusiones ingratas.
Epilogos severos de decepción, impregnados de desperdicio.

En 2019 regresó la caricatura del peronismo, que ya no tenía nada que aportar. Se desmembraba frente a la peste de Covid, mientras el macrismo se encontraba acartonado y debía disculparse mientras se preparaba para el próximo fracaso.

Utopía del superávit

Es precisamente en este contexto que aparece Javier Milei, El Panelista de Intratables.
Con alaridos enfermizos y sobreactuaciones memorables, Milei pronto perforó el sistema de partidos para, desde los medios, instalar el fastuoso delirio de la dolarización, complementado por la extravagancia intelectual de desmantelar el Banco Central. Descalifica a todos los políticos corruptos que identifica en “la casta”.
Con la utopía del mercado y del superávit permanente, impuso las tradicionales alucinaciones de la ultraderecha y se convirtió, gracias a su potente imagen, en el Fenómeno Milei, dedicándose inflexiblemente a desmantelar y clausurar el delicado gradualismo del PRO del Exterminador, hasta reproducir la rendición incondicional de la que hoy habla hasta el locutor mañanero encargado de informar sobre la temperatura.

Rugbiers de violeta

Separados los invaluables buscapiés del centro honorable, que se movilizan con el objetivo de mojar la medialuna, el Panelista convoca a “la parte sana de la Argentina” para combatir el flagelo del kirchnerismo y polarizar a una sociedad hastiada.
Desde el inconcebible ámbito de la Tercera, con un seleccionado de políticos que parecen jugadores de rugby, todos vestidos de violeta, exhibieron la postal de La Matanza con la precaria leyenda excitante: “Kirchnerismo nunca más”.

Desafortunadamente, la única alternativa a la patética crueldad del Fenómeno Milei es, otra vez, el peronismo resignificado. Sin embargo, los interesados en las ideas de Milei prefieren clasificarlo con la superadora noción de “kirchnerismo”, una patología que sigue teniendo notable fuerza casi exclusivamente en la Tercera Sección de la Provincia del Pecado.
Precisamente hacia allí se dirigió Milei, acompañado por la comparsa de rugbiers de violeta, para immortalizar la fotografía ilustrativa de su campaña. Una ocurrencia estratégica de Santiago Caputo, El Neo Giacomini. Un Jaimito diseñado para ser parte sustancial del Gobierno de Consultores. Aunque la señora Karina, Repostera en Jefe y vecina del vértice del Triángulo de Hierro (fundido) lo haya explícitamente humillado al Neo Giacomini en el cierre de listas, cediéndole como compensación un candidato para la Tercera, en la compasión del quinto lugar.

El Panelista plantea una guerra abierta al Poder Legislativo, que se obstina en acabar con la utopía del superávit.
Anuncia melodramáticamente, por cadena nacional, que para lograrlo tendrán que sacarlo “con los pies para adelante”.
Al cierre del despacho, con atisbos de mala fe, algún perverso susurra:
“Habrá que sacarlo como lo pide”.

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