Estas palabras vienen a transparentar un análisis personal,
salpicado de ciertos aprendizajes de la experiencia en comunicación política y
de la política, basado en las preguntas que seguramente cada actor social,
político y económico se hacen por estos momentos, como por ej: ¿qué va a pasar
con ésto que estamos viviendo?, ¿cómo se sigue?, ¿sirve lo que hacemos?.
La particular realidad que nos atraviesa a todos, siendo o
no, parte activa o pasiva del universo político, hace que estas preguntas y
muchas más sucedan en casi todos.
Nadie puede negar que lo que estamos viviendo este año
respecto a la pandemia de coronavirus, la tan potente segunda ola, sumada a las
elecciones de medio término, crean un clima que algunos analistas de renombre
han nombrado como “tormenta perfecta”, pero permitiéndome ser un poco menos
catastrófico, considero más apropiado hablar de un “combo único”.
Un combo único que tiene muchísimos factores que forman
parte de él, algunos más etéreos y otros más sustantivos, que harían muy
extenso y complejo el análisis particular, pero, sí existen algunos que poseen
pesos específicos muy importantes y “dominan” de determinada manera a otros
factores más pequeños. Uno de ellos es la confianza.
La confianza
La confianza en que en el corto plazo vamos a estar mejor,
en nuestra moneda, en la economía, en hacer sacrificios para mejorar el sistema
sanitario y que esto va traer resultados positivos, la confianza en la
justicia, en las instituciones, en la palabra presidencial, las voces
opositoras, en los medios. Todo esto tiene mucho que ver con qué va a pasar, si
sirve o no lo que hacemos y cómo sigue todo.
Actualmente la confianza de los argentinos está muy desvalorizada,
y existen múltiples razones. No hace falta aclarar que esto es para nada bueno
en el contexto en que vivimos. Hace un año y medio aproximadamente, fuimos a
elecciones y dimos “nuevos votos de confianza”, esto fue una bocanada de
oxígeno para la confianza en nuestro país, luego de la desilusión previa. Al
poco tiempo, la llegada de un factor externo que encendió las alertas del mundo
y atacó a la humanidad en su totalidad, generó la necesidad de tener mayor
confianza en alguien que nos proteja, sumado además, por esas épocas que habían
pasado sólo 3 meses del comienzo del nuevo gobierno, la oposición y el
oficialismo se unieron bajo un único discurso para la toma de medidas, hasta
los medios unificaron sus mensajes en la importancia del cuidado, por esas
épocas nadie había sufrido todavía las consecuencias de dichas medidas que se
estaban tomando, en fin todo sumaba para que la confianza sea alta y positiva,
esto último se reflejó en las mediciones de la imagen presidencial de marzo de
2020 que anduvo +- alrededor del 80% de positiva .
Hoy a un año y 2 meses la foto es otra, las consecuencias de
las decisiones que fueron tomadas para protegernos del factor externo fueron
muy costosas y dolorosas. Fuera de si fueron o no acertadas y de la duración de
las mismas, desde que las medidas comenzaron a generar descontento social por
sus naturalezas restrictivas, comenzó a asomarse una veta que aprovecharon
algunos actores políticos, y desde la cual han planificado y por lo que se ve
continúan haciéndolo, usando como trampolín de regreso al poder.
Nadie podría pretender que no se marquen los errores, ni que
los opositores los aprovechen, el problema pasa cuando se inventan historias, o
se desconocen realidades con tal de socavar la confianza, la esperanza de un
país, sólo con meros fines electorales como parece que plantean algunos con tal
de ganar la próxima elección, una muy importante en el armado tectónico del
mapa político. Cuando se vende que te quieren encerrado para hacer lo que ellos
quieren, cuando dicen que una vacuna es veneno, cuando desconocen que hay
desigualdad mundial con las vacunas y no es tan sencillo como ellos plantean
conseguirlas, cuando dicen que se busca generar pobreza para luego
administrarla, cuando se promete de más, cuando no se cumple la palabra o no se
la cuida, cuando las restricciones superan el sentido común de las
particularidades que merecen excepciones, cuando se suma incertidumbre
innecesaria, también se destruye la confianza.
Es un año de elecciones nacionales, si bien no es un año de
elecciones presidenciales, de todas maneras los resultados serán un termómetro
de la confianza, y a su vez un exámen de gestión de medio término que rendirán
los gobernantes nacionales, en este año en particular se destaca la pregunta:
¿cómo fue el manejo de la pandemia?, y que tendrán la oportunidad de responder
los argentinos en las urnas. Entonces hoy es muy importante entender que van a
existir actores que sólo busquen destruir la confianza (posiblemente a
cualquier costo), y serán en su mayoría muy probablemente aquellos que se
quieran posicionarse como posibles alternativas o futuros conductores de los
destinos del país, ya sea a niveles nacionales o provinciales. Por contraparte
estarán aquellos que busquen construirla. Esto no es lineal pero ejemplifica
bastante en líneas generales la situación actual que estamos viviendo y que
seguramente va a continuar. Aquí el peligro, dado que el contexto no es el
indicado para que sucedan estas batallas discursivas, sino todo lo contrario es
un momento que se necesita de la unión y solidaridad de todos los argentinos
para atravesar la crítica situación sanitaria, para reconstruir un país que
viene muy golpeado. Las decisiones pueden ser adecuadas o equívocas, pero si no
existe confianza, por más que las decisiones sean las correctas, las mejores o
las indicadas, tendrán muy altas probabilidades de fracasar, por lo que
consecuentemente estaremos destinados a en el mejor de los casos continuar con
los mismos problemas o empeorar, porque la realidad es que todos somos parte
del presente y futuro que construimos. En esto de generar confianza, todos los
que tengan responsabilidades en las conducciones de los destinos que gobiernan,
tienen que medir muy minuciosamente qué es lo que están queriendo comunicar, hoy
en día prácticamente no existe margen de error.
Bandera blanca.
Sin saber a ciencia cierta si por responsabilidad o miedo a
que se desborde todo y terminen las consecuencias de un desastre sanitario
perjudicando las aspiraciones personales de algunos, lo cierto es que en lo que
respecta a las últimas medidas, pareciera que se ha izado una bandera blanca de
común acuerdo entre los mayoritarios frentes opositores, particularmente entre
las figuras que están a cargo de los ejecutivos de las gestiones más
importantes. Esto no es un hecho menor, y habla mucho respecto a lo que pueda
suceder a futuro. Sea por responsabilidad o por espanto, muestra una luz de
esperanza a la sociedad, e invita a que se acompañen sin tantos
cuestionamientos las medidas vigentes.
Basado en sondeos digitales realizados desde Pulso
Consultores, se puede observar claramente en Entre Ríos, un acompañamiento
mayoritario a las últimas medidas anunciadas, incluso pese a la demora en la
publicación del decreto que las reglamenta, lo que generó descontentos y varias
horas de incertidumbre innecesarias, errores no forzados que podrían corregirse
a futuro por parte del gobierno nacional.
No se puede omitir mencionar que también surgieron los
irresponsables de siempre, que buscan ventajear frente al contexto, y por lo
que se ve no entienden o no comprenden la frágil realidad que nos atraviesa,
éstos irresponsables, siguen aprovechando las situaciones negativas para sacar
réditos aún en los peores momentos. Vale mencionar que en la mayoría de los
casos estas acciones no construyen cimientos prometedores para los
oportunistas, sí los posiciona en la opinión pública momentáneamente, ya que
existen también una gran parte de ciudadanos que buscan encontrar
representantes para los entendibles disgustos que acarrean toda esta angustiosa
situación. Siendo que los une en su mayoría sentimientos negativos, hace que
estos ciudadanos difícilmente se identifiquen con los oportunistas en el largo
plazo. Generalmente solo sirve para afianzar núcleos duros.
Todo esto pasa en un contexto político muy dinámico, en
Latinoamérica vienen sucediendo movimientos muy fuertes en casi todos los
gobiernos. Brasil tiene un faro en Lula da Silva (socialismo, progresismo), en
Chile en la elección de constituyentes ganó la izquierda y el progresismo,
Bolivia se ordenó institucionalmente, eligió y volvió a un modelo popular
socialista, en Perú Fujimori la tiene muy complicada y se avizora un triunfo
del candidato izquierdista, Colombia se revela ante los aumentos indiscriminados
del IVA local que propone el gobierno de derecha de Ivan Luque. Yendo más allá,
podría decirse que EE.UU. de la mano de Biden surgió un “discurso peronista”.
Todo esto indicaría que no hay margen para mayores
desigualdades, para ajustes o que alguien pinte pajaritos en el aire. Nada está
dicho, y seguramente pasado el momento crítico, vuelvan las fuertes discusiones
entre los diferentes frentes en nuestro país, lo que sí se puede vislumbrar, es
que el modelo de derecha neoliberal se está achicando a nivel regional.
Las vacunas y la
esperanza
A la luz de la esperanza mencionada anteriormente, las que
más traen son las vacunas. El contexto no es el mismo que el año pasado cuando
no existían, hoy existen, y pese a que muchos buscan desprestigiar las gestiones
del gobierno en la materia, y algunos incluso con justa razón debido a que
estos han cometido algunas macanas que dan letra a sus opositores en ese
sentido, Argentina quien es un país muy poco posicionado en el mundo en
términos de poder y economía, está llevando adelante una muy digna campaña de
vacunación (en un mapa mundial donde escasean las vacunas salvo en su mayoría
por los que las fabrican), que genera esperanza y podría también generar a su
vez confianza en los inoculados.
Que se cree un clima de esperanza, es un factor muy
importante para construir futuro, que muchos sientan que si en este contexto
nos gobernaba Macri estaríamos peor, es una puerta entreabierta para el actual
gobierno.
El gobierno y el
campo
El anuncio de las restricciones a las importaciones de la
carne no es un factor tan importante como los anteriores pero trajo a la
actualidad un nuevo conflicto en escena, una medida dura, que expuso la falta
de “voluntades” a la hora de generar los consensos necesarios de las partes para
sumar soluciones y no más problemas en el abordaje de la cruda realidad del
alto valor y constante aumento de los precios de los alimentos. Aminorar la
incertidumbre y generar climas de consensos para salir adelante es fundamental.
Si surfeamos estos grandes desafíos sin mezquindades, puede haber un horizonte
mejor, porque después de las fuertes crisis siempre se encuentran salidas.
(*) Director de Pulso Consultores.
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