19 feb 2026
OPINIóN

Ni yanquis ni marxistas y la batalla cultural

Ni yanquis ni marxistas y la batalla cultural
SJ
Sebastián Juan Aguilar (*)
02 junio 2024

En el libro “Los Intelectuales y la Organización de la
Cultura”, el italiano Antonio Gramsci sostenía 
que “… se pueden fijar dos grandes planos superestructurales, el que se
puede llamar de la “sociedad civil”,  que
está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados “privados”
y el de la “sociedad política o estado” que corresponden a la función de
“hegemonía” que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad y la del “dominio
directo” o de comando que se expresa en el estado y en el gobierno “jurídico”.
Estas funciones son precisamente organizativas y conectivas. Los intelectuales
son los “empleados” del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas
de la hegemonía social y del gobierno político…” Estas líneas nos dan una idea
inicial para comprender algo de la llamada batalla cultural.

En una breve mirada desde la recuperación democrática en
Argentina, en épocas del gobierno de Raúl Alfonsín hubo ciertos atisbos de una
mirada gramsciana pero las mismas no alcanzaron desarrollos importantes. En el
ascenso y dominio de los sectores kichneristas y ligados al mismo, también se
evidenció la necesidad de establecer valores y normas en función de una nueva
realidad que implicase una cultura al menos, 
superadora de la existente, 
donde  podemos indagar aspectos
gramscianos pero no enteramente. Y esto por una sencilla razón: el kirchnerismo
es una parte más del Peronismo, no el Peronismo. 

Sin embargo, el escenario actual es distinto, complejo y con
una dinámica cada vez más heterogénea, aturdido por las redes sociales con sus
ejércitos de trolls,  medios de
comunicaciones y  periodistas
“oficialistas”, con una retirada “planificada” del Estado, una profunda
contracción económica y la presión por establecer nuevas reglas jurídicas y
económicas, que están planteando escenarios donde bien podemos hablar de una
“batalla cultural” tan popularizada en estos tiempos.  

Por lo pronto, las categorías gramscianas tienen su razón de
ser y las mismas  estuvieron dentro de un
contexto de proyectos, tendencias y partidos políticos e ideológicos
progresistas y ciertamente críticos al sistema capitalista burguès.  Pero también una manera distinta de
combatirlo desde las huestes marxistas.

De ahí su atracción e importancia durante años pero que
recobra, en parte,  nuevos bríos al
aparecer nuevamente en un horizonte donde es el neoliberalismo libertariano el
que  quiere utilizarlas.  La novedad, provocadora si se quiere, es la
existencia, en apariencia incipiente, de una captura de las mismas bajo el
manto “anarco neoliberal capitalista” dando entidad, por eso lo novedoso, a las
clásicas afirmaciones del denominado discípulo del profesor Murray Rothbar, a
través de un Estado cuyo presidente es Javier Millei.

En épocas de Murray Rothbar, las ideas libertarias o
libertarianas solo tenían un par de adeptos con representación política en
Alaska y en Texas y grupos minúsculos repartidos por los Estados Unidos. Su
carácter de ultra liberal no les permitía más crecimiento por estar en las
periferias ideológicas y  electorales
democráticas.  Pero esto no debe llevar a
confusión. Las lógicas de ello podemos rastrearlas en el Liberalismo Clásico
desde John Locke en adelante. Sin embargo los verdaderos padres fundadores de
las ideas libertarias o libertarianas son el neo liberalismo de Friedrich Von
Hayeck  y 
Ludwig Von Mises, capitalistas y defensores del laisser faire  y, muy especialmente, en los extremos de la
versión, en su carácter anarquista,  por
el profesor  Murray Rothbar. 

Juegos del destino, Carlos Marx y Murrey Rothbar han
construidos sus utopías a partir de la desaparición del Estado por lo que llama
la atención y asombro (no solo en Argentina sino en los principales países del
mundo) es que las ideas de éste, en los extremos del liberalismo,  son en las que se apoya el presidente  Javier Milei. 

La denominada “batalla cultural” no es nueva, lo que sí es
nuevo es que por primera vez tiene un anclaje estatal, un país,  desde donde 
parte el plexo ideológico neoliberal extremo para llevarla a cabo. Y
ello puede explicarse desde una mirada de confrontación con la estructura de lo
que nosotros llamamos Estado. La expresión anarco capitalista, no es
caprichosa, muy por el contrario, requiere como todo nuevo orden de un proceso
de asimilación, establecimiento de nuevo valores, normas y procedimientos donde
la sociedad, no necesariamente la comunidad, comience a recibir mensajes
sociales, educativos, culturales y políticos que conllevan una nueva mirada de
lo que debe ser una sociedad.  Este es el
nudo central de la batalla cultural.

Y en Argentina quién puede dar la batalla cultural ante este
contexto de situación, es el Movimiento Nacional Justicialista. Razones y
fundamentos sobran.  Es tan cierto ayer
como hoy cuando el general Juan Domingo Perón afirmaba que “El hombre y la
sociedad se enfrentan con la más profunda crisis de valores que registra su
evolución donde Nuestra Comunidad -Organizada – a la que debemos aspirar, es
aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto en que exista
una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia”. Empero, el
Peronismo deberá recuperarse y pronto, con la necesidad imperiosa de los
tiempos en que vivimos sincerándose y recuperando confianza con su Pueblo.

La actualidad argentina requiere el involucramiento de
hombres y mujeres, con responsabilidad histórica, porque corremos un serio
peligro como Nación de perder lazos de 
solidaridad, confianza  e independencia
los cuales deben volver a ser parte de nuestro acervo nacional.

(*) Lic. en Relaciones Internacionales (UNR); Magister en Ciencias Polìticas (UCSF); Doctor en Educaciòn (UCSF). Actualidad: Profesor UADER y UCA .

Comentarios

0 comentarios

Iniciá sesión con Google para comentar

Conectado como
Tu comentario se publicará al instante.

Sé el primero en comentar esta nota.

Te puede interesar