Los dirigentes agropecuarios enrolados en la Mesa de Enlace se dieron por satisfechos con el paro de actividades y cese de comercialización realizado el miércoles. Cumplida la medida de fuerza, aguardan una señal del gobierno para saber cómo se encauzará la relación de ahora en más.
La “Jornada federal de demanda”, como la llamaron los organizadores, incluyó cientos de manifestaciones, volanteadas, actos y actividades en plazas y a la vera de las rutas en Chaco, Mendoza, Santa Fe, Formosa, Corrientes, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa.
El acto principal se desarrolló en la localidad entrerriana de Gualeguaychú, en donde estuvieron los representantes de la Sociedad Rural, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria Argentina (FAA).
Allí se enumeraron los problemas que aquejan a los productores. Entre ellos “la falta o sobreprecios en los combustibles, la creciente inflación, el cambio de reglas de juego, la falta de financiamiento, falta de políticas de Estado para que el productor tenga previsibilidad para poder producir más”, a las que se agregaron “el incremento de las cifras de la pobreza, la incertidumbre política y económica y la pérdida del poder adquisitivo”, según evaluó un comunicado conjunto conocido este jueves y firmado por las cuatro entidades convocantes.
La medida de fuerza, anunciada dos semanas atrás, tuvo como uno de los desencadenantes la falta de gasoil en varias provincias. Sin embargo, esta semana se anunció que el abastecimiento quedó prácticamente normalizado en todo el país.
También hubo una queja porque el gobierno ve al campo como “una fuente de recursos fiscales”, según se quejó el presidente de Confederaciones Rurales, Jorge Chemes, cuando lo cierto es que el presidente Alberto Fernández empeñó su palabra en que no habrá aumentos en las retenciones a la exportación de productos agropecuarios, decisión que incluso le valió la crítica de movimientos sociales que piden una mayor redistribución de la riqueza.
Eso deja a la luz que el conflicto está más vinculado a viejas tirrias mutuas que a la situación actual. “El problema es mucho más que económico, es político y moral”, dijo Elbio Laucirica, vicepresidente de Coninagro.
“No se entiende qué carajo están reclamando. La protesta se parece a una opereta que tiene más que ver con la oposición política que con los reclamos del campo”, dijo Eduardo Buzzi, extitular de Federaciones Agrarias y ahora enfrentado con los actuales dirigentes del sector.
“No estamos de acuerdo con este paro del campo, no conduce a nada”, dijo el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, designado por el gobierno justamente para recomponer la relación con el sector. Su figura es reconocida por los dirigentes agropecuarios que ahora esperan ser convocados a un diálogo sobre el que, a juzgar por los antecedentes de ambos lados, no parece que pueda traer muchas soluciones.
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