Todos sabemos muy bien cómo estamos. Menos sabemos muy bienpor qué estamos como estamos. Esta es una de las tantas historias que ayudan aentender fácil y rápido. La historia de otra oportunidad perdida.
Hace quince años, en noviembre de 2007, Uruguay inaugurabasu primera planta de celulosa, la hoy UPM de Fray Bentos. Ahí, donde el ríoUruguay pega una curva cerrada. Enfrente está nuestra Gualeguaychú.
Con Uruguay compartimos una zona ideal para la industriaforestal. El eucaliptus crece muy rápido en terrenos difíciles o imposiblespara los cultivos y nos sobran agua y sol. Después de Brasil, Argentina es elpaís con más potencial pero dinamitó su potencial cuando lanzó una ridículaguerra contra los uruguayos por una falsa defensa del medio ambiente que escalóa defensa de la soberanía.
No hace mucha falta recordar cómo, con notable entusiasmo,piqueteamos puentes años y años. Del 2005 al 2010. Insistimos en 2013. Lospiqueteros de Gualeguaychú se habían convencido de que vendría un Apocalipsisecológico. Los uruguayos habían decidido envenenarse y envenenarnos .
Era casi una cuestión de fe y a falta de pruebas, seradicalizaron. Como si fuera un territorio libre, decidían quién y cuándo podíacruzar el puente. Ya nadie habla de Botnia desde que se comprobó que lacontaminación no era tal. Pero esos días convocaban multitudes sobre el puente.Kirchner proclamó a los piquetes una causa nacional. Alimentó el absurdo hastaniveles peligrosos. El fanatismo nacionalista siempre es peligroso. Jefesmilitares le plantearon al presidente Vázquez estudiar una guerra de guerrillascontra la Argentina. Temían algo así como una invasión. Y Uruguay pidió un pocosecreto socorro militar a EE.UU. Por las dudas.
Crónica sumaria del delirio: mediación del rey de España,fallo de la Haya contra la Argentina que Cristina, ya presidente, interpretócomo que “Nos dieron la razón”. Informes técnicos convertidos en secreto de Estado.Fortunas que el Estado despilfarró en asesores y estudios de abogados en NuevaYork y hasta gestiones de Lula y de Chávez. De pronto, hasta una supuestaabuela-bomba se iba a inmolar en Botnia, le “informó” a The Washington Post elesposo de Romina Picolotti. Picolotti era la joven abogada de los piqueteros.Alberto Fernández la encumbró acá como secretaria de Medio Ambiente. El añopasado fue condenada por corrupción.
Papelón internacional y de cabotaje. Entonces y después. Lapastera iba a recontaminar el río Uruguay. Resultó lo contrario: nosotroscontaminamos más. Y también iba a destruir el turismo. Falso: Gualeguaychúinformó que el último fin de semana largo, el segundo de octubre, tuvo “unaocupación plena”.
Semejante ruido como el que produjo Botnia tuvo que teneruna fuerte razón oculta. Por alguna, que cualquiera puede razonar o intuir, laempresa prefirió radicarse en Uruguay. ¿Por qué no aquí? Seremos hipócritas:porque en Uruguay son inversión friendly.
Botnia siguió y terminó en la finlandesa UPM. Empezóproduciendo un millón de toneladas de pasta. Ya va por 1,3 millón. La UPM dePaso de los Toros producirá en marzo que viene 2,1 millones. Y Montes delPlata, enfrente, por Colonia, 1,4 millones. Total: unos 4,7 millones detoneladas. Uruguay es, proporcionalmente a su población, principal exportadormundial. Se calcula que cada millón de pasta demanda inversiones, nada más queen esta parte de la industria, por algo así como 1,2 mil millones de dólares.
¿Está claro? No. Falta más. Las pasteras generan trabajodirecto pero muchísimo más indirecto. Y contribuyen con su producción deelectricidad. Demandan caminos, puertos… ¿No serán estas cosas verdaderasoberanía? Uruguay no está sólo con esto de la celulosa. Los que estamos solossomos nosotros. Un dato: en 1960 había en la región sólo dos países productoresde celulosa. Nosotros con 70 t y Brasil con 286 mil. Uruguay, cero.
Sesenta años después: Argentina, 880 mil; Brasil, 21millones; Chile, 5,1 millones y Uruguay 2,7. ¿No era que el papel estaba muertopor las pantallas? El de diario se usa cada vez menos pero el de packaging seusa cada vez más. Para 2024, las proyecciones dicen: nosotros, igual, que es irbien para atrás; Brasil, 23,3 millones. Chile, 5,4. Uruguay, 4,8.
Ahí no termina el cangrejeo. Ahora nos toca cangrejear conParaguay. Acaban de lanzar Paracel para asociarse a la gran región pastera.Piensan en 1,8 millón de toneladas. Sobre el río Paraguay, otro que llega alPlata. ¿Monto de la inversión paraguayo-extranjera? 4.4 mil millones. La mayorde la historia paraguaya.
Ni hablemos de Brasil. El grupo Suzano planea la planta quese llamara Cerrado, la mais grande do mundo, a inaugurarse en 2024: 2,3millones de toneladas. Y tras la más grande del mundo vendrá la mais grande doBrasil en Mato Grosso do Sul, 2,5 millones año.
Las nuevas plantas ya no son más sólo de celulosa sinobiorefinerías que producen múltiples bioproductos como la nanocelulosa, quereemplaza metales, biotextiles basados en celulosa y los llamados de químicaverde, renovables.
La Argentina ha quedado afuera de toda esta innovación. Noinversión alguna en el sector. Pero, eso sí, quién nos quita lo perdido. ¿Porqué lo que anda como anda, que en este caso es andar bien, es el campo? Porqueel gobierno no tiene (todavía) estancias. Pero no nos descuidemos. Ya vemos quées lo que hace donde se mete.
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