¿Quién podría sospechar de Bambi? El ciervo axis deslumbra con su porte elegante y su pelaje moteado que parece salido de un cuento; el chancho asilvestrado evoca la robustez y el carácter indomable de la vida silvestre, y el jabalí, con su actitud desafiante, podría encajar perfectamente en una película de Disney (nadie se olvida de “Pumba”).
Sin embargo, estos animales esconden un lado oscuro: forman parte de las especies exóticas invasoras que representan la segunda causa principal de pérdida de biodiversidad a nivel mundial. En Argentina, esta problemática está alcanzando proporciones alarmantes, y la provincia de Entre Ríos ha dado un paso crucial al declararlos plagas. ¿Qué implica esta medida y qué otras especies amenazan nuestros ecosistemas?
Entre Ríos toma cartas en el asunto
El 26 de diciembre de 2024, Entre Ríos aprobó una medida histórica: declarar al jabalí (Sus scrofa), al chancho asilvestrado y al ciervo axis (Axis axis) como plagas. La nueva normativa permite su caza controlada para reducir su población y mitigar los daños ecológicos y económicos que provocan. Estos animales no solo compiten con la fauna nativa por espacio y alimento, sino que también dañan cultivos, alteran ecosistemas y amenazan a especies autóctonas.
El dilema de las
especies invasoras: por qué no se pueden controlar
¿Por qué las
especies invasoras siguen ganando terreno? La respuesta está en la falta de
depredadores naturales. En sus hábitats de origen, estas especies son
controladas por cadenas alimentarias que regulan su población. Pero, al ser
introducidas en nuevos territorios, quedan desprovistas de estos enemigos naturales,
lo que permite que se reproduzcan sin freno. Este desequilibrio genera daños
ambientales y económicos enormes, que incluyen la competencia por recursos con
especies nativas y la alteración de hábitats completos.
El pino y su
pandilla
El problema no se limita a Entre Ríos, es una amenaza a nivel nacional. En el sur, el castor canadiense (Castor canadensis) talando árboles y construyendo represas, genera estragos en los bosques fueguinos. Se calcula que este roedor ha deforestado más de 40.000 hectáreas de bosques en Tierra del Fuego.
En cuerpos de agua,
la carpa (Cyprinus carpio) desplaza a los peces nativos, mientras que el
mejillón dorado (Limnoperna fortunei) obstruye ductos y altera la calidad del
agua, un problema especialmente grave en el río Paraná.
En el norte, la
cotorra argentina (Myiopsitta monachus), una especie de loro originaria de la
región del Gran Chaco, ha invadido grandes ciudades como Buenos Aires, donde
sus grandes colonias desplazan a especies locales y alteran la flora urbana.
Y no solo
hablamos de fauna: plantas como el pino ponderosa (Pinus ponderosa) y el
ligustro (Ligustrum lucidum) desplazan a la vegetación nativa, cambiando
paisajes completos. En la Patagonia, las plantaciones de pino ponderosa cubren
amplias áreas, pero se estima que el 87% de las plantaciones forestales en la
región andina son de esta especie, lo que ha generado preocupaciones sobre la
pérdida de biodiversidad, la alteración de hábitats naturales y el riesgo
elevado de incendios forestales.
La competencia
por recursos, el cambio en la estructura de los hábitats y los riesgos para las
actividades económicas como la agricultura y la pesca son solo algunos de los
efectos devastadores de estas invasiones biológicas.
Pero el daño de
estas especies invasoras va más allá de los ecosistemas. En términos económicos,
el jabalí se lleva las de perder: las pérdidas por daños en cultivos y
ganadería se estiman en USD 1.380 millones anuales. En Tierra del Fuego, el
castor destruye bosques a un costo de USD 66 millones por año. Estos animales
también son responsables de la propagación de enfermedades como la brucelosis,
que afecta tanto a animales como a seres humanos.
A todo esto se
suman las pérdidas indirectas, como la afectación al turismo y la pesca,
industrias que dependen de la salud de nuestros ecosistemas.
Políticas
nacionales para un desafío global
Argentina no está
sola en esta lucha. La Estrategia Nacional de Especies Exóticas Invasoras
(ENEEI), lanzada en 2017, establece directrices para abordar este desafío en
todo el país. Organismos como el INTA brindan apoyo técnico en la gestión de
estas especies, pero la clave está en la coordinación entre provincias y el
compromiso de la sociedad en su conjunto.
Si bien Entre
Ríos ha dado un paso importante, la lucha continúa. La protección de nuestros
ecosistemas requiere acción conjunta entre gobiernos, científicos y la
ciudadanía.
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