21 feb 2026
CLARíN

(Mención a Entre Ríos) Dieron un golpe de timón a la empresa familiar con visión de negocio, tecnología y datos

(Mención a Entre Ríos) Dieron un golpe de timón a la empresa familiar con visión de negocio, tecnología y datos

Lostres hermanos Reynolds son herederos de una larga tradición ganadera en laprovincia de Buenos Aires. Sus bisabuelos fueron quienes introdujeron al paísla raza Polled Hereford, su abuelo tuvo una cabaña de Hereford en Dudignac y supadre es un veterinario que siempre se dedicó a la actividad pecuaria. Sinembargo, ellos continuaron la tradición rural escribiendo su propia historia.Tomaron la posta de la empresa pero cambiaron el rumbo y eligieron abocarsecompletamente a la agricultura con una visión de negocio basada en datos,tecnología, eficiencia y resultados. Al frente de la gestión, en el día a día,está Fernando, licenciado en Economía y Administración Agraria, al igual quesus dos hermanos. Él nació en Buenos Aires donde vivió y estudió durante muchosaños pero creció siempre vinculado a la ruralidad. En 2012 se radicó enPehuajó, en el campo, y después, cuando sus hijos comenzaron el colegio, seinstaló en la ciudad de Henderson. “El campo lamentablemente expulsa, me tocóla inundación del 2012 cuando mi hija empezaba el jardín y me tuve que ir, sinome hubiese quedado ahí”, recuerda.

Yahabía tenido un paso por esas tierras allá por 1986, cuando sus padresdecidieron ir a vivir al campo de la familia, pero regresó a la Capital paracursar sus estudios universitarios, luego trabajó en establecimientos mixtos deEntre Ríos y Corrientes, y más tarde viajó por el mundo durante algún tiempo.

Ahora,a sus 42 años administra y maneja las 2.000 hectáreas alquiladas porAgropecuaria Tres Hermanos, la firma de “familiares empresarios” de la que essocio gerente, sembrando en un área que forma un cuadrado entre Pehuajó,Bolívar, Daireaux y Trenque Lauquen. Allí hacen trigo y cebada en invierno,algunos cultivos de servicio, y maíz, girasol y soja en el verano, todo conagricultura de precisión desde hace cinco años. Ellos hacen todas las laborescon su maquinaria, excepto la pulverización, y también la logística, concamiones propios.

“Nosotrossomos tres hermanos y le insistimos a mi papá para dedicarnos a la agriculturaporque tenemos campos muy buenos, él al principio se resistía porque esveterinario y viene de una tradición ganadera. Yo estoy en la diaria y tenemosreuniones de socios una vez por mes. Mi cuñado es mi mano derecha en las tareasdel campo, él antes trabajaba para un contratista. En la parte administrativahay una sola persona y yo me ocupo constantemente”, detalla Fernando.

Manejo

Fernandoparticipó desde sus 20 años hasta hace cuatro, de un grupo CREA. Desde hacecinco años, apuesta a la agricultura de precisión y realiza un manejo muyafinado de la producción. Hacen mapas de rendimiento y siembra variable, másque nada en maíz y en girasol. “Trabajamos todo con mapeadores, a lapulverizadora, como no es nuestra, le bajamos toda la información con unpendrive”, cuenta el productor.

Encuanto a nutrición, tanto al nitrógeno como al fósforo (se repone en invierno)lo aplican de forma variable en todos los cultivos. “En nitrógeno tenemosíndices de cantidad de nutriente que necesita el cultivo por tonelada producidaque, para mí, es mucho mas que lo que dice la bibliografía. Tengo ambientes enlos que, si el año viene bien, les tiramos 240 kilos cuando los manuales dicen150”, destaca.

“Gastounos 800.000 mangos en análisis de suelo por campaña, están todos los camposcon altimetría y capacidad de intercambio catiónico, los puntos de los análisisde suelo están georreferenciados, hacemos mapas de compactación, materiaorgánica, nitrógeno, fósforo, zinc, boro, azufre y potasio”, enumera Fernando.

Alos mapas de rendimiento los ajustan cotejándolos con los datos de las balanzasque tienen en todas las tolvas y las planillas. “Este proceso lo hace uningeniero agrónomo pero lo discutimos juntos en base al rinde esperado y contodos los lotes con índices ambientales que dependen de la textura del suelo,porque los mapas de rendimiento no son exactos pero las balanzas sí”, indicaFernando.

Elproceso se hace de atrás para adelante: “Es como que hacemos una regresión ycorregimos lo que dio el mapa en base al dato que dio la balanza para quevuelva a hacer el mapa hacia atrás”, explica. En base a esos datos vandefiniendo los ambientes que tienen delimitados por altimetría y análisis desuelo, y contrasta lo que dio cada uno con lo que esperaban. “Ahí analizamospor qué en un ambiente que fertilizamos para un determinado rendimiento dio máso dio menos, vemos cuáles fueron los motivos, etc.”, dice.

Losnúmeros de la producción

Sise hacen bien las cosas, una cebada en la zona, en años normales, alcanza unrendimiento de entre 4.500 y 5.000 kilos en promedio, y se destina,generalmente, a ambientes más restrictivos. En trigo, los rindes se ubicanentre 5.000 y 5.500 kilos y para maíz entre 9.000 a 12.000 kilos Para la soja,la media ronda los 3.200 kilos pero los Reynolds logran producciones de 3.500 a37.00 kilos en los cultivos de primera con picos de lotes de 6.000 kilos. En lasoja de segunda, los resultados presentan mayor variabilidad pero, en promedio,en esa región, oscilan entre 2.000 y 2.200 kilos.

“Acá se está haciendo mucho maíz tardío y desegunda sobre cebada, que se cosecha a partir del 25 de noviembre y, si losperfiles están bien cargados, permite hacer híbridos de ciclo corto”, explicaFernando. En cambio, los trigos no se recolectan antes del 8 de diciembre yesos días de recuperación de humedad son clave para el cultivo sucesor.

Enla zona, el maíz tardío vienen ganando terreno en lotes de mediano a bajopotencial, con siembras a partir de la última semana de noviembre y la primerade diciembre, apuntando a la estabilidad más que los altos potenciales. “Yo nohago maíz tardío, a mí no me cuadra porque lo terminás cosechando en agosto oseptiembre con toda la rama negra abajo, es complicado que se seque el cultivoy tenés el problema en la comercialización ya que el precio del maíz ahí tecoincide con la cosecha brasilera y te hace puré”, argumentó el productor.

“Yoprefiero sacar menos y tener maíz en marzo con los lotes cosechados y elnegocio medio cerrado. Lo compenso con densidades: si el ambiente esrestrictivo, en lugar de tirar 84.000 a 85.000 semillas como en los ambientesbuenos, voy a 42.000 a 45.000, y también le bajo el nitrógeno, obviamente”,detalla .

Afortunadamente,la sequía no castigó a los campos de esa región. Por el contrario, Fernandotuvo que dar de baja a algunos lotes que iban a fina en el invierno porqueestaban inundados desde el otoño. Las lluvias acompañaron hasta que hicieron unimpasse en octubre y noviembre pero las reservas hídricas eran buenas. Así, en2022, los Reynolds tuvieron rindes de 3.900 kilos en cebada y 5.000 kilos detrigo, en promedio, algo imposible en las áreas afectadas por el déficithídrico y las heladas de 2022.

Hoyno tiene maíces de menos de 9.500 kilos, según sostiene. “Ahí es donde yodisiento con muchos colegas que sembraron maíz tardío y tienen todavía todo elpartido por delante, los míos ya están, las lomas yo ya sé que no me van a dar9.500 kilos pero yo prefiero cerrar la primera semana de enero cuando lo únicoque falta es el peso de 1.000 para definir el rinde, y no tener que esperar afebrero que todavía seguís cortando clavos. Pero bueno, son estrategias…”,explica.

Lasoja de segunda estuvo un poco más exigida, “la sembré sobre lo seco, dejé lasemilla bastante arriba a propósito”, señala el productor.

Utopía

Fernandohace un planteo con sello propio basado en mediciones, datos transformados eninformación, análisis y visión de negocio, y sus resultados son muy buenos.Pero siempre apunta a más. “Mi idea general es que yo tengo que producir en2.000 hectáreas lo que un productor promedio hace en 4.000, ese es mi objetivo,es una utopía”, sostiene.

“Sivos tenés un montón de gastos fijos para hacer una hectárea, ya sea en un campobueno o en uno malo, independientemente del resultado, entonces lo que tenésque hacer es aumentar el resultado, lo que hay que ver no es el rinde porhectárea sino el costo por tonelada producida, esa es la discusión que tengocon todo el mundo, no hay que medir por unidad de superficie sino porproducido”, afirma. “Yo ahí tengo una visión mucho más económica queagronómica, más empresaria que agropecuaria”, dice.

“Lamentablementehay muchas variables que no dependen de mí, y empiezan a ser limitantes,recursos que no tienen que ver con el dinero ni la tecnología ni el manejo,como la temperatura, la humedad, las lluvias, ese límite te lo pone lanaturaleza”, concluye.

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