Ariel Fernando García habla conun periodista ruso. Gesticula. Se pasea por los pasillos. Cuenta historias.Hace comparaciones de personajes argentinos con realezas europeas. Elempresario compró -junto a sus dos hermanos Diego y Damián- el mítico chalet deDevoto que Diego Maradonale regaló a sus padres cuando Boca compró su pase en 1981.
Dieguito cumplió en eseentonces el sueño de toda su vida: regalarle un techo a Doña Tota y a DonDiego. Hoy, cientos de argentinos cumplen el suyo: ver el partido de la finaldel Mundo en el mismo lugar donde vivió el Pelusa. En la histórica casa de JoséLuis Cantilo.
“Me enteré que la iban atirar abajo. Le pedí el teléfono a un amigo de Adrián Mercado y le dije ‘meestás jodiendo, no la pueden tirar abajo’. Le pedí una plata prestada a unamigo y la señé al otro día”, le cuenta a este cronista el empresario de47 años. La decisión fue un impulso. Quería conservar este lugar y entregárseloa la gente.
A partir del segundo partido deArgentina, contra México, Ariel puso a disposición la casa para que los vecinosde Devoto vivan una experiencia sin igual. Ver los partidos de la Selección enla casa de Diego con asado, bebida y pileta. Todo gratis. “Eso sí. Acáalcohol no se toma”, insiste el empresario que donó 270 kilos de asado.
Durante el recorrido por losdos pisos de esta casa de ladrillos que no oculta el paso de los años se puedenver banderas celestes y blancas por doquier, cuadros de Doña Tota, insignias dela Iglesia Maradoniana, réplicas de la Copa del Mundo y posters de Dieguito.
Dos horas antes de que empieceel partido la carne ya estaba en la parrilla y las tres pantallas gigantestransmitían la previa del encuentro. La gente copó el lugar. Todos tenían suasiento. El clima de fiesta dominó la escena.
“Cuando compre estoencontré cajas con fotos. Y mucho material”, cuenta Ariel que quiere haceralgo sin fines de lucro con este mítico hogar. Busca alguna idea en su cabeza,pero no lo tiene definido. “Está casa es la casa de la gente. Esto es paraque lo vean todos. No sé bien que voy a hacer “.
Ariel no quería que tiren abajola casa. Se enteró que la iban a demoler y por eso la compro. Paga todos losasados de su bolsillo. El agua también. No quiere que haya alcohol. Ni barras.Ariel y sus amigos controlan todo. “Hay que disfrutar con cuidado”,afirma.
En un análisis mundialista elanfitrión se sincera: “Con Diego también era todo sufrimiento. A esteMundial lo veo muy parecido al del 86. Me sorprenden las nuevas generacionesque no lo vieron jugar y lo quieren tanto”. “Hoy vamos a salircampeones del mundo. Olvídate. Lo tenemos a Diego ayudando desde arriba”,dice con el ademán de mirar al cielo desde la habitación donde Maradona dormía.Por estas paredes la energía es distinta.
Grisel Álvarez es vecina deDevoto. Durante años la propiedad estuvo cerrada y la gente del barrio apenaspodía hablar con algún guardia con cara de pocos amigos. Pero cuando se enteróque podía ver los partidos de la Selección desde este lugar no lo dudo.
“Contra Croacia vino mihermano con mi mamá y mi hijo. Y quedaron muy a gusto por la generosidad de lagente. Y hoy quisimos repetir”, le cuentaa este cronista mientras le ofrece pastafrola.
“Uno siente que hay buenambiente y clima. No hay alcohol, ni violencia Mi mamá me mandaba videos y a míme daba miedo de que ante un gol se descontrole todo. Pero nunca pasónada”.
El primer gol de Messi, depenal, hizo estallar a los habitantes de este Fan Fest paralelo. Pero fue ungrito de desahogo para aflojar la tensión de la semana. Todavía faltaba muchotiempo por recorrer.
En cambio, el segundo gol, elde Di María, se gritó con alma y vida. Gente en la pileta. Abrazos entredesconocidos. Y un grito al unísono: “Volveremos volveremos. Volveremosotra vez. Volveremos a ser campeones, cómo en el 86”, se comenzó a cantara coro.
Camila Micaela Broder (21) esde Entre Ríos, Paraná, El Palenque. Está trabajando en Buenos Aires. Es modelode la Agencia Susana Scalvinoni. Vino a vivir el Mundial junto a JulianaGonzález (20) en la casa de Diego Maradona. “No fui a Qatar, pero acáestoy. Creo que es mejor. Nos recorrimos la casa y es inexplicable. La energía.Llegué el viernes de Entre Ríos y nunca pensé estar acá. Es increíble recorrerlos pasillos. Lo mismo que veía por la tele. Pero vivirlo es distinto. No lopuedo creer. Mi familia no lo puede creer tampoco”, dice.
Los bombos, las banderas, losbanderines, las cornetas y las vuvuzelas vuelven a adueñarse del ambienteceleste y blanco en la casa de Diego Maradona. El inicio del segundo tiempocaptó la atención de los afortunados.Apenas 45 minutos los separaban de una Copa del Mundo.
Por cada despeje del Dibu, porcada cabezazo de Otamendi, por cada avance del Fideo y por cada gambeta deMessi esquivando rivales azules estos hinchas fervorosos rompieron sus manoscon aplausos. Los más grandes estaban contentos porque iba a ser su segundoMundial. Los más chicos estaban atónitos porque por fin verían a su Selecciónlevantar la Copa del Mundo en vivo y desde el mismo patio de césped sintéticodónde Diego Maradona descansaba junto a su familia antes de mudarse al famosopiso de Segurola y La Habana.
La ráfaga de goles de Francia,que en dos minutos igualó el encuentro faltando diez para el final, fue unainyección al canto de los hinchas que, lejos de amilanarse, comenzaron a gritarmás fuerte que antes. “Siempre hay que sufrir. La puta madre”, gritó unhincha con la camiseta que usó Maradona en Italia 90. Razón no le faltó.
47 millones de personas estabanaturdidas y ansiosas mirando el alargue. Fue un gol para cada uno y una atajadamonumental del Dibu Martinez que se gritó como un gol sobre el final delpartido. En la mítica casa de Villa Devoto se le rezó a Diego Maradona durantela tanda de penales.
Los vecinos se juntaron paracelebrar el campeonato mundial en la casa donde vivió el Diez.
El zócalo de la TelevisiónPública anunció “¡ARGENTINA CAMPEÓN!”. Y la gente explotó. Con bombosy platillos los desconocidos se abrazaron, las parejas se besaron y los padrescompartieron con sus hijos, con risas y llantos, un recuerdo que quedará parasiempre en su memoria.
Gritos. Espuma. Alegría. Sefestejó el triunfo y se cantó el himno. También se hizo un pogo eterno queterminó con todos en la pileta. Se cantó por el equipo y se acordaron de losingleses. Y después, durante horas se repitió el mismo estribillo una y otravez. Ese que eriza la piel de más de uno y hace lagrimear hasta al más duro:”Y al Diego, desde el cielo lo podemos ver. Con Don Diego y con la Torta,alentándolo a Lionel”.
Los incidentes en la casa deDiego
Después de que la Argentinalograra el campeonato del Mundo, se vivieron algunos incidentes afuera de lacasa de Maradona. Las cámaras de América TV mostraron la imagen de un hombreensangrentado producto de un intento de robo. Si bien en la casa del Diez nohabía alcohol, con el correr de las horas se acercaron algunos hinchas pasadosde copas que provocaron problemas pero según le contó Ariel Fernando García aClarín, la situación no pasó a mayores.
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