22 feb 2026
CLARíN

Las muertes inesperadas: eran jóvenes y estaban sanos, pero se toparon con un Covid fulminante (casos de Concordia)

Las muertes inesperadas: eran jóvenes y estaban sanos, pero se toparon con un Covid fulminante (casos de Concordia)

Los casos de lashermanas de Concordia, un rugbier platense y una periodista de 23 años lesponen rostros a las estadísticas más duras de la segunda ola.

La Organización Panamericana de la Salud dice que losmenores de 50 años son cada vez más una amenaza de contagio y muerte decoronavirus. “Entre diciembre de 2020 y marzo de 2021, las tasas demortalidad entre menores de 39 años se duplicaron en Brasil y se cuadruplicaronpara las personas de entre 40 y 50 años”, puntualizó la OPS hace algunassemanas.

La segunda ola que golpea a la Argentina parece ampliar elrango etario y sacudir a los menores de 50 años, como sucedió en Brasil, dondela variante de Manaos, detectada a fines del año pasado, es señalada comoresponsable del cambio demográfico.

“Estamos en presencia de cepas más agresivas einfectantes, pero también existe una falta de conciencia de la gente, ciertadesidia e ignorancia, además de una notoria falta de vacunas”, enumeraEleonora Cunto, jefa de terapia intensiva del Hospital Muñiz.

Neumonólogo del Hospital Pirovano, Martín Masdeu asegura que”las variantes de Manaos y la sudafricana son más virulentas, mucho mástransmisibles y con patologías pulmonares en una franja etaria mucho más jovenque lo que se veía el año pasado. Hoy somos testigos de la internación de depersonas sin comorbilidades, que no son adultos mayores, que padecen neumoníabilateral, lo que pone en riesgo sus vidas. Podría estimar que en el últimomes, entre el 60 y 70 por ciento de los internados son personas entre 30 y 50años”.

Invencible en lacancha

Como dijo el neumonólogo Masdeu, en el último mes, ennuestro país, hubo numerosas muertes de gente joven, de entre 20 y 50 años, sinenfermedades prevalentes. Como el caso de Joel Rutigliano, de 35 años, jugadorde rugby del Berisso Rugby Club, que murió el 26 de abril, después dediecinueve días internado en el Hospital Rossi de La Plata.

“El Gordo se fue de manera imprevista y dejó un espaciovacío imposible de llenar. Se me fue un hermano”, describe con dolorNicolás Santilli (28), compañero dentro y amigazo fuera de la cancha.

Todavía devastado por “la inesperada partida”,Santilli no puede creer que Joel esté muerto. “Un pibe que jugaba al rugbydesde los ocho años, pero también hacía tenis dos veces por semana, un pibesúper activo… Era un recio para jugar, vehemente, trababa con la cabeza siera necesario. Fuera de la cancha era un pan de Dios, un pibe cálido, entrador,con una capacidad para caer bien que no la había visto con nadie. Y de esaclase de personas que jamás te iba a generar preocupación, aún sintiéndose mal.Y el Gordo se la bancó hasta el final sin una queja, estoy seguro, me loimagino”.

A Gastón Fernández, quien fue capitán de Rutigliano en elBerisso Rugby Club, no le entra en la cabeza que “Joel ya no esté entrenosotros, sabiendo que era un hooker impasable y él en la cancha parecía unpibe invencible… Su muerte fue baldazo helado, porque sabíamos que lo estabatransitando relativamente bien el Covid, se encontraba estable, hasta que unvirus intrahospitalario generó fallas multiorgánicas y partió… Se fue untipazo, un hacedor de grupos”.

Nicolás y Gastón sienten una orfandad inexplicable. “ElGordo nos había prometido un viaje a los Esteros del Iberá, con su camionetanueva, que había comprado hace poco y estaba súper entusiasmado esperando quese aflojaran las restricciones. Qué locura, qué sensación de incertidumbre,pero hay que mirar para adelante, Joel no hubiera querido que estuviéramos así,sumidos en la tristeza; seguramente él debe estar sonriendo donde quiera queesté”.

Perder a dos hermanas

Freddy Güida se disculpa una y otra vez. Le cuesta mantenerel hilo de la conversación sin quebrarse. En una semana, el joven entrerrianode 26 años perdió a sus dos hermanas, Aldana (21) y Marina (29) -que realizabanla carrera de Biología- lo que conmocionó a la ciudad de Concordia. “Estremendo lo que nos pasó a toda la familia, caímos todos contagiados, unalocura. Y a mi mamá le acaban de dar el alta del mismo hospital donde murieronsus hijas. Terrorífico”.

Contenido, de procesión interna, Freddy dice que seencuentra como un “zombie que camina por la calle en estado de sopor,extraviado y sin entender lo que está pasando”. Asegura que ya se le pasóel miedo, “hoy tengo bronca, siento que este maldito virus me sacó casitodo, así que hasta el día de hoy no me senté a pensar en si corro algún riesgode salud, sólo me senté a llorar a mis hermanas, que tanto amo y ni siquierapude despedirlas”.

Más compinche de Aldana, con quien tenía diálogos máspersonales, Freddy recuerda que “cuando la ambulancia se llevó a Aldanaentendimos que volvería al rato, medicada, no sé, nunca supusimos que esa nocheen la que se fue caminando por la puerta de mi casa sería la última vez que laveríamos. Y mucho menos que se descompensaría y al otro día laentubarían”. Cuando días después la internaron a Marina, su hermana yahabía fallecido y eso lo habría “liquidado anímicamente”.

A diferencia de Aldana, Marina respondía mensajes desde suteléfono. Hasta llevó tranquilidad a su papá José: “Estoy bien, no tepreocupes”. También con su hermano Freddy mantuvo un ida y vuelta que, conlos días, empezó a ser más esporádico debido a que su salud flaqueaba.”Creo que la muerte de Aldana repercutió emocionalmente en Marina, queestaba muy pero muy asustada. ?Yo le escribía y ya no me respondía, le pedí porfavor que no me dejara solo y sé que lo leyó”, rompe en llanto.

Aldana, la menor, convivía con su novio, mientras queMarina, con dos hijos, estaba separada y vivía con sus padres y su abuela de 90años, a quien cuidaba. “Ninguna tenía enfermedades preexistentes, no entiendoqué pasó con ellas, no sé si estaban tan graves o el hospital (ConcepciónMasvernat de Concordia) no estaba preparado. Pero Aldana fue internada el 30 deabril, murió el 3 de mayo y no la pude despedir. Y a Marina la internamos elviernes 7 y murió cuatro días después por una neumonía bilateral. Entré aterapia, la vi intubada, me acerqué y le dije que íbamos a cuidar a sushijos”, recuerda abatido José Güida (59), el padre de las chicas.

Se lo escucha apurado a don José, que pese a su edad siguetrabajando de guardavidas. “Estoy haciéndome cargo de todo, de mi cuñada,de mi esposa y de mis nietos Andrés (11) y Mía (6), que me pregunta por su mamátodo el tiempo… Pero también me tengo que cuidar yo, que hace una semana queno como ni duermo. Gracias a Dios, Mariela mi mujer está de vuelta en casa. Yosoy muy religioso, pero no entiendo cómo Dios se ensañó tanto”, descargaJosé, quien creer estar inmerso “en una película de terror”.

La sonrisa que seapagó

La sonrisa es lo primero que a Belén (19) se le viene a lamente para pensar en su hermana Sol Casella. Y dice “la sonrisa” conla mayor tristeza del mundo, ya que Sol murió el viernes 14 de mayo, a los 23años, en la clínica Sagrado Corazón, generando consternación en el personalmédico que la atendió. “Uno de los clínicos que estuvo siempre al lado deSol se puso a llorar desconsolado y recibimos un mensaje en nombre del cuerpomédico, que no podía explicar ni entender qué había pasado”, comparteBelén, hermana de Sol, a la 1 de la madrugada de este martes.

Entre desvelada e insomne, Belén cuenta que “se diotodo muy rápido, fulminante, para alguien súper sana como Sol, que el 18 deabril dio positivo y el 22 ya se encontraba internada en una sala normal. Peroevidentemente no podían oxigenarle los pulmones y el 1° de mayo la trasladarona terapia intensiva. No respondía a la medicación y un médico advirtiendo queSol estaba muy caída anímicamente, convencida de que no saldría de esasituación, permitió que mi mamá pudiera verla, entubada, lo que fue un shock”.

Sol estudiaba periodismo en la Universidad de Lomas deZamora, le faltaban cuatro materias para recibirse y colaboraba con notas deactualidad en la Agencia AUNO y en el portal Política del Sur. “Escribíadesde chica, nos hacía a mi mamá y a mi hermana y a mí unas cartas afectuosas,con descripciones muy profundas. Se le fue soltando la muñeca y empezó aescribir de todo, desde cuestiones políticas, pasando por temas de feminismohasta de coronavirus. Estaba feliz con su oficio”.

Le cuesta hablar en pasado a Belén, que lo advierte pero nocorrige. “Este domingo cumpliría 24 años. No puedo creer que no esté acácon nosotros, no puede ser que una mujer increíble como ella se nos hayaesfumado”. Querida en la facultad, en el colegio Inmaculada Concepción porprofesores y ex compañeros, en el trabajo y muy amada por Lautaro, su amordesde hace ocho años, “que hoy está tan destruido como nosotros”.

En los tres casos, los amigos y familiares hablan de”algo impensado por la edad”, “incomprensible por no tenerpatologías preexistentes” y “lo fulminante del ataque delvirus”. Como mencionan los neumonólogos Cunto y Masdeu, “estamos enpresencia de variantes más dañinas, que no distinguen edades”. Y unaadvertencia de la doctora Cunto, del Muñiz: “No dejen que la enfermedadavance para hacerse controles médicos, que no pasen más de siete días…Estamos notando que muchos pacientes ya llegan graves”.

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