Seestima que, para el 2023, más de la mitad del PBI mundial provendrá de empresasdigitalmente transformadas y que aquellas empresas que no se preparen para estefuturo perderán la mitad de las oportunidades de negocios en su principalsector de mercado.
Más allá de lo sanitario, el contexto que estamos viviendoestá generando cambios en todos los niveles sociales del mundo entero y, sibien ya estamos notando algunos, sólo representan el extremo visible deliceberg.
La nueva normalidad recién empieza y los cambios serán máscontundentes en la medida que pase el tiempo.
Tenemos dos formas de tomar estasituación: ver el vaso medio vacío y dejar que fluya, o bien aprovechar laoportunidad de subirnos al tren de cambios para lograr un futuro próspero ennuestro país, utilizando el ingenio y el talento que tanto nos caracteriza comoargentinos.
En lo personal, dirijo una pyme dedicada al desarrollo desoftware desde 2009, y en muchas oportunidades he podido presenciar eldiferencial que tiene el talento argentino, la destreza y el ingenio para resolverproblemas de tecnología, con pocos recursos y de formas muy eficientes.
Finalmente tenemos la combinación perfecta entre una creciente demanda deempleo en el sector del conocimiento y un diferencial en el talento de nuestragente.
Pero el contexto sin acción no alcanza, y es necesario tomar medidas enel asunto.
La Ley de la Economía del Conocimiento es la herramienta querequiere el sector para poder aprovechar esta ventaja. El desafío no está encómo o a quién venderle, sino en cómo nos adaptamos rápidamente a las nuevasreglas de juego.
Esta ley puede aportar el marco necesario para desarrollar enprofundidad nuevos polos tecnológicos, facilitar el acceso a la creación de empresasde tecnología, promover las exportaciones y profundizar la articulación con elsector universitario.
Como si fuera poco, es un medio de generar oportunidadesde trabajo para los jóvenes que están próximos a ingresar al mercadolaboral.
Si bien los argentinos contamos con una ventaja, todos lospaíses del mundo tienen, en menor o mayor medida, una demanda creciente de manode obra tecnológica.
Un ejemplo es el de los Estados Unidos, donde durante el2019 quedaron vacantes 7 millones de puestos.
En la Argentina, en cambio,discutimos todos los días sobre la pobreza y la desocupación. Creo que debemosdejar de mirarnos el ombligo y empezar a planear seriamente nuestro futuro paraaprovechar el cambio que se está dando.
Por otra parte, la globalización y la virtualidadnos permiten trabajar desde y para cualquier parte del mundo. Aquí aparece otrotema no menor: cómo vamos a cuidar esos polos tecnológicos, nuestras empresasde tecnología, las exportaciones, y cómo vamos a evitar que la materia grisargentina se fugue al exterior.
La figura de la Ley del Teletrabajo posee estaresponsabilidad, pero propone una rigidez en el esquema de implementación queno es sostenible.
Existen tantas modalidades, medios y formatos que esimposible que una ley de estas características pueda controlar la situación y,de continuar como está planteada, terminará generando el efecto contrario:nadie querrá utilizar esta modalidad en los términos propuestos.
Por ejemplo:un chico de 20 años hoy tiene la posibilidad de trabajar desde la casa para elextranjero, cobrar a través de una billetera virtual, y no estaría alcanzadopor esta ley.
Pero al mismo tiempo es un talento que el país pierde. Perdemostodos: el chico sin previsión social, los empresarios con un talento menos y elEstado que no recauda impuestos.
Es un modelo lost-lost que no le conviene anadie. Para ponerlo en términos cotidianos, es similar a vender la materiaprima sin procesar. Estamos perdiendo de ganar por el valor agregado quepodemos brindar, que sabemos cómo hacerlo, tenemos los recursos, pero nos faltamejorar las condiciones.
La ley del teletrabajo tal como está propuesta ahorahace menos atractivo el modelo, y mucho talento puede cambiar su modalidad detrabajo para ofrecer este servicio de forma directa al exterior, perjudicandofuertemente la industria del conocimiento nacional.
Estamos atiempo y confío en que nuestros dirigentes tomarán una decisión sabia antes deque sea tarde, y corramos la oportunidad desde atrás.
(*) Por Mirco Bombieri, fundador y director general en Bombieri Software y presidente de la Cámara dela Industria del Software de Concepción del Uruguay, Entre Ríos
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.