22 feb 2026
CLARíN

La ilusión de todo un pueblo antes del partido con River (Defensores de Pronunciamiento)

La ilusión de todo un pueblo antes del partido con River (Defensores de Pronunciamiento)

Así sevive la previa del encuentro entre el los de Gallardo y Defensores dePronunciamiento. Recuerdos del fútbol infantil, historias de sacrificio yemoción total: “El resultado no importa. Ellos son ganadores desde cuandosalieron desde acá”, dicen en la localidad de 2500 habitantes.

Todas lasmamás como Marisol deberían vivir lo que está viviendo hoy: su hijo, KevinTournour, defensor de Defensores de Pronunciamiento, del Torneo Argentino A,está a horas de entrar a la cancha de Banfield, para enfrentar a River. Elladice que cuando prenda la tele y lo vea, va a recordar muchas cosas. Algunas deesas cosas son el primer día que lo llevó a fútbol, con 4 años. O la tarde quelo acompañó a probarse a Independiente. O la plata que le regaló de su sueldocomo empleada municipal para que pudiera comprarse los botines Nike que usaráesta noche.

“Unalástima no poder ir a alentarlo”, dice Marisol en tono de lamento. Pero se lepasa rápido. Alejandro es la pareja de Marisol, y empleador de Kevin, queatiende un kiosco. “El resultado no importa. Ellos son ganadores desde cuandosalieron desde acá. Una pena que siendo un pueblo podríamos haber ido todos aun estadio así y estar con la distancia social correspondiente”, opina.

Ayer aprimera hora de la mañana el plantel subió al micro y fue acompañado hasta laruta por hinchas, familiares, directivos y hasta los bomberos. Pronunciamientoes un pueblo de 2500 habitantes. Futbolísticamente hablando, hoy es el día másimportante de su historia. Y se nota: hay camisetas en los frentes de loslocales, banderas en las fachadas de las casas y generaciones de abuelos, hijosy nietos vestidos de azul y rojo, a la espera del partido.

Tobías eshermano de Kevin. Él estaba en el plantel cuando hace un poco más de un año elfixture, o el destino, o qué, quiso que a Pronunciamiento le tocara River derival. Se iba a jugar en Salta y los hinchas y familiares tenían todo listopara viajar. Había cinco colectivos, algunas camionetas y un par de autospreparados. “Tres cuarto de pueblo iba a viajar”, calcula Luis Sandoval, exintendente del pueblo y ex presidente del club. Pero la pandemia pospuso elencuentro. Tobías abandonó el fútbol hace tres meses. Prefirió dedicarse delleno a la albañilería, sin saber que el partido de sus sueños se reprogramaríatan rápido. Se lo pierde. Aunque tiene un consuelo suficiente: “Con que mihermano lo disfrute, a mi me alcanza. Toda la vida voy a recordar la alegríadel día que nos enteramos que nos había tocado con River. Piel de gallina…”.

De laotra vereda, después de pasar el Renault 6 estacionado de Alejandro, viven losLarroza. Graciela y Roberto son los padres de Lucas, otro jugador del equipo.Sus ojos hablan solos. Una mezcla de orgullo, de felicidad, y de todo eso juntoque sienten los padres por un hijo que cumple un sueño. Roberto se emociona alrecordar el día del fixture de la Copa Argentina. Su papá, o sea el abuelo deLucas, que ya no está, le había dicho que les iba a tocar con River o con Boca.Y ese día, él entró a su casa, encendió la tele, y cuando salió el sobre deRiver, el corazón le latió. Pero al ver el escudo del Depro, como le dicen alequipo, se largó a llorar. Estaba solo. “Nosotros siempre estuvimos con Lucas ynuestro otro hijo, que jugó hasta hace poco”, cuenta. “Por ahí le toque estaren el banco de suplentes, pero yo le dije que lo disfrute. Y si pierden, no esnada. El resultado es decorativo para todo el pueblo. Lo única esperanza es queRiver tenga un partido malísimo y nosotros el mejor de nuestra historia…”.

Gracielacomienza a hablar pero se queda muda: en el televisor aparece la publicidad delpartido. Lo que está pasando en el pueblo se parece a un cuento de AlejandroDolina o Eduardo Sacheri. Ahora sí, Graciela sigue. Dice que hoy le mandó unmensaje a su hijo, pero que intenta molestarlo lo menos posible. “Es de pocaspalabras. Pero yo feliz de verlo disfrutar del hotel, de caminar por PuertoMadero, el Obelisco. Ayer en la despedida que le hicimos me largué a llorar. Éles duro. Pero sus ojitos lo decían todo. Está en un sueño. Y a los partidos hayque jugarlos”.

Priscilamuestra recortes de diarios locales. En las fotos, su pareja aparece jugando unpartido contra Talleres de Córdoba, por otra Copa Argentina, y festejando untorneo provincial. Pero hoy es un día tan distinto al resto de sus vidas. Hastarecibió a su mamá y a su hermana. Viajaron desde Concordia para acompañarladurante el partido. Como no quieren cocinar, van a hacer una picada. AlejandroRizzo, el cinco del equipo, es su marido y padre de sus dos hijas. Priscilacuenta que lo notó nervioso en los últimos días. Que le costaba dormir, quehablaba poco, que comía menos. Y que le dijo: “disfrutá la experiencia, que vaa ser única. El resultado es secundario. Jugar un partido así ya es un premiopara vos y los muchachos”.

En estassemanas, cada vez que salían juntos a hacer las compras, todos los comentariostenían que ver con lo mismo. “Le tienen que ganar a River”, le pedían.Alejandro respondía “¿no será mucho lo que piden?”. Durante la pandemia,Priscila vio a Alejandro haciendo circuitos en el patio de su casa. Lo viocorrer vueltas y vueltas sin poder salir de su casa. Y en estos días es como silo volviera a ver trabajando de ambulanciero, o cobrando solo los viáticos parajugar al fútbol. “La vida de ellos no es fácil. Por eso, para nosotrasAlejandro y sus compañeros son tan o más grandes que los jugadores de River”,jura.

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