Desde que comenzó la toma en el campo de los Etchevehere,que el jueves terminó con el desalojo ordenado por la Justicia, la inquietudpolítica medular del conflicto fue el grado de apoyo del Gobierno nacional aJuan Grabois, en quien Dolores Etchevehere delegó la defensa, más mediática quelegal, de su reclamo familiar.
Tras el fallo contundente de la jueza María CarolinaCastagno, que ratificó el reclamo de la madre de Dolores y sus hermanos comolegítimos poseedores de la propiedad privada en disputa, el dirigente socialafín al Papa Francisco y al oficialismo kirchnerista vinculó esa “derrota”judicial con cambios en las actitudes de dirigentes.
Grabois acusó explícitamente al presidente Alberto Fernándezde “ceder ante el poder fáctico”, como si la decisión no hubiera sido judicialsino de otro tipo de influencias.
Lejos de ofenderse, horas después el Presidente respaldó aGrabois. “La idea base de buscar tierras fueras de los centros urbanos para quela gente se asiente y los explote, es una idea a tener en cuenta; no esdescabellada. Es para volver a recuperar la habitabilidad del campo”,dijo.
Y aunque volvió a defender la propiedad privada, el apreciohacia Grabois no tuvo correlato con los Etchevehere que durante 14 días, segúndeterminó la Justicia, fueron usurpados.
Es extraño que un abogado priorice “leyes naturales”,invocando criterios divinos sobre el derecho positivo, que no es más que lasnormas que una sociedad establece para regular la convivencia. Grabois lo hizopara justificar la intromisión en tierras ajenas. Y otro abogado, elPresidente, respaldó su “aventura”, según consideró Leonor de Etchevehere desdesus lúcidos 82 años.
En elocuente apoyo a Grabois, el Presidente aseguró que”la producción de cultivos como la soja desempleó cada vez más gente enlos campos y generó hacinamiento en zonas urbanas”. En ese sentido, generóinquietud -en el sector agropecuario y entre quienes lo valoran como pilar dela economía- que se ponga otra vez a la oleaginosa, desde un mensajepresidencial, como causante de problemas, en vez de ser considerada parte de lasolución, particularmente ahora que cotiza alrededor de los 400 dólares a nivelinternacional.
No parecen pensar lo mismo, por ejemplo, Martín Guzmán, elministro de Economía que está tratando de domar al dólar, y el canciller FelipeSolá, quien impulsó las conversaciones con el Consejo Agroindustrial Argentino(CAA). Ambos ministros han tratado de tender puentes desde hace meses,conscientes no sólo del aporte clave en divisas sino también por la confianzaque puede generar en los mercados el potencial económico del campo argentino,si no se le ponen “palos en la rueda” a su dinámica productiva.
Cómo seguirá la relación campo-Gobierno
Con todo, la pregunta clave hacia adelante es cómo seguirála relación del Gobierno con el campo. Hay indicios para cierto optimismo, peseal fuerte enojo que generó la usurpación entre los productores agropecuarios.
Fue inteligente de parte de la Mesa de Enlace y de otrasentidades agropecuarias, como las 4 cadenas de cultivos principales, defenderlas leyes y la propiedad privada con firmeza pero sin entrar en confrontacionessociales. En un comunicado conjunto, los presidentes de CRA, FederaciónAgraria, Coninagro y Sociedad Rural, incluso contemplaron, en línea con laopinión del Presidente, que debe promoverse el desarrollo rural, con fomentodel arraigo en el Interior del país.
Ese es uno de los ejes de la Estrategia que el CAA retomaráel miércoles próximo con el gabinete económico del Gobierno, en el intento deavanzar en consensos de políticas que promuevan la producción y lasexportaciones.
Se busca que ese plan sea sostenido por una ley, con reglasclaras y estables durante 10 años. Suena utópico, en medio de las discusionesde los últimos días. Pero desde la agroindustria siguen apostando al diálogocon el Gobierno convencidos de que es posible y beneficioso para todos, singrietas.
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