El 20 de diciembre, al
promediar la calurosa tarde, muere Jorge Busti, el Chino, un amigo, un
compañero, una buena persona. Ejemplo de justicialista. Líder indiscutido del peronismo entrerriano durante
décadas, jefe de jefes, fundador, organizador y mentor intelectual de
la Renovación Peronista en la provincia, brillante gobernador durante tres
periodos, dos veces intendente de su ciudad natal, Concordia, diputado y
senador nacional, presidente de la Convención Constituyente y de la Cámara de
Diputados provincial, militante, escritor y combatiente contra la injusticia
social, sosegó su palabra y nos dejó a todos el silencio.
Me recuerdo en esta hora de tantas cosas, de cuando te
conocí en Córdoba, a fines de la década del 60, en el frente de lucha contra la
dictadura militar. Te sumaste al Integralismo, la principal fuerza estudiantil
en Córdoba, un movimiento universitario originado en el cristianismo que yo
presidia, que expresaba los síntomas más claros de lo que sería la “peronización”
de las clases medias.
Participamos juntos en el
Cordobazo, el mayor hecho de combatividad de masas de la historia argentina y
latinoamericana, donde la dictadura del
general Onganía quedó herida de muerte y se desmanteló el programa económico-social
neoliberal y las pretensiones autoritarias, abriendo el camino para el retorno
a la democracia en 1973.
Luego del Cordobazo,
formamos la Juventud Revolucionaria Peronista, donde además de “El Chino” y yo, militaban
Juan Luís “el Gordo”
Puchulu, Hernán “el Vasco” Orduna y los recordados compañeros Víctor
“el Buró” Lorenzo, asesinado el día del golpe del 76 y José Antonio
“el Negro” Brizuela, detenido-desaparecido en los meses posteriores
al golpe.
En 1973, con el triunfo
del peronismo, ocupamos cargos en el gobierno de Ricardo Obregón Cano, Jorge
fue funcionario en el Consejo Deliberante de Córdoba junto a José Manuel De la
Sota, y yo fui electo diputado provincial. Con el golpe de 1976, la represión
en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Busti se
había ido a Concordia donde fue detenido. Este proceso desembocó en una
sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una
guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente endeudado,
empobrecido y quebrado, entre otras cosas.
Con la vuelta de la
democracia en 1983, me recuentro nuevamente con Jorge. Él era aspirante a
intendente por la ciudad Concordia y querría renunciar a la candidatura por una
discusión de principios. Por pedido del Augusto “el Choclo” Alasino me tocó
convencerlo de que se debía a los compañeros que lo había impulsado a ese
lugar. Por suerte recapacitó. Con el inesperado triunfo de la UCR, en
la nación y en la provincia, Busti, que ganó en Concordia, quedó a cargo de un
bastión político fundamental para su proyección futura.
En 1987, Jorge me llamó
para que lo acompañara en la campaña por la gobernación de la provincia. Aunque
íbamos de “puntos”, Busti se impuso primero en una interna a Carlos Vairetti
que expresaba a los sectores más conservadores de PJ. Después, resultó electo
gobernador al arrebatarle al radicalismo la continuidad en la Casa Gris para la
que postuló a Ricardo Emilio Lafferriere.
Con el triunfo, Busti
renovó totalmente el peronismo provincial. En el gobierno, conformó un gabinete
de dirigentes jóvenes en puestos claves, muchos de ellos menores de 40 años, y varios
de los cuales habían sido presos políticos durante el terrorismo de Estado. Siempre
con la convicción de que la acción política peronista se ejerce con el pueblo y
para el pueblo.
Tras cumplir su mandato
de cuatro años y sin la posibilidad legal de reelección, volvió a ganar la
intendencia de Concordia. A fines de 1993 me convocó para que lo acompañara a
la intervención federal a cargo de nuestro viejo compañero cordobés Juan “el Gringo” Schiaretti. En menos de
dos años, se ordenó la provincia, se abonó los sueldos estatales en tiempo y
forma, y se la dejó sin déficit fiscal.
En 1995, y luego de
haberse desempeñado como convencional constituyente en la reforma de la
Constitución Nacional de 1994, volvió a ser gobernador, sin necesidad
de reelección e inició su segundo
mandato, que lo ejerció sin coerciones por el puro ascendiente
de una indiscutible autoridad moral y política. Tras la derrota del menemismo, entre 1999 y 2003, se
desempeñó primero como diputado nacional y luego como senador nacional.
En 2003, luego de la
crisis que se llevó puesta a la Alianza, Busti fue electo por tercera vez como
gobernador. Tras nombrar a Sergio Urribarri como sucesor, Busti pasó en 2007 a
ser diputado provincial, presidiendo la Cámara baja provincial. En 2008
presidió la convención reformadora de la Constitución de Entre Ríos.
Tras la pelea con Sergio
Urribarri por el conflicto del campo, Busti armó su propio partido, el Frente
Entrerriano Federal. Clarividente, su acabó por ser la voz misma
del interior federal profundo. En
2019, firmaría su reconciliación con el PJ al sumarse, desde su peronista FEF,
al Frente de Todos. Desde entonces, fue un fuerte aliado del gobernador Gustavo
Bordet y en esa condición aportó para el último turno electoral en las
elecciones de medio término.
Jorge: Fuiste la expresión misma de la conciencia entrerriana.
Pusiste pasión y fuerza en tus ideas. Y las situaste en la defensa de los más
humildes. Importa señalar que este empeño no se fundió jamás en las grieta del
odio.
Compañero Jefe: Llegaste entero al final de tu jornada.
Con claridad intelectual y voluntad política. Tu ultimo aporte, el libro “Francisco
Ramírez: 200 años de Identidad entrerriana”, un trabajo de investigación de un
equipo donde integraste a mi hijo Gonzalo, fue la último mensaje federal que
enviaste a los compañeros. Tu cuerpo de luchador veterano se esforzó por seguir
las exigencias de una mente lúcida, para servir a tu provincia.
Adiós amigo, adiós compañero, adiós Jefe. Que el pueblo
vele y continúe tu sueño de justicia social.
(*)
Ex presidente del IAFAS en la gestión de Jorge Busti.



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