19 feb 2026
OPINIóN

En vísperas de la Convención Nacional del Radicalismo

En vísperas de la Convención Nacional del Radicalismo
MR
Miguel Rettore (*)
20 mayo 2019

La realidad que hoy le toca vivir al pueblo argentino le
impone a la dirigencia política estar a la altura de las circunstancias y obrar
en consecuencia.

La U.C.R., con el argumento de equilibrar el poder en el
país, en el año 2015 tomó la decisión de abandonar un Frente Amplio Progresista
y de aliarse con el PRO para conformar Cambiemos, pavimentando de esta forma la
llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación.

En aquel momento nosotros no compartimos esa decisión en el
entendimiento que la doctrina del radicalismo estaba en las antípodas de ese
Partido conformado desde el poder en la ciudad de Buenos Aires, el cual por la
participación de sus integrantes en el devenir histórico y por los operadores
económicos que mostraban en aquel entonces, nos hacían prever un accionar
político conservador y una concepción económica neoliberal, cuyas consecuencias
ya estaban demostradas en la realidad política argentina y nuestro pueblo ya
había sido víctima de ellas.

Esa decisión que tomó la Convención Nacional de
Gualeguaychú, a las apuradas, tampoco previó discutir un programa de gobierno
consensuado, ni tampoco establecer una forma de cogobierno que permitieran los
controles necesarios en las políticas públicas a ejecutar.

Lamentablemente, a poco de andar, nos dimos cuenta que no
nos habíamos equivocado. Que Macri no tenía un plan de gobierno, que se tomaban
decisiones políticas y económicas erráticas y que en esencia no favorecían a
las mayorías populares, que la sociedad quedaba indefensa ante la voracidad del
mercado y que luego de generar la devaluación sistemática de nuestra moneda,
agudizar la presión tributaria, aumentar geométricamente y dolarizar las
tarifas públicas y no lograr contener una gran escalada inflacionaria
comenzaban a notarse nuevamente esas nefastas consecuencias que ya conocimos:
pulverización de las economías regionales, destrucción de las Pymes, cierre de
comercios y pérdida de fuentes laborales, disminución del poder adquisitivo,
aumento de la pobreza, degradación de la clase media y estado de zozobra en la
mayoría de la sociedad argentina, con el contraste de siempre, una gran
transferencia de recursos hacia los sectores poderosos, una colosal timba
financiera, capitales golondrinas al servicio de la especulación y grandes
dividendos para el sector bancario y empresario.

Estas políticas de gobierno no pudieron ser controladas por
la dirigencia radical, por no tener injerencia en el gobierno ni tener otros
resortes para hacerlo, pero sí debía defenderlas como propias en el Congreso de
la Nación, por tener reservado solo ese papel.

En consecuencia, nuestro Partido no sólo no pudo controlar
las decisiones políticas que tomaba en soledad el gobierno, sino que también
tuvo el triste papel de defender esas decisiones en el ámbito legislativo.

Este rápido repaso del papel que le cupo a nuestro Partido
en estos años y en las vísperas de la Convención Nacional del Radicalismo a realizarse el próximo
27 de mayo nos obliga a realizar algunas reflexiones: En primer lugar, que las alianzas electorales que no están
sustentadas en bases sólidas, diagnósticos acertados, perfiles ideológicos similares en
sus integrantes, programas de gobiernos consensuados y bases programáticas acordes; pueden servir
para ganar las elecciones, pero jamás pueden servir para gobernar.

Que nuestro radicalismo no vino a la historia institucional
de nuestro país hace 128 años sólo para ganar elecciones, sino que aquellos revolucionarios
aportaron al país una herramienta llena de ética, principios, valores, doctrina y ejemplos de vida que
permitiera transformar la sociedad, entender al estado como un instrumento para modificar
realidades injustas de las mayorías nacionales, propender a la movilidad social ascendente,
desterrar la corrupción y el servirse del estado para su ganancia personal o en beneficio de grupos
empresarios, políticos, sindicales o de cualquier otro tipo.

Que, como pasó en otros tiempos de su historia, si el
radicalismo está sufriendo una fuerte crisis de identidad y sus principales dirigentes nacionales se
encuentran extraviados, entregados, vencidos o genuflexos y no pueden continuar con el mandato
histórico en nuestros tiempos; nuestro partido debe volver a abrevar en sus fuentes, debe retemplar
su espíritu y buscar en sus raíces las respuestas a sus propias incertidumbres y así tomar las
decisiones que imponen los tiempos. De nada sirve el poder si no está destinado al servicio de
nuestro pueblo. El radicalismo no es un partido de circunstancia, ni debe servir para que se
beneficien algunos. Los radicales tenemos que hacer lo que se debe, no lo que se puede, porque si lo que
se puede no sirve, entonces no hay que hacer nada.

Los últimos resultados en las distintas provincias nos
muestra lo que piensan los argentinos y es un mensaje inequívoco de su descontento por las políticas
nacionales y es en ese contexto en el que nuevamente van a tener que competir nuestros candidatos
a Intendentes y nuestro candidato a Gobernador que, sin dudas, es lo mejor que puede ofrecer
el radicalismo entrerriano y que mucho de ellos, los que están gobernando, han demostrado gobiernos
eficientes, austeros, republicanos, con transformadores programas sociales y de obras públicas y
gran conocimiento de las realidades de sus pueblos, pero en muchos casos ha pesado más el
castigo a las políticas económicas que el reconocimiento a los buenos gobiernos que realizan. 

Por todo ello, esperamos que el próximo 27 de mayo los
radicales que conforman el máximo órgano partidario como es la Convención Nacional del Radicalismo
tomen la mejor decisión y que la misma esté impregnada de todos los valores de este centenario
Partido.

(*) Ex concejal de Paraná. Actual vocal 2º del Comité Provincial de la UCR.

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