19 feb 2026
OPINIóN

El no de Cristina Kirchner, el único cisne negro de Macri

El no de Cristina Kirchner, el único cisne negro de Macri
JM
Joaquín Morales Solá (*)
04 febrero 2019

María Eugenia Vidal imaginó el día improbable en que sería
gobernadora de Buenos Aires con Cristina Kirchner como presidenta. Suficiente.
Punto final para el debate sobre el desdoblamiento o no de las elecciones
provinciales con las nacionales, que había promovido el peronismo -a favor y en
contra- más que el oficialismo.

El macrismo debe admitir, de todos modos, que hace solo un
año no hubiera existido ni siquiera un esbozo de discusión sobre el tema. Lo
que sucedió en los últimos meses fue una caída de la imagen del Presidente, un
crecimiento de Cristina Kirchner y una recesión que aún perdura. Pero ¿ha
mejorado tanto la expresidenta? ¿Está en condiciones de ganar las elecciones
presidenciales de la próxima primavera?

Al revés del Gobierno, que se equivoca más de lo que acierta
en el manejo de la comunicación, el cristinismo conserva intactos los reflejos
para crear en el imaginario social escenarios que no existen.

No hay ninguna encuesta seria que coloque a Cristina en el
lugar de ganadora de las elecciones presidenciales, ni en la primera vuelta ni
mucho menos en el eventual ballottage. Pero es, al mismo tiempo, la expresión
opositora que más votos convoca; quien la sigue, Sergio Massa, está quince
puntos por debajo de ella. Por eso, Cristina Kirchner es un factor
imprescindible en la estrategia electoral de Mauricio Macri.

Cualquier otro candidato del peronismo, sin los achaques
políticos de la exmandataria, podría convertirse en un rival con posibilidades
de ganarle al Presidente. Ese candidato no está todavía. De hecho, no hay
después de Cristina ningún político opositor en condiciones de desequilibrar
las elecciones. Ni Massa ni Roberto Lavagna ni Juan Manuel Urtubey podrían
modificar el paisaje electoral con solo decir presente. Pero serían
competidores mucho más peligrosos para Macri si Cristina no estuviera. Mientras
sobrevivan Macri y Cristina, el escenario que predominará será el de la extrema
polarización entre ellos dos.

Un ejemplo. La inexplicable novedad de la política argentina
no es que Cristina esté rondando el 30 por ciento de los votos. Lo
verdaderamente increíble es que Macri ganaría el ballottage frente a ella con
un porcentaje que oscila entre el 52 y el 54 por ciento de los votos. Es decir,
la expresidenta sacaría en la eventual segunda vuelta entre el 46 y el 48 por
ciento. Es un porcentaje enorme. Pero cualquier otro peronista podría hacer una
elección mejor. El verdadero cisne negro de Macri, ese fenómeno impredecible
que de suceder puede cambiar todo lo preexistente, sería una renuncia de
Cristina Kirchner a su candidatura. Ella retiene todavía la condición
desequilibrante que no tiene ningún otro peronista.

¿Existe la posibilidad de que Cristina no sea candidata? La
alternativa es altamente improbable. La pregunta que debe hacerse es otra: ¿por
qué no sería candidata? Tiene, como se ha dicho, más votos que cualquier otro
opositor. Ese es el dato objetivo de ahora. Todo lo demás son pronósticos e
inferencias que no sirven para nada. Su ambición de poder es innegable; ahora
también lo necesita. A partir de fin de mes, estará saliendo y entrando en
salas de juicios orales y públicos por hechos de corrupción, en la mayoría de
los cuales será declarada culpable. En su visión conspirativa de la política,
quien tiene el poder está en condiciones de controlar a los jueces. O, al
menos, los jueces se frenarán en seco, supone, ante una persona que está
sentada en el sillón de los presidentes. Cristina cree que la política de Macri
anda mal y terminará peor. Muchos argentinos son más optimistas o, al menos,
dudan. ¿Por qué no deduciría ella también que mejorarán sus chances electorales
en la medida en que la situación del país empeore? El jueves pasado, una vieja
aliada suya, la gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, decidió unificar las
elecciones provinciales con las nacionales. Corpacci, que había deslizado que
las desdoblaría, dio un paso atrás, seguramente inducida por Cristina. Las
otras provincias peronistas que votarán el mismo día los candidatos locales con
los nacionales tienen profundas raíces en el cristinismo: Santa Cruz y Formosa.
Es una señal seria de que Cristina ya se está probando el traje de candidata.

Cristina no creció desde el pedestal en el que ya estaba.
Sucede que bajó mucho en las mediciones posteriores a las revelaciones de los
cuadernos de las coimas. Luego, volvió a subir y ahora está como estaba antes
del mayor escándalo sobre la corrupción de su gobierno. Macri sube y baja en
una franja de entre 30 y 35 puntos de intención de voto. En enero perdió todo
lo que había ganado en diciembre por la mala decisión de anunciar en medio de
las fiestas de fin de año los aumentos de gas, luz y agua que habrá durante
este año. La idea de que las Fiestas y las vacaciones esconden las malas
noticias es propio de los que viven en los barrios elegantes. En los barrios de
la clase media (y mucho más en los de los sectores bajos) un aumento es un
aumento. Esa decisión demostró también un profundo desconocimiento de la
función esencial de los medios periodísticos. Imaginaron que con esos anuncios
se dejaría de hablar de aumentos durante este año. Se seguirá hablando, porque
el periodismo recordará siempre el día en que comenzarán a regir las nuevas
tarifas. Es su deber.

Macri necesita para asegurarse la reelección un dólar
quieto, una inflación menos cruel y una economía con algunos signos de vida.
Sería suficiente. La reciente crisis con las empresas petroleras en Vaca Muerta
(que cambió impensadamente las reglas del juego en la era Macri) se explica
sobre todo en la caída del consumo de electricidad, cuya generación necesita
del gas. El gas sobra en verano. La caída del consumo de electricidad y gas se
notó más que nada en las empresas y en la industria. Es el resultado de la
pertinaz recesión.

Nunca veremos a Vidal discutiendo su lealtad a Macri. Es la
aliada más sólida y permanente del Presidente. La discusión por el
desdoblamiento la inició Massa cuando pidió que se separen las elecciones
municipales de las provinciales y las nacionales. Le hubiera permitido a él
conservar los pocos intendentes que tiene y darle libertad al resto de los
alcaldes bonaerenses en las presidenciales. Era todo ganancia para Massa. Pero
esa idea es inconstitucional. Solo se podía discutir el desdoblamiento de las
elecciones provinciales de las nacionales. La sola enunciación de ese debate
provocó el terror del kirchnerismo. Cristina se quedaría sola, sin intendentes,
sin fiscales y sin financiación. La percepción del terror cristinista
entusiasmó a algunos macristas a seguir con el debate. Valía la pena hablar de
esa posibilidad si tanto le preocupaba al adversario.

El debate incipiente creció en los estamentos medios del
gobierno, no entre Macri y Vidal. Hasta que la gobernadora llegó a la
conclusión de que su vida sería una aventura imposible con Cristina como
presidenta, que nadie del Gobierno debía permitir una imagen de debilidad del
Presidente (que es lo que hubiera explotado el cristinismo en caso de
desdoblamiento) y que la unificación les convenía a los bonaerenses y al dinero
público. Es mejor que siga habiendo un presidente y una gobernadora del mismo
signo político, concluyó, por lo menos hasta que la provincia de Buenos Aires
cuente con autonomía económica. El dato personal más significativo es que Vidal
nunca se imaginó tomando una decisión que no incluyera los intereses de
Cambiemos y del propio Presidente. “Siempre seré leal al proyecto y a
Macri”, suele repetir. A Vidal le convenía el desdoblamiento porque ella
no solo tiene buenas encuestas; tampoco tiene competencia. El peronismo, en
cualquiera de sus versiones, carece de candidato a gobernador. Es muy distinta
la situación de Rodríguez Larreta; a este le conviene la unificación porque la
tendrá a Cristina en uno de los distritos más anticristinistas del país.

Faltan los radicales. Gerardo Morales, en Jujuy, y Alfredo
Cornejo, en Mendoza, están molestos porque Macri y Vidal tomaron, dicen, una
decisión sin consultarlos. Macri recibió a los dos en Villa La Angostura en
pleno verano para pedirles que no desdoblen las elecciones provinciales de las
nacionales. ¿Qué más consultas querían? Macri habló con ellos antes que con
Vidal del eventual desdoblamiento. ¿Morales y Cornejo dejarán que se instale la
imagen de un presidente cuyo liderazgo influye poco y nada en la coalición
gobernante? La respuesta, que no existe, es clave.

Tal vez Macri nunca encuentre el único cisne negro posible,
pero carece de márgenes para cometer nuevos errores y, además, necesita darle
otro impulso a la economía. A Cristina no solo la esperan varios juicios por
corrupción; también la aguarda la peripecia de Venezuela, de final incierto. El
chavismo y Cristina están inscriptos en el mismo friso.

(*) Periodista y escritor. Artículo publicado originalmente en el diario La Nación el domingo 3 de febrero de 2019.

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