21 feb 2026
ÁMBITO FINANCIERO

El interés nacional es nuestra brújula (escribe Sergio Urribarri)

El interés nacional es nuestra brújula (escribe Sergio Urribarri)

Por Sergio Daniel Urribarri

Una sola temática ocupó en los últimos días los lugaresprincipales en medios de comunicación de todo el mundo: la elecciónpresidencial de Estados Unidos. Es unánime la concentración pública yperiodística en un fenómeno político que no deja de ser una elecciónpresidencial en un país extranjero, como se dan decenas en el curso decualquier año. El hecho de que transcurra en una de las potencias del planetaexplica esta generalizada atención, que ninguna persona comprometida con elquehacer político y el destino de su país puede soslayar.

El primer factor a tener en cuenta es que, si bien elextendido proceso eleccionario estadounidense ya dio como claro ganador a JoeBiden, Donald Trump adoptó la actitud que se preveía y no se reconoce comopresidente saliente. Las circunstancias específicas en las que el líderrepublicano habrá de reconocer su derrota -si finalmente esto ocurre- seránfundamentales a la hora de bosquejar el panorama político interno de Washingtony, por ende, su proyección internacional.

En segundo lugar, en los últimos cuatro años Trump catalizóy canalizó pasiones e intereses que atraviesan a la sociedad norteamericana yque abrevan en diferentes orígenes ideológicos y casi la mitad del electoradoestadounidense le dio una nueva muestra de confianza. Quienes estamos hace añosen política vemos con claridad que erran quienes piensan que el 20 de enero de2021 desaparecerá el movimiento político que llevó a Trump al poder y quedefinió su administración. Su estilo y políticas internas y externasrepresentan el pensamiento de un amplio sector de la sociedad norteamericana.

En tercer lugar, Biden mereció en los últimos meses unaenorme y uniforme corriente de simpatía en la opinión pública internacional, almismo tiempo que la figura de Trump iba en sentido contrario, y mucho tuvo quever con eso el tratamiento político y mediático que dio a la pandemia decovid-19. Es posible entonces prever que el mundo recibirá con ciertoentusiasmo y esperanza a Biden, quien tiene una extensa trayectoria y conocecomo pocos el sistema político estadounidense, así como también las políticasdel Partido Demócrata que postuló a Hillary Clinton hace solo cuatro años.

El cuarto factor a tener en cuenta es que la emergencia dela pandemia y la efervescencia política que viven los Estados Unidos conviertentoda tentativa de “vuelta a la normalidad” en una utopía. No existe hoy enningún lugar del mundo, una normalidad a la que volver. Del futuro solo sabemosque será distinto del pasado.

La política de los Estados Unidos en Medio Oriente merece unpárrafo aparte. Trump será recordado en esta región desde donde escribo por susdecisiones y gestiones audaces, algunas de las cuales rompieron la práctica dedécadas y llevaron al aporte de logros concretos en los últimos meses. Laalianza estadounidense-israelí es estructural para ambas políticas exteriores yestá cimentada en profundas realidades geopolíticas más que en las personas quetransitoriamente ocupan roles o espacios de poder. Se trata de una amistadbasada en valores e intereses cuya transformación radical, si no imposible,resulta sumamente improbable dado que la relación Israel-Estados Unidos es deEstado a Estado y trasciende las contingentes personalidades.

Perón nos decía que la política es la políticainternacional, y lo que se discute en política son intereses. Y si bien losintereses y las posiciones de los países en los temas de la agendainternacional son más estables de lo que suele creerse, se aguarda que laadministración demócrata entrante retome de todas maneras la participación y lamirada de los Estados Unidos en ciertos asuntos (ej.: cambio climático,reducción de armas nucleares, inmigración) y regiones (ej.: Latinoamérica) queTrump descuidó.

Con todo eso en mente, nuestra tarea central como argentinoses identificar y perseguir nuestros propios intereses nacionales, sin quitar lamirada de ellos, para que sean nuestra brújula.

A nivel doméstico, Biden ya comenzó a llevar adelante latarea de restañar las diferencias que generaron las políticas públicas delgobierno saliente, o la falta de ellas, que fueron en detrimento de lasminorías. Desde sus primeras declaraciones, procuró demostrar que aspira a serel presidente de todos los estadounidenses, tanto de quienes lo votaron como dequienes no lo hicieron, intentado superar las diferencias internas que dañan elconjunto.

Esta declaración inicial del candidato ganador nos remite anuestra propia vida política. Ya desde la campaña a presidente, AlbertoFernández se ha esforzado por superar las antinomias y bregar tanto por laconstrucción de consensos amplios como por la expresión pacífica de losdisensos propios de toda democracia. Cristina Fernández de Kirchner habla deunidad desde hace muchos años. En 2013, en el acto por el Bicentenario deParaná, dijo: “Un mundo difícil exige que luchemos muy unidos. Estoy convencidade que la inmensa mayoría de los argentinos sabe que peleados y desunidos nollegamos a ninguna parte”. Reiteró el concepto recientemente en su carta del 27de octubre cuando remarcó la necesidad de lograr “un acuerdo que abarque alconjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de laArgentina”. La vocación de diálogo y acuerdo es una constante en nuestratradición política.

Existen otros signos recientes y positivos de la arenainternacional que debemos agregar a nuestro análisis: el referéndum en Chile yla elección boliviana. “El universalismo constituye un horizonte que ya sevislumbra y no hay contradicción alguna en afirmar que la posibilidad desumarnos a esta etapa naciente descansa en la exigencia de ser más argentinosque nunca”, advertía Perón hace más de 40 años en el Modelo argentino para elProyecto Nacional. La interdependencia que hoy compone las relacionesinternacionales, en particular en países como el nuestro especialmente sujeto alas volátiles alteraciones del mercado mundial, es una realidad. El proyectonacional es el que nos guía y caracteriza a nuestra fuerza política, en unacombinación útil de pragmatismo en los medios y de convicción en los fines.

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