20 feb 2026
OPINIóN

El Frente de Todos y la necesidad de un verdadero gobierno de coalición

El Frente de Todos y la necesidad de un verdadero gobierno de coalición
MM
Matías Micheloud (*)
28 marzo 2022

Las internas políticas son el plato principal del menú del
momento en las principales fuerzas políticas de nuestro país, la segmentación
social y sus nuevas maneras de representación (coaliciones) en un ámbito tan
mediatizado como el político generan tanto una campaña permanente, como una
interna permanente. El mayor problema lo tienen las coaliciones que gobiernan.

Ante la fragilidad que atraviesa el gobierno nacional puertas
adentro, es quizás oportuno masticar soluciones a problemas recurrentes.
Latinoamérica, donde reinan los presidencialismos a diferencia de Europa donde
los gobiernos parlamentarios son más comunes, se encuentra en una difícil
encrucijada debido a que en la actualidad es muy difícil llegar al poder sin la
previa conformación de coaliciones electorales, y el modelo presidencialista
choca con el espíritu coalicional a la hora de gobernar.

Si las coaliciones están conformadas por socios fuertes además
del presidente electo, el presidencialismo se vuelve la madre de todos los
problemas a la hora de gobernar, y ni que hablar si como en el caso de
Argentina, es la vice quien ungió como candidato al presidente, y quién aportó
la mayor cuota electoral para la victoria de la coalición. Creerse dueño del
poder cuando no se lo cultiva, ni se lo ve reflejado en la opinión pública
puede ser un grave error.

Para que un gobierno de coalición funcione es condición
necesaria la existencia de un líder fuerte que conduzca indiscutiblemente a sus
socios, y sino es el caso, que se propicien los consensos y acuerdos de
gobernabilidad necesarios entre los principales líderes, para ello son claves
el diálogo y el debate. En la gestión anterior, Mauricio Macri, ante un
radicalismo anestesiado logró imponerse como un líder indiscutible, esto le
permitió conducir de manera “amena” su gobierno de coalición, pese a sus
pésimos resultados. Hoy la realidad ha cambiado, y en la principal oposición se
evidencia un agite constante y feroz. La facilidad de no tener que conducir el
gobierno, la pandemia, ni desactivar las bombas económicas que dejaron, le ha
permitido a Juntos la formalización de mesas políticas nacionales y
provinciales para contener esta ebullición constante que traen los nuevos
tiempos democráticos, y pese a las fuertes internas e interbloques, se muestran
bastantes cohesionados frente a la sociedad.

Luego de más de dos años de gobierno, ante el hostigamiento que
se desata en el interior del Frente de Todos, vale la pena plantear si no es
hora de que se ensaye una actualización en las formas de ejercer el poder en la
coalición gobernante, es decir esbozar al menos un principio de
“institucionalización” y de esta manera que se logre una evolución en la
búsqueda de consensos en cuestiones claves para el desarrollo del país. Quizás
así podría evitarse la sensación de improvisación de algunas medidas, y lo
fundamental, que primero sean discutidas puertas adentro y no mediáticamente
cuando la sangre ya llega al río, lo que genera un desgaste y pone en una
situación incómoda al presidente en cada decisión que toma y afronta.

Puede pasar como en toda coalición, que existan diferencias, y
es indiscutible que el que tiene la última palabra es quien preside, eso no
quita que un espacio de debate interno con reglas claras, y donde los
gobernadores tengan mayor participación, pueda ser nutritivo y contenedor de
las diferentes voces en el oficialismo. En el peor de los casos intentarlo y
que fracase es poco probable que signifique un mayor nivel de tensión que el
actual, dado que por lo que se percibe ya se han alcanzado los límites.

La distribución actual del Frente de Todos en la gestión es un
tema que también debería revisarse, quedó claro que las discusiones no
resueltas y la falta de un liderazgo claro (algo que eventualmente puede
suceder y sucede) paralizan estructuras y eso es inconcebible desde lo
institucional.

Es necesario comprender que las coaliciones no solamente deben
ser vistas como un “matrimonio de conveniencia” o como un “frente anti-X”, sino
verdaderamente, como un proyecto político plural, coherente y cohesionado que
trata de fusionar y llevar adelante las mejores propuestas de cada integrante,
generando la confianza necesaria para poder conducir los destinos de un país, y
que en nuestro caso, tiene mucho que ver con ganarle la batalla a la inflación
y construir una economía más sólida. Esto aplica tanto para la gestión, como en
lo electoral, un matrimonio que se hace fuertes desplantes y que parece que
está a punto de divorciarse constantemente no genera confianza, la cual es
clave para tener aspiraciones a la hora de ganar una elección.

(*) Director de Pulso Consultores y Asociados.

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