Desde las PASO 2021 hasta la fecha, una suerte de hechos
inesperados han ido sucediendo en el Frente de Todos. Pese a que desde hace
meses las encuestas y sondeos ponen a CFK cómo líder indiscutible del frente,
ahora no es necesario medir nada, Cristina demostró que es quien manda y la que
tiene el poder.
Pasada la popularidad que le propinó el comienzo de la pandemia
al presidente AF, la misma le facturó más de lo que le dió, como broche tuvo
una foto que terminó de marcar la suerte en un 2021 electoral, que entre PASO y
generales, fue escenario de una renuncia masiva de soldados k, y que luego si
bien AF quiso vender como una remontada (al recuperar unos puntos en noviembre
haciendo hincapié en la provincia de Bs. As.), nadie podía festejar mucho la contundente
derrota en el país. Pero fue suficiente para que el presidente con ese mínimo
impulso que sentía hable de PASO en el Frente de Todos en 2023, y que él iba a
ser candidato. Nadie entendía mucho el por qué hablar de ello faltando tanto
tiempo, pero nadie tampoco entiende mucho lo que sucedió después.
Las vacaciones duraron poco, el alivio de la pandemia y el
éxito del Pre Viaje, se chocaron con la necesidad inminente (antes los
vencimientos y el inesquivo default) de definir qué se hacía con el FMI. En el
sector de la vicepresidenta, el malestar que comenzó con la derrota de las
PASO, el posterior y prematuro lanzamiento de internas a finales del 2021, se
elevó a la quinta potencia con el manejo que le dió el presidente a la
reestructuración de la “deuda de Macri” con el FMI, tanto que llevó a que su
hijo Máximo renuncie a la presidencia del bloque en la Cámara de Diputados.
Luego de ahí en más todo comenzó a deteriorarse de manera impensada, Alberto
dolido por la votación en contra a su acuerdo, Cristina dolida por su falta de
injerencia (o escucha?), comenzaron una relación casi infantil alrededor del
manejo del máximo poder del estado en nuestro país.
Mientras tanto la bola de nieve de la inflación comenzaba a
mostrarse, a este escenario se sumó la guerra en Ucrania que nadie esperaba, y
la falta de gasoil, el acuerdo del FMI y sus metas, el gasoducto NK, fueron
condimentos que a través de un “debate público” a través de actos y fechas
conmemorativas entre la vice y su elegido presidente fueron degradando la
gestión, económica y política del país.
Hasta que Guzmán explotó, y quedó desnuda la verdad. El frente
de todos, que puso en los papeles de presidente a Alberto Fernández, con
Cristina como mayor accionista y tiene a Massa como socio minoritario, quien
ante la renuncia del ministro de economía con su juego conciliador se disfrazó
de cordero, pero actuó con el hambre de un lobo feroz, otra vez volvió con las
manos vacías (ya con la renuncia de Kulfas habría querido mojar la medialuna).
El frente de todos forzado por las últimas apariciones y
accionar de Cristina, ingresó en un punto de no retorno. El verticalismo del
peronismo, hoy llamado frente de todos, luego de que el propio presidente
máxima figura del poder político según marca la institucionalidad, y pese a su
evidente resistencia, se terminó ordenando debajo de la figura de CFK, no
quedan muchas elucubraciones por hacer. Vale mencionar que Alberto tuvo en dos
oportunidades las chances de gestar músculo político propio para posicionarse internamente,
cuando aparecieron las renuncias masivas y cuando se discutía por default sí o
default no, y contaba con el apoyo de prácticamente todo el peronismo y hasta
la oposición, menos La Cámpora y algunos movimientos sociales; lo que devino
luego fue el incineramiento (en vano) de sus defensores antes cada embate del
kirchnerismo duro, y la situación actual. A la jefa por momentos le queda una
batalla interna, los movimientos sociales cercanos a AF, de todas maneras la
suerte ya está echada.
Se terminó la etapa del sin Cristina no se puede, y con ella
sola no alcanza, hoy los hechos marcan que es ella la única capaz de conducir
(y al parecer ella lo entiende así), además cualquiera que vaya a calzarse el
saco de Alberto, sabe lo que le espera si no se subordina a su liderazgo
(inherente a su esencia política). Y en un país presidencialista como el
nuestro es inviable este tipo de gobierno subrogante. Además el electorado que
quizás votó a Alberto por su “moderación” o hasta incluso por esas diferencias
con su impulsora, ya se quemó con leche, así que si le muestran la vaca es muy
probable que llore, y Cristina lo sabe.
Entendiendo que algunos en el FdT como está la cosa dan por
perdido el 2023, CFK viene a traer supervivencia (pese a su casi 70% de imagen
negativa) al menos para cierto sector del peronismo, principalmente el de la
provincia de Buenos Aires cuya base electoral es del 40% del total país, con un
piso electoral que prácticamente nadie tiene y que con la lectura del fracaso
del actual gobierno nadie puede garantizar mucho más tampoco. También resucita
a ciertos sectores k que hasta hoy tenían cero chances de sacar una tajada de
algo, pero hoy si se encolumnan como sus fieles quizás algún vueltito capaz
ligan. Nadie podría afirmar que esto será así, y nadie sabe si una suerte
(léase medidas acertadas, consensos políticos y buena gestión) inesperada pueda
beneficiar a la nueva ministra y comience el oficialismo a dar vuelta el
marcador (en política todo puede pasar), lo que sí está claro es que comienza
una nueva etapa en el Frente de Todos, la del Frente de Cristina, al menos
mientras la unidad aguante.
(*) Director de Pulso Consultores y Asociados.
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