El que dio la voz de largada fue Eduardo Valdes, amigo delPresidente, participante permanente de las tertulias y noches de Olivos, queestuvo algo raleado después de haber salteado la cola de las vacunas, pero quenunca en ese fugaz “exilio” dejó de ejercer su pasión más genuina: conspirar.
Desde la picaresca, género que cultiva con esmero, eldiputado pidió para Fernández la reelección. Fue la explicitación de una ideaque está madura en el círculo áulico del Presidente: no hay nadie del Frente deTodos que tenga mejor imagen. Es sencillo: Cristina sola no puede, necesitaalguien que le arrime la porción que la haga ganar. Lo mismo piensa SergioMassa, al que en la Casa Rosada lo describen aliado a Máximo Kirchner, algo queel líder del Frente Renovador niega, en su afán de convertirse en ese eslabónimprescindible.
Todo esto, sin embargo, parece de política-ficción por lasituación que atraviesa el oficialismo, por más maquillaje que esté usandoahora para ocultar el deterioro: si la diferencia en la provincia de BuenosAires es la que dicen las encuestas (entre 5 y 6 puntos a favor del FdT), elGobierno puede perder las elecciones de noviembre. Porque los pronósticos en las provincias centrales también le son adversos:Córdoba, Mendoza, Entre Ríos, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires.
Aun cuando estos vaticinios no se cumplieran al pie de laletra (las encuestas han pifiado por lejos, aquí y en el mundo), los resultadosno removerán los obstáculos que tiene el oficialismo para avanzar en susproyectos centrales.
Fernández enfrentaría entonces un doble síntoma del patorengo: golpeado para la segunda parte del mandato y debilitado en su situacióninterna.
Resistió el putsch para tumbar a Santiago Cafiero, lanzadopor el kirchnerismo y Massa, y quiso cooptar a Agustín Rossi, estimulándolopara enfrentar a Omar Perotti. Cristina no le perdonó ese atrevimiento delanzar a un candidato que potencialmente era suyo y se alió con el gobernadorsantafesino, al que no traga demasiado. Todo es válido para mostrar que hoy lajefatura política en el oficialismo es ella, aunque en ese afán abandonen a unleal como el ex ministro de Defensa.
El Presidente, al mismo tiempo, está buscando mostrarle a laCasa Blanca que es el único interlocutor confiable que tiene en la región paramediar con regímenes adversos a EE.UU. Sobre todo cuando el asesor de Seguridadde Joe Biden, Jake Sullivan, un adicto al fútbol que pidió visitar la cancha deBoca, hizo trascender que en su reunión con Jair Bolsonaro, el presidentebrasileño lo sorprendió diciendo que el actual gobierno americano es hijo delfraude. Igual que Trump.
Fernández quiere visitar a Biden en el Salón Oval de la CasaBlanca y Jorge Argüello, su embajador allá que consiguió vacuna Moderna paraArgentina, confía que se hará, tal vez antes de la Cumbre de las Américas quese celebrará el año próximo. El diálogo con Sullivan evitó los temas regionalesdifíciles -Venezuela, Nicaragua y Cuba- a pesar que estaba aquí uno de losmáximos especialistas en Cuba, Ricardo Zuñiga. Pero sí se planteó el avancechino en la región, sobre todo en el terreno financiero, la ciberseguridad -el5G que ofrece Beijing- y el cambio climático, llave para nuevos préstamos.
Con ese eje, Fernández quiere sobreponerse a los posiblesinfortunios electorales. Las encuestas también dicen que Diego Santilli le ganaa Facundo Manes en la interna estelar de la oposición, y que María EugeniaVidal pagará un precio por el salto de jurisdicción, en beneficio de RicardoLópez Murphy, que concentra el voto más duro del PRO. Toda la oposición,incluido el radicalismo de Rubinstein, roza los 50 puntos en la Ciudad y asíapuntalará los planes presidenciales de Horacio Rodríguez Larreta.
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