Aquel viernes 17 de noviembre de 1972, volvía al país el General Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio y proscripción, como fruto de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, despertando expectativa y emoción sin precedentes en la población. Era el reencuentro del conductor con sus militantes, del líder con su pueblo.
La radio informaba minuto a minuto este acontecimiento único. La televisión enfocaba después de tantos años el conocido y sonriente rostro de Juan Domingo Perón, que levantó triunfalmente los brazos, protegido de la lluvia por un paraguas desplegado por José Ignacio Rucci, Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), en uno de sus flancos, inmediatamente después de haber bajado la escalerilla del avión. La generalidad de la gente que se reunía eran personas jóvenes, que jamás habían visto a Perón, la gran mayoría con bombos y estandartes, desafiando al régimen militar y cuyo propósito era darle la bienvenida al General Perón. La historia del 17 de noviembre de 1972 es una historia de trenes embanderados, de barrios obreros movilizados y de columnas infinitas de hombres y mujeres que se dirigían a Ezeiza bajo la lluvia, unos sobre la autopista, otros siguiendo las vías del ferrocarril.
Para el conjunto de la muchedumbre se cumplía uno de sus mayores deseos "Perón Vuelve", símbolo de un fenómeno de convergencia activa de las bases tradicionales del peronismo, el movimiento obrero y sectores nutridos de la juventud de clase media, en buena medida hija de los sectores antiperonistas del 55. Como agradecimiento al pueblo argentino, el General Perón reconoció que ese día iba a ser inolvidable, ya que a él no le pasaría lo mismo que le sucedió a Juan Manuel de Rosas y José de San Martín, que tuvieron que morir lejos de su tierra, instaurando el día de la militancia para la causa nacional y popular.
Como dijera el General Perón en vísperas de su llegada a la Argentina: "Pocos podrán imaginar la profunda emoción que embarga mi alma, ante la satisfacción de volver a ver a tantos compañeros de los viejos tiempos, como a tantos compañeros nuevos, esa nueva juventud maravillosa que, tomando nuestras banderas para bien de la patria, están decididos a llevarlo al triunfo.
Dr. Julio Aldáz
Diputado provincial del PJ
La radio informaba minuto a minuto este acontecimiento único. La televisión enfocaba después de tantos años el conocido y sonriente rostro de Juan Domingo Perón, que levantó triunfalmente los brazos, protegido de la lluvia por un paraguas desplegado por José Ignacio Rucci, Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), en uno de sus flancos, inmediatamente después de haber bajado la escalerilla del avión. La generalidad de la gente que se reunía eran personas jóvenes, que jamás habían visto a Perón, la gran mayoría con bombos y estandartes, desafiando al régimen militar y cuyo propósito era darle la bienvenida al General Perón. La historia del 17 de noviembre de 1972 es una historia de trenes embanderados, de barrios obreros movilizados y de columnas infinitas de hombres y mujeres que se dirigían a Ezeiza bajo la lluvia, unos sobre la autopista, otros siguiendo las vías del ferrocarril.
Para el conjunto de la muchedumbre se cumplía uno de sus mayores deseos "Perón Vuelve", símbolo de un fenómeno de convergencia activa de las bases tradicionales del peronismo, el movimiento obrero y sectores nutridos de la juventud de clase media, en buena medida hija de los sectores antiperonistas del 55. Como agradecimiento al pueblo argentino, el General Perón reconoció que ese día iba a ser inolvidable, ya que a él no le pasaría lo mismo que le sucedió a Juan Manuel de Rosas y José de San Martín, que tuvieron que morir lejos de su tierra, instaurando el día de la militancia para la causa nacional y popular.
Como dijera el General Perón en vísperas de su llegada a la Argentina: "Pocos podrán imaginar la profunda emoción que embarga mi alma, ante la satisfacción de volver a ver a tantos compañeros de los viejos tiempos, como a tantos compañeros nuevos, esa nueva juventud maravillosa que, tomando nuestras banderas para bien de la patria, están decididos a llevarlo al triunfo.
Dr. Julio Aldáz
Diputado provincial del PJ
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