Se conmemorarán 40 años de aquel 30 de octubre de 1983,
fecha en que se realizó el acto eleccionario que diera inicio formal al período
consecutivo más extenso de la vida en democracia que hayamos conocido los
argentinos.
Sobre aquellos días, Felipe Pigna cuenta que: “Los dos
partidos mayoritarios de ese momento presentaron candidatos muy diferentes. Alfonsín
representaba la renovación de la UCR. Era uno de los pocos políticos argentinos
que se opuso a la incursión militar en Malvinas y tuvo una postura férrea sobre
los crímenes de la dictadura y estaba decidido a juzgarlos. Su adversario en
las urnas tuvo una postura casi opuesta. Ítalo Luder apareció como un candidato
sin carisma y distante, en un partido caliente y con gran poder de movilización.
Alfonsín fue todo lo contrario y fue el que mejor supo interpretar las demandas
de verdad y justicia de la sociedad, y el que más esperanza generó entre los votantes
más jóvenes. Ese 30 de octubre el pueblo volvió a las urnas. La participación
fue masiva y nadie quería dejar de votar y de ser protagonista de ese momento
histórico. Triunfó Alfonsín y fue la primera vez que el peronismo perdió una
elección nacional. Pero más allá de los resultados, el pueblo salió a festejar
a las calles de todo el país. Solo en el Obelisco de Buenos Aires, se juntaron
un millón y medio de personas”.
El interrogante
¿En estos 40 años, la democracia ha cumplido con sus deberes
y obligaciones? En un análisis apresurado y general, podríamos decir que con
sus luces y sombras el sistema ha pasado del debe al haber y viceversa en
varios temas claves que hacen a nuestra propia tarea de construcción como
Nación.
Hemos sido testigos de la existencia de varias conquistas
sociales y de derechos que se han alcanzado, pero siguen habiendo muchas
deudas, las que van más allá de las económicas en el plano internacional y que
condicionan las posibilidades reales de desarrollo humano. El sistema democrático
se ha ido consolidando, a veces con ciertos matices, pero siempre permitiendo
el libre pensamiento de ideas y sus más variadas expresiones junto a las distintas
participaciones políticas y sus respectivos proyectos de sociedad o comunidad, según
se trate la cosmovisión de vida que se tenga.
Podrá ser discutible la posibilidad de resolución efectiva
que se ha tenido respecto de los conflictos sociales, políticos y económicos,
pero no se puede desconocer que la democracia consolidada constituye con sus
defectos y virtudes, el mejor método posible que tenemos para abordar la
coexistencia de distintos intereses que “cabalgan” sobre la realidad argentina actual.
Joven democracia
Hace poco más de 80 años José Ortega y Gasset nos dejaba una
apreciación filosófica de la realidad por la que nos incitaba a abandonar las
controversias personales para construir una sociedad con ideales compartidos y
al servicio de un destino común, el del pueblo. En “Meditación del Pueblo
Joven” el filósofo español reflexionó con una frase que aún hoy goza de plena
vigencia: “Mi prédica que les grita: ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas!
Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No
presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres
se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse pecho a las cosas, a ocuparse y
preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de
tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su
curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos
de lo personal.”
A 40 años, la crisis de representatividad política existente
debe ir dando paso a un cambio real, posible, sincero y sin demagogia,
prestigiando el ejercicio del sano arte de la política en esta joven democracia
que aún adolece de muchas cosas. Hay que determinar como prioritarias, acciones
concretas que permitan avanzar en la resolución de los problemas que aún
afectan a muchos compatriotas, llevando a la práctica criterios de justicia y
equidad en la distribución de los bienes sociales como son la educación, salud,
hábitat, vivienda, tierra y todo aquello que permita un mejor desarrollo del ser
humano en un contexto que contenga pero que además posibilite condiciones
dignas de vida.
El compromiso
Como expresa Jauretche, hay que “soplar la ceniza con la
intención de liberar el fuego de la democracia y la recuperación del
compromiso”. El compromiso ante una crisis ética de los argentinos, requiere de
un deber moral que se traduzca en un convencimiento propio de todo el arco
dirigencial, ya sea del mundo de la política, del empresariado, del universo económico,
cultural y social, de todos quienes deban asumir valores para cumplir en sus distintos
ámbitos.
Tenemos que terminar con cualquier tipo de grieta que nos
separe o aisle. Recordemos que la política es el arte de gobernar siempre en
beneficio de los pueblos, no de intereses sectarios y excluyentes. Hace mucho
tiempo Jauretche nos enseñó algo que sigue vigente: “Y la Nación desde
entonces, va de Herodes a Pilatos; todos le ofrecen buen trato y el arreglo de
sus cosas, pero ellos rompen la loza y el pueblo paga los platos”.
Por eso, a la ideología libertaria y totalmente huérfana de
sentido de pertenencia nacional, se le debe anteponer estratégicamente el
compromiso moral y patriótico con “el otro”. Se necesita la profundidad
conceptual de una acción política que exprese fundamentalmente gestos de
grandeza y mire a la economía con “rostro humano” y no sólo como cifras que deben
cerrar al alto costo de dejar gran cantidad de gente “afuera”. A 40 años,
celebremos nuestra DEMOCRACIA.
(*) Concejal Electo el 22/10/2023. Actual Secretario de
Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019.
Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda
y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe
2003-2004.
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