
El 5 de este mes Carlos Balla cumplió la condena por el
secuestro y asesinato del escribano y funcionario del IAPV, Rubén Calero, ocurrido en junio de 1991. La
Justicia había dispuesto tiempo atrás fijar el plazo de la condena a
perpetua que le había sido impuesta.
Balla estaba con libertad asistida desde el 19 de junio del
año pasado. Este instituto, que se otorga 6 meses antes de que se cumplan las
condenas, es una libertad restringida por normas de conducta, tales como no
incurrir en nuevos hechos de violencia, no consumir drogas ni alcohol, mantener
el mismo domicilio, o avisar al Patronato de Liberados si se mueven de la ciudad.
Luego de escaparse de la sede policial de calle Córdoba de
la capital provincial, Balla estuvo prófugo hasta que fue recapturado en 1996
en Buenos Aires por una comisión policial encabezada por el comisario Fermín
Beltzer (hoy retirado y director en funciones del Iosper).
Previamente, Balla había comenzado a gozar hace unos años del beneficio de la
libertad condicional, luego de haber sido condenado junto a Eduardo “El Gitano”
Romero a prisión perpetua.
En los ’70, Balla había formado parte del grupo parapolicial
Comando Paraná, vinculado con la Triple A.
(Fuente: APF)
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