20 feb 2026
NOTICIAS

Asco
Por Ricardo Lafferriere (*)

Esa es la sensación que genera la declaración racista y antisemita del presidente de Venezuela, que agravia no sólo a su pueblo, sino a la historia democrática de su país y a la memoria del mismo Bolívar en el que permanentemente afirma inspirarse.
Salvo aclaración, Chávez habría declarado que “el mundo tiene lugar para todos, pues, pero resulta que unas minorías, los descendientes de los mismos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo”, en oportunidad de un saludo navideño pronunciado en el Centro de Desarrollo Endógeno Integral Humano “Manantial de los Sueños”, según publicaciones periodísticas que han provocado ya la reacción del Centro Simón Wiesenthal.
Nuestros países son el fruto de la ilustración, que nos trajo la Independencia, la democracia y la conciencia de la igualdad entre los hombres.
Bolívar y San Martín, como Miranda y Moreno, se formaron combatiendo contra el oscurantismo y la represión de la inquisición. Nuestras revoluciones democráticas emancipadoras tuvieron una bandera, la de la libertad -que nuestro himno invoca por tres veces- y la “digna igualdad” de todos los seres humanos, a la que le levanta “un trono”.
La indignación no admite en este caso represiones dictadas por una cortesía protocolar. El asco que inspira el racismo y el antisemitismo, expresados con el mismo discurso que sirvió de justificación a la masacre de millones de seres humanos en el siglo XX, no puede generar otra reacción que un distanciamiento inmediato de nuestro país, salvo que las disculpas sean claras, terminantes, nítidas y sin condiciones, mucho más teniendo en cuenta la cercanía política que está protagonizando Chávez con el actual gobierno de Irán, que ha provocado la indignación de la humanidad entera con atrocidades similares.
La Argentina de “la causa del género humano”, la Argentina de “todos los hombres del mundo” que quieran habitarla, la Argentina de los brazos abiertos para abrir el surco de la vida y la convivencia, la Argentina de los derechos humanos, no puede tolerar con ningún argumento surgido del relativismo moral o el oportunismo político otra actitud que la toma de distancia y la condena más enérgica.
Estas declaraciones son mucho más graves que la irresponsable juvenilia de payasos internacionales. Si no existe esa declaración, el honor de la Nación Argentina obliga a reducir de inmediato el nivel de nuestras relaciones diplomáticas y a considerar, incluso, la no designación de embajador.
Nuestro país, que recibió el aporte migratorio de la comunidad judía y que cuenta ya como parte indisoluble de su identidad nacional su aporte cultural, su gesta de trabajo y su compromiso con valores éticos y trascendentes no puede tolerar semejante agravio surgido nada menos que del primer mandatario de un país hermano que -para más gravedad- dice querer ingresar de pleno derecho al Mercosur.
El Gobierno nacional, y específicamente el presidente de la República, no tiene siquiera el derecho a dudar sobre la conveniencia de este paso, en nombre de la historia, las luchas, la identidad y la dignidad de la Nación Argentina. Su propio compromiso -y el de su esposa- en la investigación de los atentados a la Embajada de Israel y a la sede de la AMIA, donde ese discurso segó cientos de vidas argentinas darían coherencia a una firme actitud de condena exigiendo a Hugo Chávez o una desmentida, o una rectificación incondicional, o un abierto perdido de perdón.

Ex embajador argentino en España y ex legislador nacional por Entre Ríos

Comentarios

0 comentarios

Iniciá sesión con Google para comentar

Conectado como
Tu comentario se publicará al instante.

Sé el primero en comentar esta nota.

Te puede interesar