21 feb 2026
CLARíN

Alberto Fernández paga costos y Horacio Rodríguez Larreta ve un hueco para 2021, pero el tsunami avanza para todos (mención a Bordet)

Alberto Fernández paga costos y Horacio Rodríguez Larreta ve un hueco para 2021, pero el tsunami avanza para todos (mención a Bordet)

Ni Alberto Fernández ni Cristina Kirchner están convencidosde dar marcha atrás con la expropiación de Vicentin. Pero hay una diferencia nosutil entre ellos: el Presidente aceleró, frenó, retrocedió, volvió a avanzar yuna vez más puso el pie en el freno. Hasta ayer, que volvió a acelerar.Cristina se mantuvo siempre en el mismo lugar. No necesitó hablar. Ni siquieraescribir un tuit: el universo sabe lo que piensa. Alberto atravesó doce días decavilaciones, de enredos en TV, y, por primera vez desde que llegó a lapresidencia, de desacoples ya no con el cristinismo sino con su propia tropa.Los exégetas presidenciales admiten en off the récord que a veces se enteran delos idas y vueltas por los periodistas. El silencio mediático de la mayoría deellos habla por sí solo. ¿Qué afirmar hoy si mañana puede cambiar?

En el círculo que rodea al primer mandatario confiesan quese está ante una encrucijada porque el mensaje fue difuso desde el día delanuncio y que, mientras se explora una salida, la imagen de su jefe seresiente. Las deliberaciones no cesan. Anoche, una espada cristinista en elSenado planteaba que había que “terminar con los amagues y mandar elproyecto de ley ya”. Alberto duda.

Sergio Massa, que no está entre los duros y que en losúltimos días volvió a hablar con Cristina y Máximo Kirchner, le aconsejó aFernández que meditara tranquilo qué quiere hacer, aunque le llevótranquilidad. “Diputados no va a ser un obstáculo si mandás elproyecto”, le prometió.

¿Tan seguro está de que tendrá los votos? La pulseada en laCámara baja se vislumbra muy pareja. Los gobernadores sufren presiones para quejueguen fuerte en contra del proyecto. Omar Perotti es el mejor ejemplo. Ayerel santafesino lucía desconsolado. El viernes se fue a dormir con una victoria.Ocho horas más tarde amaneció con un escenario distinto. El cordobés JuanSchiaretti y el entrerriano Gustavo Bordet también monitorean los movimientosde la Casa Rosada. Eso sí: se cuidan de no ser Perotti.

En el poroteo cotidiano que hacen en el oficialismo seilusionan con perforar la unidad del Interbloque Federal, que componen 4diputados de Córdoba, 3 lavagnistas, 2 socialistas y 2 justicialistas. Cuatrointegrantes de ese espacio (Graciela Camaño, Eduardo Bucca, Jorge Sarghini yAlejandro “Topo” Rodríguez) clausuraron cualquier especulación en unareunión que mantuvieron por Zoom en las últimas horas. Su voto será negativo.Los cuatro comulgan con Roberto Lavagna. El economista volvió a hablar con elPresidente en los últimos días. Pero no tocaron el tema para no abrir másheridas. Solo intercambiaron opiniones sobre la marcha de la negociación conlos bonistas.

Los zigzagueos de Alberto y sus arrebatos de girar hacia lasposiciones más extremas del Frente de Todos, no solo reacomodaron a laoposición. Le dieron una base para postergar por un tiempo las diferencias -quese arrastran desde los últimos meses de gestión de Mauricio Macri- y paraempezar a bosquejar un plan para 2021. Horacio Rodríguez Larreta está al frentede esa movida. Es el que junta las piezas. “Desde la más chiquita hasta lamás grande”, dicen los que juega en su equipo.

El alcalde invitó a almorzar a María Eugenia Vidal, MartínLousteau y Emilio Monzó. La charla pretendió ser secreta. Lo fue durante unasemana y dejó de serlo cuando trascendió que Vidal se había contagiado decoronavirus y tuvo que avisarles a todos los que se cruzaron con ella aquel díaen la Jefatura de Gobierno porteña. Un mal trago para Macri, que no estaba altanto. También para la cúpula de la UCR, siempre celosa del juego propio queexhibe Lousteau. El senador empieza a moverse muy en sintonía con RodríguezLarreta y Vidal, las figuras mejor cotizadas de la oposición. A ese esquema seacaba de acoplar Monzó, que fue -hasta caer en desgracia por pelearse conMarcos Peña y luego con la propia Vidal- el principal armador de Macri en elpaís.

El sueño dorado del jefe de Gobierno, inconfesable en estashoras de crecimiento fuerte de contagios de Covid-19, es ser candidato apresidente en 2023. Lousteau sería el elegido para pelear por su sucesión en laCiudad. Lo que no sería tan fácil es convencer a Vidal para que vuelva a pelearpor la gobernación. Pero todo ese debate quedará para más adelante. No hay 2023sin 2021, y de eso se habló en el almuerzo, después de una larga exposición deLarreta sobre las curvas de contagios y otras cuestiones relacionadas con lapandemia.

Los cuatro llegaron con una idea en común. Juntos por elCambio no puede ser eclipsado por las posiciones de Patricia Bullrich o MiguelÁngel Pichetto. Al contrario. “Debemos ir hacia el centro y ese debe serel mensaje”, se acordó en la cumbre de Parque Patricios. Acaso sinsaberlo, los cuatro coincidieron con lo que Elisa Carrió le transmitiría pocosdías después a Macri. Aquella charla telefónica del domingo pasado fuepresentada de manera cándida en las cuentas de Twitter de sus protagonistas. Nohabría sido tan amena por momentos. Macri sigue siendo un duro, mucho máscercano a Bullrich y a Pichetto que al espíritu que emana la ola larretista. Ya Carrió no es fácil contradecirla.

Lousteau y Monzó, que con distintos estilos han marcadodiferencias aun cuando Macri era presidente, consideran que las posicionesextremas son funcionales al kirchnerismo y suponen que existe un votante medio-escaso pero determinante- que oscila entre Macri y Cristina y que, así como en2015 inclinó la balanza en beneficio de Cambiemos, en 2019 lo hizo seducido porla supuesta moderación de Alberto. Irán por ellos.

Es el hueco que ve Rodríguez Larreta para dar pelea en las eleccionesdel año próximo. Pero esa estrategia está atada a si Macri es o no candidato.Allí radica otro dilema: el ex presidente no quiere volver a encabezar unalista que considera menor. El solo hecho de pensar en regresar a una banca enel Congreso le da náuseas. Pero una cosa es el deseo y otra la necesidad. Susamigos siguen de cerca la reforma judicial que comanda Cristina y le sugierenque no estaría mal que se hiciera de fueros.

La grieta había entrado en un compás de espera durante lapandemia y asomó de nuevo frente a Vicentin y a los cruces de Ciudad yProvincia por el endurecimiento de la cuarentena. La política tiembla.¿Resistirá el sistema sanitario? La cantidad de contagiados y de muertes crecedía a día. El pico, sin embargo, aún está por venir. Y en las calles surgenprotestas.

“Cambió el estado de ánimo de la gente y no por nadieen particular. Hay un hartazgo de la cuarentena y ese hartazgo llega cuando máshay que cuidarse y con una situación económica grave. Habrá que ver cuántopuede ir minando todo esto la imagen de los políticos”, dice FedericoAurelio. La consultora que preside, Aresco, registra un descenso en lapopularidad de Alberto, aunque depende qué parte del vaso se mire. El mediolleno: mantiene una imagen positiva que ronda el 65{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647}; el medio vacío: estaba en85{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} hasta hace algunas semanas.

“La pax de la pandemia ha llegado a su fin -dice elsociólogo y consultor político Enrique Zuleta Puceiro-. La incertidumbregeneral se acentúa y los desafíos vuelven a poner en apuros la capacidad deadaptación de las principales fuerzas. El efecto anestésico de la cuarentena hapasado y reaparecen los problemas que el proceso electoral dejópendientes”.

La efervescencia política está de regreso.

Comentarios

0 comentarios

Iniciá sesión con Google para comentar

Conectado como
Tu comentario se publicará al instante.

Sé el primero en comentar esta nota.

Te puede interesar