El viernes 25 y el sábado 26 tuvo lugar en Rosario la esperada reunión de la Convención Nacional de la UCR, cuya Mesa integro, sobre la cual veo por TV, escucho por radio y leo algunas descripciones que, sencilla y objetivamente, son falsas.Pareciera que triunfa la simplificación o la “necesidad” de crear noticias o dibujar situaciones no existentes, siendo la más corriente en estos días que tales deliberaciones “allanaron el camino para la candidatura de Lavagna”.
La verdad, que surge de las resoluciones aprobadas, es exactamente al revés, puesto que además de enviarse hacia un futuro más o menos cercano la reforma de la Carta Orgánica, se decidió, por aclamación, ratificar el papel de oposición que le asignó el pueblo al radicalismo, así como autorizar al presidente del Comité Nacional para que mantenga contactos con sectores claramente progresistas, con la posibilidad de una tarea en común, la que antes de concretarse, debe ser específicamente aprobada, en otra sesión plenaria de la Convención Nacional.
Nada de candidatura de Lavagna o cosa similar se mencionó siquiera en los debates y si alguno aludió a esa posibilidad no fue para exaltarla.
Algunos medios narraron, con imaginación, discursos en la Convención que jamás fueron pronunciados y dieron –a la vez– escasa o nula significación a la importantísima visita que hicieron los más altos dirigentes del Partido Socialista –el intendente de Rosario, el senador Giustiniani y el diputado Hermes Binner– que en la provincia de Santa Fe mantienen una clara y recta conducta política.
Sí es histórica esa presencia, pues –si no me equivoco– es la primera vez en 115 años, que hablan ante el máximo órgano de la UCR el secretario general y el futuro candidato a gobernador de un partido con afines ideales y ambos con una especial dedicación a los problemas del pueblo argentino, a punto tal que han conformado un frente programático que el año pasado triunfó en esa provincia.
El encuentro de Rosario no fue un encuentro rupturista, sino, por lo contrario, de ratificación de una línea histórica. Bien lo dijo el presidente del cuerpo, nuestro comprovinciano Adolfo Stubrin, en una exposición que muchos deberán leer para aprender, que “contaremos las bajas y apostaremos en esos sitios a los jóvenes”.
Jóvenes tiene la UCR, estudiantes, obreros, profesionales, desocupados por el neoliberalismo, que no fue traído por la UCR a la Argentina, ni implantado como pensamiento único y sembrador de miseria y de hambre.
En Rosario, el viernes pasado, un par de miles de jóvenes, en un estadio de básquet, se emocionaban ante las palabras del ex gobernador del Chaco, Ángel Rozas, y sobre todo por el ejemplo y las verdades que desde la tribuna, con la misma fuerza que desplegó contra la dictadura, surgían del emocionado discurso de Raúl Alfonsín.
La verdad, que surge de las resoluciones aprobadas, es exactamente al revés, puesto que además de enviarse hacia un futuro más o menos cercano la reforma de la Carta Orgánica, se decidió, por aclamación, ratificar el papel de oposición que le asignó el pueblo al radicalismo, así como autorizar al presidente del Comité Nacional para que mantenga contactos con sectores claramente progresistas, con la posibilidad de una tarea en común, la que antes de concretarse, debe ser específicamente aprobada, en otra sesión plenaria de la Convención Nacional.
Nada de candidatura de Lavagna o cosa similar se mencionó siquiera en los debates y si alguno aludió a esa posibilidad no fue para exaltarla.
Algunos medios narraron, con imaginación, discursos en la Convención que jamás fueron pronunciados y dieron –a la vez– escasa o nula significación a la importantísima visita que hicieron los más altos dirigentes del Partido Socialista –el intendente de Rosario, el senador Giustiniani y el diputado Hermes Binner– que en la provincia de Santa Fe mantienen una clara y recta conducta política.
Sí es histórica esa presencia, pues –si no me equivoco– es la primera vez en 115 años, que hablan ante el máximo órgano de la UCR el secretario general y el futuro candidato a gobernador de un partido con afines ideales y ambos con una especial dedicación a los problemas del pueblo argentino, a punto tal que han conformado un frente programático que el año pasado triunfó en esa provincia.
El encuentro de Rosario no fue un encuentro rupturista, sino, por lo contrario, de ratificación de una línea histórica. Bien lo dijo el presidente del cuerpo, nuestro comprovinciano Adolfo Stubrin, en una exposición que muchos deberán leer para aprender, que “contaremos las bajas y apostaremos en esos sitios a los jóvenes”.
Jóvenes tiene la UCR, estudiantes, obreros, profesionales, desocupados por el neoliberalismo, que no fue traído por la UCR a la Argentina, ni implantado como pensamiento único y sembrador de miseria y de hambre.
En Rosario, el viernes pasado, un par de miles de jóvenes, en un estadio de básquet, se emocionaban ante las palabras del ex gobernador del Chaco, Ángel Rozas, y sobre todo por el ejemplo y las verdades que desde la tribuna, con la misma fuerza que desplegó contra la dictadura, surgían del emocionado discurso de Raúl Alfonsín.
(*) Convencional Nacional de la UCR
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