25 de marzo ¡ Oh cuán dulce es el misterio de la vida! Canta un verso de una obra lírica italiana y expresa así la admiración con que el hombre contempla la realidad cierta de la procreación, obra del amor de un varón y una mujer, llamados el uno para el otro a la entrega total, indisoluble y fecunda. Misterio grande el de la vida humana, misterio del cual se sirve el mismo Cristo, Hijo de Dios, haciéndose hombre desde la concepción en el vientre de María Santísima, naciendo y creciendo al amparo de la Sagrada Familia de Nazareth, confirmando así que la vida es sagrada y que la familia, fundada en el matrimonio, ha sido constituida por Dios desde el principio del mundo como santuario de la vida. ¡Cuán hermoso es el misterio del amor humano, reflejo del Amor de Dios, ensombrecido tantas veces por nuestra soberbia, egoísmo y desesperanza, que nos hunden en la infelicidad!. Hagamos renacer la integridad y belleza de ser varón y mujer, llamados a complementarse, a compartir y no competir ni enfrentar, ni dominar.
Asombrémonos ante la sexualidad humana, expresión de voluntad de dominio de la razón sobre el instinto, de la entrega generosa sobre el egoísmo, don de Dios de brillante castidad y de fecundidad en el matrimonio. Florezcan las familias donde el verdadero amor suavice las asperezas del carácter, frene los impulsos desordenados, se desarrollan las virtudes, fortalezca la unidad de esposos, padres e hijos y sean generosos sin medida.
Celebremos la vida de todo ser humano concebido y amparado en el seno materno; regalo de Dios, poseedor del derecho humano a vivir, derecho primero, anterior y superior a cualquier otro, procedente de la misma naturaleza y por ello inmutable e inviolable. Derecho a la vida que se niega en forma abominable al manipular, cerrarle el paso, evitar que se implante el embrión humano o arrancarle la vida de un niño antes que nazca, sin que pueda decir ni hacer nada por su vida indefensa e inocente.
El ser humano concebido desde el primer instante de la fecundación, es punto de partida y centro de nuestra fe en la vida; esta viene del Creador y, por lo tanto, es bella, es siempre un bien y vale la pena vivirla, promoverla y defenderla. Y así no lo fuera, no tiene sentido mejorar las formas de convivencia si no se garantiza el vivir mismo; no puede el legislador, y el legislador católico en particular, formular o aprobar leyes contrarias a las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral, expresión de los más elevados valores de la persona humana y procedentes en última instancia de Dios, supremo legislador (Juan Pablo II, alocución al embajador argentino, 5 de marzo de 2004).
La fiesta de la Anunciación – Encarnación de Cristo hecho hombre en el seno de María Santísima – hace del día 25 de Marzo el Día del Niño por Nacer. Nada ha cambiado ni cambiará la voluntad del Creador de la naturaleza humana y ningún error, ningún pecado, ninguna ideología ni perspectiva; ningún engaño humano, pueden suprimir la estructura profunda del ser mujer y varón, capaces de amor auténtico y fecundo, custodios de la vida y constructores de una nueva humanidad donde el odio sea arrancado del corazón de los hombres y la Paz – don de Dios- se convierta en realidad.
Asombrémonos ante la sexualidad humana, expresión de voluntad de dominio de la razón sobre el instinto, de la entrega generosa sobre el egoísmo, don de Dios de brillante castidad y de fecundidad en el matrimonio. Florezcan las familias donde el verdadero amor suavice las asperezas del carácter, frene los impulsos desordenados, se desarrollan las virtudes, fortalezca la unidad de esposos, padres e hijos y sean generosos sin medida.
Celebremos la vida de todo ser humano concebido y amparado en el seno materno; regalo de Dios, poseedor del derecho humano a vivir, derecho primero, anterior y superior a cualquier otro, procedente de la misma naturaleza y por ello inmutable e inviolable. Derecho a la vida que se niega en forma abominable al manipular, cerrarle el paso, evitar que se implante el embrión humano o arrancarle la vida de un niño antes que nazca, sin que pueda decir ni hacer nada por su vida indefensa e inocente.
El ser humano concebido desde el primer instante de la fecundación, es punto de partida y centro de nuestra fe en la vida; esta viene del Creador y, por lo tanto, es bella, es siempre un bien y vale la pena vivirla, promoverla y defenderla. Y así no lo fuera, no tiene sentido mejorar las formas de convivencia si no se garantiza el vivir mismo; no puede el legislador, y el legislador católico en particular, formular o aprobar leyes contrarias a las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral, expresión de los más elevados valores de la persona humana y procedentes en última instancia de Dios, supremo legislador (Juan Pablo II, alocución al embajador argentino, 5 de marzo de 2004).
La fiesta de la Anunciación – Encarnación de Cristo hecho hombre en el seno de María Santísima – hace del día 25 de Marzo el Día del Niño por Nacer. Nada ha cambiado ni cambiará la voluntad del Creador de la naturaleza humana y ningún error, ningún pecado, ninguna ideología ni perspectiva; ningún engaño humano, pueden suprimir la estructura profunda del ser mujer y varón, capaces de amor auténtico y fecundo, custodios de la vida y constructores de una nueva humanidad donde el odio sea arrancado del corazón de los hombres y la Paz – don de Dios- se convierta en realidad.
SECRETARIADO DE LA FAMILIA Y LA VIDA ARZOBISPADO DE PARANÁ
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