Cuanto rechazo se puede comprar con la injustificable ignorancia de quienes desde la frialdad que representa un poder prestado sentencian con impunidad el destino de todos aquellos que tal ves sin saberlo son los verdaderos dueños de la razón.
Cuanta falta le haría a la supuesta civilización que algunos hombres humanicen si quiera un poco sus soberbias personalidades, por que bien es sabido que lo peor de la malaria no siempre termina siendo la miseria económica ya que esta es una mera consecuencia de la miseria humana que en estos últimos tiempos y por arrastre ha caracterizado a gran parte de un mundo convulsionado y en decadencia.
Pero si algo hemos logrado mediante la práctica de conductas vulgares e inadecuadas fue poner en vía de extinción el poder de asombro, es por esto que hoy día nos tomamos la licencia de asistir en forma inmutable a violentos espectáculos callejeros que muestran como la indiferencia y el dolor ajeno alimentan amarillentos y sensacionalistas rating televisivos.
Seria bueno que alguna ves nos preguntemos cuales son los límites a los que se puede llegar a someter al ser humano mediante el rigor que demandan ciertas leyes que solo hablan de excluir, castigar y poner mano dura al que menos tiene, hoy por la mañana la mayoría de los Argentinos fuimos testigos de cómo en un pueblo hermano de la provincia del chaco mas de un centenar de bestias uniformadas libraban batalla abierta contra un enemigo que en sus tropas alistaba niños, mujeres, ancianos y hombres desarmados e indefensos que solo reclamaban por lo algunos que nos consideramos justicialistas de Perón y Evita creemos un derecho social adquirido e irrenunciable, como tendría que ser el acceso por parte del estado a una vivienda digna para todos los bien paridos hijos de esta patria.
En cierta forma esta patética postal me traslado a tiempos no tan lejanos cuando en nuestra provincia, la policía de Montiel, Carbo y Ojeda ponía sobre el tapete todo el potencial de su aparato represivo para acallar el justo reclamo de aquellos que al fin y al cabo terminábamos siendo hijos y rehenes de la misma crisis.
Es penoso tener que pensar en la reconstrucción de una nueva Argentina donde la redistribución de la riqueza sea un poco mas equitativa y nos acerque a la justicia social perdida, si tenemos que convivir con este tipo de dirigentes y sus políticas retrogradas que anteponen el garrote a la inteligencia, mas aún si tomamos en cuenta que desde el gobierno nacional se dan constantes muestras de reivindicación a los derechos humanos mediante ejemplificadores castigos a quienes desde las sombras del terrorismo de estado sembraron viciosos males que aún parecen difícil desterrar.
Cuanta falta le haría a la supuesta civilización que algunos hombres humanicen si quiera un poco sus soberbias personalidades, por que bien es sabido que lo peor de la malaria no siempre termina siendo la miseria económica ya que esta es una mera consecuencia de la miseria humana que en estos últimos tiempos y por arrastre ha caracterizado a gran parte de un mundo convulsionado y en decadencia.
Pero si algo hemos logrado mediante la práctica de conductas vulgares e inadecuadas fue poner en vía de extinción el poder de asombro, es por esto que hoy día nos tomamos la licencia de asistir en forma inmutable a violentos espectáculos callejeros que muestran como la indiferencia y el dolor ajeno alimentan amarillentos y sensacionalistas rating televisivos.
Seria bueno que alguna ves nos preguntemos cuales son los límites a los que se puede llegar a someter al ser humano mediante el rigor que demandan ciertas leyes que solo hablan de excluir, castigar y poner mano dura al que menos tiene, hoy por la mañana la mayoría de los Argentinos fuimos testigos de cómo en un pueblo hermano de la provincia del chaco mas de un centenar de bestias uniformadas libraban batalla abierta contra un enemigo que en sus tropas alistaba niños, mujeres, ancianos y hombres desarmados e indefensos que solo reclamaban por lo algunos que nos consideramos justicialistas de Perón y Evita creemos un derecho social adquirido e irrenunciable, como tendría que ser el acceso por parte del estado a una vivienda digna para todos los bien paridos hijos de esta patria.
En cierta forma esta patética postal me traslado a tiempos no tan lejanos cuando en nuestra provincia, la policía de Montiel, Carbo y Ojeda ponía sobre el tapete todo el potencial de su aparato represivo para acallar el justo reclamo de aquellos que al fin y al cabo terminábamos siendo hijos y rehenes de la misma crisis.
Es penoso tener que pensar en la reconstrucción de una nueva Argentina donde la redistribución de la riqueza sea un poco mas equitativa y nos acerque a la justicia social perdida, si tenemos que convivir con este tipo de dirigentes y sus políticas retrogradas que anteponen el garrote a la inteligencia, mas aún si tomamos en cuenta que desde el gobierno nacional se dan constantes muestras de reivindicación a los derechos humanos mediante ejemplificadores castigos a quienes desde las sombras del terrorismo de estado sembraron viciosos males que aún parecen difícil desterrar.
Jorge Vazquez Arrieta
DNI: 26.628021 Juventud Peronista de Paraná
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