20 feb 2026
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Cómo seguirá la relación entre Kirchner y Bush

Tras la Cumbre de las Américas, la gran incógnita que se abre hacia el futuro es cómo quedará la relación bilateral entre la Argentina y los Estados Unidos, puesto que la discusión por el ALCA dejó a Néstor Kirchner un poco distanciado de George W. Bush y más cerca de Hugo Chávez, a quien la Casa Blanca considera uno de sus peores enemigos.
Más de un funcionario del Gobierno se preocupó por aclarar antes de irse de Mar del Plata que el Mercosur adoptó una postura “equidistante” de los Estados Unidos y Venezuela, en un intento por “desideologizar” la posición anti-ALCA y esquivar también la propuesta de Chávez de crear el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas).
Como sea, Bush se fue de Mar del Plata con la frustración de no haber podido imponer en Sudamérica –con todo lo que eso significa para una potencia como los Estados Unidos– el Área de Libre Comercio de las Américas, aunque la diplomacia norteamericana seguirá batallando en forma persistente y sabe que aquí estuvo a punto de doblegar al Mercosur.
No obstante, el bloque que integran la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay se mantuvo firme en su postura de no acceder al libre comercio continental hasta tanto Estados Unidos no deje de subsidiar sus productos agrícolas, mientras que la posición de Chávez contra el ALCA fue más ideológica que comercial, en la búsqueda de construir un proyecto alternativo.
“A nosotros no nos gusta que nos patoteen”, advirtió Kirchner en medio de la ronda de negociaciones, cuando arreciaba la embestida de los aliados de Bush –el mexicano Fox y el canadiense Paul Martín, entre otros– para tratar de que la Cumbre finalizara con una declaración conjunta que incluyera la aprobación del ALCA.
Lo dejó claro el propio presidente de los Estados Unidos: “Sería lamentable que este foro terminara sin una declaración acordada”, intercedió Bush cuando ya casi se estaba levantando de la mesa de negociaciones –en el hotel Hermitage marplatense– para emprender viaje hacia Brasil y luego a Panamá, antes de regresar a Washington.
En un momento la tensión llegó a tal extremo que el mexicano Fox tomó la palabra e intentó argumentar a favor del ALCA, pero Kirchner –que presidía el debate por ser anfitrión– le dijo que ése no era el tema que se estaba tratando y le cedió la palabra a otro Presidente.
Pero más allá de las rispideces que hubo entre Kirchner y Fox, que seguramente no incidirán en la vida de los argentinos, habrá que ver ahora cómo puede afectar al Gobierno la diplomática negativa de Bush a seguir ayudando al país ante el Fondo Monetario Internacional, sobre todo con las negociaciones que están por delante.
Palabras más, palabras menos, Bush dijo que el presidente Kirchner puede exponer ahora los avances de la economía nacional y tener la “mano más fuerte” para negociar con el Fondo, lo cual desactivó el pedido de ayuda que le había hecho el jefe de Estado argentino minutos antes.
También en esa reunión Kirchner utilizó palabras muy duras para referirse a los Estados Unidos, como “hegemónico”, algo que “sorprendió y decepcionó” a Bush y a la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, según deslizaron fuentes diplomáticas estadounidenses.
Kirchner justificó ahí mismo, frente a Bush, los adjetivos que usó, al asegurar que no le gustaba ser “alcahuete”, pero quedó flotando en el ambiente una sensación de incomodidad que más tarde se reflejaría en la cara del Presidente argentino durante el contacto con la prensa posterior a la reunión bilateral.“Lo que pasó aquí es que hubo momentos en que hablamos en voz demasiado alta”, comentó el presidente de Chile, Ricardo Lagos, tal vez el más conciliador de los jefes de Estado presentes en Mar del Plata, y el único que informó sobre el curso de las negociaciones frente a la ausencia de voces oficiales.
Más allá de las discusiones, algunas subidas de tono, la mayoría de las delegaciones coincidió en señalar que en Mar del Plata se dio un “verdadero debate entre los líderes”, algo que no suele suceder muy a menudo entre personajes que “viven en un mundo de protocolo”, graficó un diplomático extranjero.
Un párrafo aparte merece el caso de Hugo Chávez: el presidente de Venezuela dejó en claro durante esta Cumbre que es un opositor acérrimo de Washington, pero su estrategia de confrontación abierta –“venimos a Mar del Plata a enterrar el ALCA”, dijo ni bien llegó– amenaza con poner en aprietos a quienes pueden llegar a ser sus aliados, como pasó en esta oportunidad con la Argentina y Brasil.
Por lo bajo, en el Gobierno consideran “irracionales” algunos planteos de Chávez, aunque en este momento de verdadero “romance” con Kirchner, nadie se atrevería en el entorno presidencial a decir eso mismo en público.

Mariano Spezzapria

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