20 feb 2026
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No hay que “cambiar la forma de distribuir los alimentos"; hay que “redistribuir la riqueza”

Que niveles increíbles de desidia y de incompetencia hagan que toneladas de alimentos adquiridos con fondos públicos, destinados a los sectores más vulnerables de la población se venzan o se deterioren por la acción de roedores es inadmisible.
Que alimentos vencidos se hayan distribuido de todos modos, es también inadmisible.
Que se haya pretendido ocultar a la opinión pública lo que constituye un verdadero escándalo, es también inadmisible.
Que se pretenda de manera demagógica y populista hacer creer que el daño se repara con la “solidaridad” del gobernador y legisladores oficialistas es también inadmisible.
Que en una provincia que produce y exporta alimentos como pocas regiones en el mundo haya chicos desnutridos, es inadmisible.
Pero, de todos modos, lo anterior no debe hacer que el árbol nos tape el bosque.
El Lic. Jorge Kerz acaba de manifestar – como si hubiera descubierto la pólvora – que "hay que cambiar la forma de distribuir los alimentos".
Cambiar algo, emprolijar lo necesario, eliminar lo indefendible, … para que nada cambie.
Mucho más escandaloso que se hayan arruinado toneladas de alimentos es que haya entrerrianas y entrerrianas que necesitan imperiosamente esos alimentos para subsistir.
Por eso, no se trata de poner parches cosméticos. Se trata de cambiar en serio, de raíz. Se trata de redistribuir la riqueza.
En vez de la pléyade de programas nacionales y provinciales focalizados, que se superponen sin ton ni son, se puede pasar a un conjunto reducido de programas sociales universales, que redistribuyan la riqueza, y generen noción de ciudadanía y de vigencia efectiva de derechos humanos y sociales.
El Estado, en vez de adquirir alimentos que van a parar a galpones donde se vencen, debe destinar recursos a establecer una renta básica de ciudadanía, comenzando por los más débiles, por los “únicos privilegiados”, por los niños.
Cada niño entrerriano, independientemente de la condición laboral de los padres, tiene derecho a un ingreso mínimo, que le permita comer en su casa, con su familia.
Ese ingreso debería acreditarse de manera automática, sin intervención de “punteros” ni “gestores”, en una tarjeta de débito a cargo de la madre.
Las madres estarían obligadas a su vez a un conjunto de deberes básicos:
– Darle de comer a su hijo en su casa, cuidarlo, protegerlo, etc.
– Enviarlo a la escuela, hasta completar la EGB.
– Enviarlo periódicamente al centro de salud más cercano, y cumplir con el calendario de vacunación y demás pautas de atención primaria de la salud.
– En el caso de madres que no tengan la primaria completa, también deberían comprometerse a terminar sus estudios primarios y a participar en acciones de capacitación para la defensa de la familia (procreación responsable, prevención de accidentes, nutrición, educación para la salud, atención primaria ambiental, etc.)
Los beneficios serían múltiples:
– Miles de chicos entrerrianos volverían a comer en su casa, con su familia, como corresponde.
– Está demostrado por diversos estudios que las madres administran recursos escasos con mayor eficacia y eficiencia que el Estado, aún en términos nutricionales.
– Las familias tendrían un aliciente para enviar a sus chicos a la escuela y al centro de salud. Dos pilares de la inclusión social como son la educación pública, laica, gratuita y obligatoria, y la atención primaria de la salud, cobrarían de esta manera otra dimensión.
– Muchas madres que hoy se ven obligadas a tareas mal pagas, planes sociales improductivos y degradantes, podrían dedicarse de lleno a su obligación más trascendente, para ellas y para la sociedad, criar bien a sus hijos, para que sean mañana ciudadanos responsables, comprometidos y solidarios.
– Se eliminaría de raíz la indigencia en la población infantil entrerriana. Se podía el año pasado, con más razón se puede hoy, con una situación fiscal de bonanza que sin embargo no ha servido para que Concordia deje de ser la capital nacional de la pobreza.
– Se eliminaría la arbitrariedad, el clientelismo, el dispendio y el derroche que caracterizan hoy a tantos programas sociales “focalizados”.
Los conservadores van a decir que no se puede, que hay que esperar que el crecimiento económico se “derrame” desde abajo hacia arriba, para que algún día – vaya uno a saber cuando – llegue a los sectores más desposeídos.
Es mentira.
Se puede. Pero, para poder, hay que querer.
Recursos y tecnología social sobran en Entre Ríos. Falta voluntad política.
No se trata, como dice Kerz, de “cambiar la forma de distribuir los alimentos"; se trata de “redistribuir la riqueza”.-
José Antonio Artusi
Concepción del Uruguay, 12 de Julio de 2005

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