Wyngaard también advirtió que el balance negativo de nutrientes —es decir, lo que se extrae versus lo que se repone— agrava el problema, ya que se están “extrayendo nutrientes sin reponerlos”. En el caso del fósforo y el potasio, que son poco móviles, esta reposición es factible. Sin embargo, con nutrientes móviles como nitrógeno y azufre, no ocurre de la misma manera. “Si el cultivo no los aprovecha, se pierden”, explicó, y destacó que la mayoría de estos nutrientes está asociada a la materia orgánica del suelo.
Esta materia orgánica, a su vez, ha ido en descenso. Wyngaard indicó que en suelos vírgenes el promedio era del 4,3%, y hoy se sitúa en torno al 3,1%. “Una caída del 1% representa una pérdida en disponibilidad de nitrógeno que tiene un costo estimado de 96 dólares por hectárea para ser suministrado mediante fertilizantes”, afirmó. No obstante, incluso con fertilización, no es posible recuperar ese stock. “Si quiero aumentar el contenido de nitrógeno y azufre, debo incrementar la materia orgánica”, resumió.
Finalmente, Reussi Calvo recordó que no basta con gestionar adecuadamente los nutrientes. “La nutrición es un engranaje del sistema de producción, pero no es suficiente por sí sola”, afirmó. “No resolveremos los problemas de rotación de cultivos, densidad de siembra, malezas o manejo del suelo únicamente con nitrógeno”, añadió.
“La fertilidad de los suelos no es solo química: también es física y biológica”, puntualizó. Y concluyó: “Necesitamos datos, así como la capacidad de cambiar nuestra forma de pensar. Si no somos capaces de desaprender, será muy difícil cerrar la brecha de rendimiento y nutrición de los cultivos”.
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