La Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER) se
metió de lleno en el debate por la vuelta a las aulas, a poco más de un mes de
la fecha planteada por Bordet para el inicio del ciclo lectivo 2021, con un
comunicado en el que expresaron que “resulta imperioso que se realicen todos
los esfuerzos tendientes a recuperar la presencialidad en las escuelas de la provincia”.
A continuación, el comunicado completo:
En tiempos donde muchas veces se baja un discurso florido
sobre reivindicaciones, derechos, inclusión y tantos otros términos que abonan
un relato, hechos concretos de la realidad se dan de bruces con dicho entramado
lingüístico – político y lo transforman en muchos casos, sencillamente en
cartón pintado
De hecho, se puede gobernar de diversas formas: hablando y
excusándose en el pasado, buscando soluciones sin importar la historia
reciente, mirando al futuro, pero siempre se debe tener los pies sobre la
tierra. Decía el genial Inodoro Pereyra, invención gráfica de Roberto
Fontanarrosa que era “difícil hablar del futuro cuando el presente está tan
presente”.
Justamente vivimos el hoy y la pandemia nos pegó un
cachetazo en 2020 que en algunos aspectos fue demoledor. Independientemente del
sanitario, que es el ítem que marca la cancha, las asimetrías que dejó el ciclo
escolar debieran hacernos reflexionar y buscar mecanismos que dejen de
ensanchar la brecha entre nuestros niños y jóvenes.
Ha quedado claro, más allá de los silencios y los
maquillajes, que muchos alumnos del sistema educativo entrerriano perdieron el
año escolar. Zonas rurales, islas y barrios pobres fueron los más perjudicados.
En ese marco, urge que gremios y gobierno provincial se reúnan para delinear
las clases que se avecinan.
Sin obviar la cuestión sanitaria, resulta imprescindible que
los chicos vuelvan a la presencialidad. De manera normal o bajo los mecanismos
alternativos que puedan surgir, que los alumnos vayan a la escuela debiera ser
uno de los temas que más importancia, ideas e interés ocupe en la agenda del
Estado entrerriano.
No podemos hacernos los distraídos. Gobierno, legisladores,
gremios, dirigentes, docentes, padres, todos, tenemos que hacernos cargo, en
mayor o menor medida, de cómo resolvemos esta intrincada coyuntura.
No es aceptable de ninguna manera, que un país y una
provincia con enormes desigualdades económico sociales que necesita
imperiosamente de la mano de la educación, se den el lujo de planear un
calendario escolar para los chicos con mayores ingresos y siga postergando a
otros con menores recursos.
Las clases virtuales, que pueden haber llegado para quedarse
en algún sentido, fueron una herramienta necesaria, pero en ningún caso puede
ser la única. Este formato deja afuera a miles y miles de estudiantes ya que
excluye, discrimina, condena y es profundamente injusto. La presencialidad es
imprescindible.
Por todo esto, no puede pasar un día más sin que los
principales actores comiencen a consensuar estrategias que desemboquen en una
vuelta a las aulas. No hay nada más democratizante e igualador que la escuela,
pero no en la mirada y la puesta en práctica como la vimos en 2020. Eso fue
-tal vez producto de lo inédito de la situación- un ensayo que no podemos
repetir. Hoy contamos con más experiencia y cierto tiempo para ser previsores.
Sumar un año más sin aulas, para muchos puede ser más de dos años sin clases,
puede ser la exclusión definitiva del sistema educativo y una hipoteca grande
de su futuro.




Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.