Pero yo, señor presidente, no voy a hablar de cuestiones ambientales ni jurídicas, porque no soy especialista en ninguno de los dos problemas. Pero sí hablaré sobre el perjuicio para un pueblo, el perjuicio para el pueblo de Gualeguaychú, mi pueblo, donde viví toda mi vida, donde vivo y constituí mi familia. Es un pueblo que fue siempre muy sacrificado y un pueblo que, a través del tiempo, fue madre de sus propias obras. Y voy a hacer un poco de historia, si usted me permite, presidente. Gualeguaychú era un pueblo antiquísimo. Antes de que nosotros fuéramos República, Gualeguaychú fue fundado el 18 de setiembre de 1783. Va a cumplir 223 años de vida. Y en ese entonces Vértiz era virrey del Virreinato del Río de La Plata. El fue quien emitió una bula a un agrimensor nicaragüense que había estudiado en España, que se recibió de ingeniero, para que viniera a fundar pueblos en todo un país que recién se estaba explorando. Evidentemente, como en ese tiempo las comunicaciones prácticamente eran solamente por agua, así llegó a Gualeguaychú Don Tomás de Rocamora que fue el fundador del pueblo. Y fundó un pueblo en donde ya había en ese entonces una pequeña población, un pequeño villorio, como decíamos nosotros. Y ese pueblo tuvo algo de adelanto mientras las comunicaciones se manejaron por agua. Pero el mundo progresó, el mundo tuvo adelantos y, entonces, la naturaleza le puso algunos barreras a Gualeguaychú. Eramos una isla; hay que entender que la Mesopotamia argentina es una isla. Estamos rodeados por el río Paraná y por el río Uruguay, aunque parece que estamos en un continente, pero solamente en un pequeño espacio territorial, en Misiones, en Bernardo de Irigoyen se unen las tres provincias de la Mesopotamia argentina con el territorio brasileño en un espacio de ocho o diez kilómetros. Y Gualeguaychú tenía adversidades. Mirábamos los mapas y no alcanzábamos a doscientos kilómetros de esta gran urbe, de la Capital Federal, pero teníamos dos ríos que en ese tiempo era imposible vallarlos, el Paraná y el Uruguay. Y la gente de Gualeguaychú un día dijo: "Tenemos que superar esto, tenemos que superar esta barrera." Vegetamos casi cien años y después nos dispusimos a superar esta barrera y se formó una comisión de vecinos en Gualeguaychú y, entonces, estudiamos la posibilidad de hacer una carretera y hacer los dos puentes sobre el río Paraná: el Paraná Guazú y el Paraná de las Palmas. Esa gente para llegar a eso tuvo que hacer muchos kilómetros, comprometer a toda la Mesopotamia y lo hicieron de su peculio personal. Visitaron gobernadores de las tres provincias; visitaron intendentes y por fin un día se juntaron todos en Gualeguaychú, hicieron una gran asamblea pública y asistió en ese momento el señor ministro de Economía de la Nación, el doctor Krieger Vassena y se hizo el acta de Gualeguaychú donde el gobierno nacional aceptaba hacer estos puentes. Y parecía que era una misión cumplida pero Gualeguaychú preguntaba: ¿Y después de los puentes qué? ¿Qué va a pasar después de los puentes? Va a venir una ciudad de diez millones de habitantes a ordenarnos qué es lo que tenemos que hacer. Tenemos que ser nosotros mismos los que tenemos que saber qué es lo que va a pasar. Y se reunieron todas las instituciones de Gualeguaychú y entre todas crearon una institución madre que se llama La Corporación de Tres Arroyos, y dijeron qué es lo que tenemos que hacer y los puentes avanzaron en su construcción, y con esa institución madre tenemos que hacer algo, en principio definir un parque industrial.Todo el comercio y el pueblo de Gualeguaychú aceptaron que a través de una donación municipal se subiera un 20 por ciento la tasa de comercio para darle una economía propia a esa institución madre. Todo el mundo solidariamente lo aceptó. Esa institución madre empezó a caminar y compró un predio de 140 hectáreas a la vera de lo que es hoy la ruta 14. No se tenía la plata suficiente, pero los hombres que conformaban ese consejo de administración dieron sus avales personales para pagar ese predio. Hoy ese predio como parque industrial está dotado de todas las mejoras y todo lo que puede pretender un parque industrial, incluso están pavimentadas sus calles interiores y tiene su propia empresa de gas. Actualmente hay casi veinte empresas instaladas y mil personas trabajando.Pero empezamos a notar que también venía gente a conocer nuestros pagos y lo que hacíamos, o sea, eso que se llama turismo. Entonces, algo debíamos hacer para que esa gente viniera a Gualeguaychú y tuviera turismo.Esa institución madre habló con diez instituciones deportivas muy pequeñas, de barrio. Gualeguaychú tiene -es bueno decirlo- una idiosincrasia especial, y yo lo digo un poco jocosamente: somos muy carnavaleros. Desde hace años que hacemos este festejo, que es una copia a los uruguayos, porque nuestro carnaval cuando empezó eran las murgas y el candombe también, como ellos.Nosotros teníamos que superar ese carnaval. A esas diez instituciones deportivas de barrio, yo diría muy modestas, se les dijo que formaran una sociedad y se les dijo que había que superar ese carnaval, que teníamos que hacer un carnaval espectáculo.Así fue que esas diez instituciones se asociaron y formaron lo que es hoy el carnaval del país. Eso lo dicen todos los medios, no nosotros.Hoy tenemos entre 40.000 y 50.000 turistas todos los fines de semana en estos meses de enero y febrero. Eso lo hizo el pueblo de Gualeguaychú.Tampoco teníamos alojamiento para toda esa gente. Entonces, se convocó al pueblo para que anotaran sus casas de familia para albergar turistas. A su vez, les servía económicamente para mejorarlas. Hoy en día tenemos en Gualeguaychú 12.000 camas anotadas en casas familia y se hicieron muchos hoteles, pero igualmente no nos alcanza.Este es el esfuerzo de un pueblo.Este carnaval hoy en día está dejando mucho dinero, está dejando mucha plata, como decimos nosotros. La conformación con la que se inició el proyecto es la misma. Los socios siguen siendo los mismos diez clubes. Hoy es una organización en marcha. Estos clubes han invertido muy bien. Quisiera mencionar a dos instituciones. El Club Central Entrerriano, el dueño de esa comparsa que todo el mundo conoce, Mari- Mari, hoy tiene un equipo de basquetbol que está disputando la Liga Nacional de Básquetbol de esta República y hoy se posiciona en el quinto lugar. Además, ha hecho un estadio fabuloso de básquetbol y tiene un instituto privado de enseñanza media que maneja el propio club, allí en su sede en Gualeguaychú, donde asisten a estudiar cerca de 600 alumnos. Y el único requisito que establece el club para admitir a los alumnos es que sus padres o tutores sean socios; no hay otro.Voy a citar otro ejemplo, más allá de que todos los clubes hacen prácticamente lo mismo. El Club Juventud Unida hoy está disputando el fútbol de ascenso de la liga nacional de fútbol de la Asociación del Fútbol Argentino, que también tiene un instituto secundario con orientación deportiva con más de 400 alumnos. Allí también se establece como único requisito que los padres o tutores sean socios de dicho club. En mi pueblo, en Gualeguaychú, prácticamente no tenemos desocupación. Al contrario, cuando viene la época del Carnaval, nos faltan brazos. Todo el mundo trabaja en este evento; los clubes tienen sus socios y directivos y todo el mundo trabaja en esto. Además, todos cobran por trabajar, lo cual me parece muy bien, porque trabajan por el club y se llevan unos pesos a sus casas; y han mejorado sus casas. Ellos sacrifican sus casas durante dos meses, pero viven confortablemente bien durante los otros diez meses del año.Señor presidente: no quiero ser muy extenso. Tendría muchas cosas para decir, pero no quiero cansar a mis pares. Hay muchos oradores anotados todavía.Pero quiero decir también que la naturaleza algo nos regaló. Nos puso ciertos obstáculos, pero los superamos; el pueblo los superó. Pero nos regaló algo: a 15 kilómetros de la Ciudad de Gualeguaychú, río abajo de nuestro río Gualeguaychú, este río desemboca en el río Uruguay, y éste hace en esta desembocadura una ensenada muy grande, tremenda, un espejo de agua espectacular.El río Uruguay tiene de ancho en ese lugar 10 kilómetros, 10.000 metros. Y el canal del río está sobre la costa uruguaya, a 500 metros de la margen izquierda del río, que es la República Oriental del Uruguay. Y nosotros, en los 8 o 9 kilómetros que sobran, tenemos un espejo de agua y una playa, que constituye la playa de agua dulce más grande que tiene la República Argentina. Y por más que esos terrenos y esas playas sean privados, sus dueños los explotan muy bien. Todo el mundo tiene acceso a ellos, con una pequeña entrada y también pagando sus carpas, sus casas rodantes o sus bungalows. Allí existen todos los servicios que se puedan pedir: sanitarios, una enfermería permanente -las 24 horas- una ambulancia y los bomberos, por cualquier eventualidad. Esa playa es atendida por 50 personas.En estos días, a veces hay diez mil, doce mil o trece mil acampantes, y si se suma la gente del pueblo que gusta de ir a esa playa, se llega cómodamente a los veinte mil bañistas. Este es el regalo que nos dio la naturaleza.Pero, señor presidente –siempre hay un pero–, a cuatro kilómetros de esa playa nos están construyendo las papeleras.Entonces, digo si se justifica que el pueblo de Gualeguaychú se autoconvoque, que salga a la calle y que defienda lo que ha hecho y lo que la Naturaleza le regaló.Por eso, Gualeguaychú ha tomado esta actitud. Y a Gualeguaychú nadie le pidió que saliera a defenderse, ni nadie le dijo que había que hacer lo que se está haciendo. Fue el pueblo el que decidió autoconvocarse un día. Y ese día, el 30 de abril del año pasado, arriba del puente internacional General San Martín, ubicado a veinte kilómetros de la ciudad, hubo casi cincuenta mil personal.Entonces, señor presidente, pregunto si hay derecho a que este país, que antes que nadie los entrerrianos llamábamos hermano, nos haga prácticamente esta ofensa y prácticamente nos provoque de esta manera.Señor presidente: tendría que decir algunas cosas más. Pero porque soy un legislador nacional, por mi pueblo, mi provincia y mi país no las puedo decir aquí. Y tengo la cautela de callarme la boca. Pero Gualeguaychú va a seguir luchando y trabajando para ser el pueblo que es y por el sacrificio que puso durante doscientos y pico de años de vida.Sobre eso, señor presidente, algún día tendrán que darnos la razón.
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