Alguna vez leí un texto de Bertold Brecht que
“las palabras y los conceptos, ya no tienen prácticamente conexión alguna con
los hechos y las situaciones que designan…”. Me pareció que esa reflexión
simboliza, a mi modesto entender, la discordancia entre lo que dice el gobierno y la realidad
que vivimos. Si contemplamos las palabras y discursos que acaparo la atención
en estos cinco meses de impronta libertaria, estoy seguro que hay algo de
cierto con lo que denunciaba Brecht.
“El psiquiátrico” (como lo define Jorge Asís a
Milei), supo instalar el designio que con “las fuerzas del cielo” va a
establecer un sistema de crecimiento sin un “Estado criminal y políticos
ladrones”.
Esto lo instrumentó con palabras, conceptos ambiguos y
construcciones mentales abstractas, que le resulto particularmente rentable en
campaña. Una vez gobernando, sigue con la verborragia incoherente, violenta,
cargada de odio y mentirosa constituyendo una liturgia muy peligrosa no por su
ampulosidad sino por su investidura.
Milei no solo desreguló la economía también
liberalizo la razonabilidad de la palabra política. Nunca como con Milei la
función política del lenguaje presidencial adquirió tanta violencia,
perversidad y audacia. La construcción de los argumentos de Milei se ajusta a pie
juntillas la de su mentor Murray Rothbard, quien elabora su teoría económica de
manera deductiva, prescindiendo de la realidad y datos estadísticos por ser
irrelevantes para el funcionamiento económico.
La pregunta obligada es, si las
estadísticas y la realidad poca importancia tiene para el análisis, ¿hasta qué
punto es realista la visión apocalíptica que tiene acerca del déficit de las
cuentas públicas? ¿hay superávit fiscal en serio? ¿De dónde surge que la
economía ya está teniendo una recuperación, baja la inflación y que los
salarios le están ganando a la inflación?
La realidad y los datos del INDEC, muestra que
la retracción de la industria es generalizada. Los 16 sectores que evalúa
presentaron caídas interanuales. La utilización de la capacidad instalada de la
industria se ubica en el 50%. Algo “que no la ve el presidente”; en marzo la
industria cayó 21,2% y la construcción, 42,2%, produciendo despido de miles de
trabajadores.
Otra alucinación de Milei. El RIPTE que mide el
salario de 10 millones de trabajadores formales público y privados (entre
diciembre y marzo), señala que subieron el 58% mientras la inflación en el
mismo periodo fue del 90%.
Lo que no explica Milei es que la inflación la
disparo al doble desde que asumió, para luego decir que la está bajando, pero
no aclara desde donde la subió. Todas las mediciones de inflación del gobierno
anterior, fueron menores que las de Milei, y tenemos que escucharlo decir que
nos salvó de una hiperinflación del 17 mil por ciento.
La semiótica del gobierno nos está llevando a
una situación de mayor oscuridad con consecuencias todavía no valorada en su
total magnitud para el pueblo. Siempre el ocultamiento fue, es y será un
componente constitutivo del poder. Milei, Caputo, Sturzenegger y los
empresarios, no confiesan sus herramientas por el cual encaminan al país.
La ley de Bases y de Medidas fiscales, tiene
incontables aristas para analizar. Esto implica un compromiso explícito de la
dirigencia opositora, para que como sociedad veamos lo que tenemos que ver, no
lo que nos dice que debemos ver. Es un llamado de atención para la oposición
que no evidencia que nada es creíble en este simulacro de realidad.
El
peronismo tiene un déficit tremendo en la construcción de una narrativa que
contribuya a clarificar al 50% de la población que apoya a la depredación de
riquezas y derechos.
Las palabras volaban en el Congreso y la
realidad desnuda cinismo. Durante el tratamiento de la ley de Bases, pudimos
apreciar encendidas arengas de los diputados de la oposición “amigables” como
la de Rodrigo de Loredo, jefe de la bancada de la UCR, tan cínico como
contradictorio, que, a pesar de cuestionar muchos capítulos de la ley (que sus
contenidos no conocen los ciudadanos), voto a favor y fundamento que votaba a
favor del pueblo no de Milei.
Si efectivamente, es verdad que voto a favor,
pero voto a favor del proceso de despojos de derechos, de entrega de nuestras
riquezas a favor de los grupos económicos nacionales y transnacionales. De
Lodero y los diputados que lo acompañaron, tiraron al tacho de basura el
espíritu que permeo el conjunto de actitudes y valores, del Radicalismo.
Con Stolbizer pasó algo similar, se oponía a la
delegación de facultades, privatizaciones, al cierre de CONICET, es más, puso
en dudas la redacción del proyecto. Y, voto en general.
El cinismo incomprensible de Cristian Ritondo y
Silvia Lospennato decían que el PRO, que padecen una crisis de identidad,
votaría a favor “sin culpas, satisfechos, contentos”, aunque aclaró que no
forman parte del oficialismo.
Las intervenciones de los diputados de LLA,
Benegas Lynch y Lilia Lemoine, por lo extraordinario lo comparo con las de
William Shakespeare, autor de alguno de los discursos más famosos jamás
pronunciado. Vergüenza deberíamos darnos estos representantes del pueblo. El
trasfondo de los discursos de los legisladores “amigables” es la crueldad, la
insensibilidad.
La realidad es siempre concreta. Nos invita a
mirar más allá de las generalidades y los conceptos abstractos para encontrar
la verdad real y auténtica. Entendamos que las palabras que no van seguidas de
hechos no valen nada. Solo son consignas para vaciar la razón.
(*) Ex diputado provincial
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