19 feb 2026
OPINIóN

El DNU y la Ley Ómnibus van en sentido opuesto a los principios de Urquiza Y Alberdi, próceres de la organización nacional

El DNU y la Ley Ómnibus van en sentido opuesto a los principios de Urquiza Y Alberdi, próceres de la organización nacional
MO
Martín Oliva (*)
17 enero 2024

Queridos
entrerrianos y entrerrianas, como ciudadano de “La Histórica” Concepción del
Uruguay me veo en la obligación de advertir que, desde mi humilde mirada
personal, veo necesario remarcar que los aspectos que se buscan evocar y hacer
referencia para justificar las recientes medidas del gobierno nacional asumido
el último 10 de diciembre, van en el sentido opuesto a los principios que
guiaron a nuestros próceres durante el proceso de Organización Nacional.

En el año 2022, la Legislatura de la
provincia de Entre Ríos, declaró a Concepción del Uruguay como “Ciudad
Cuna de la Organización Nacional” mediante ley N° 10.971. A su vez, presentamos
un proyecto en el Congreso de la Nación con la misma intención. Los y las
uruguayenses somos portadores del legado de los principios de Urquiza, quien a
su vez es legatario de Artigas y de Ramírez.

Escuderos de los valores de la
Constitución de 1853, aquella que fuera gestada y defendida en nuestras
tierras. Somos herederos de los miles de hombres y mujeres de todo el litoral
que dieron su vida en Caseros y de los vecinos que lucharon en nuestra ciudad
aquel 21 de noviembre para defender el Congreso Constituyente de Santa Fe.
Somos parte de una historia ligada al imperio de la ley, las instituciones y la
libertad.

Hoy, ante los hechos de público
conocimiento es momento de ser claros. El Presidente de la Nación y su equipo
suelen usar el nombre del insigne Juan Bautista Alberdi para, supuestamente,
inspirar su accionar.

Por eso es bueno el momento para recordar lo que decía
Alberdi. Porque no podemos permitir que aquellos valores y premisas que guiaron
a nuestros próceres como Urquiza, Ramírez y el mismo Alberdi –que le dedicó,
nada menos, su libro “Bases” al General entrerriano– sean transgredidos
incumpliendo la voluntad de nuestra ley suprema: la Constitución Nacional,
aquella que nos rige como argentinos y argentinas hace más de 170 años. El
diálogo, los consensos y la armonía son los valores que deben guiarnos para
construir una Argentina mejor. No es la imposición ni la falta de respeto el
camino.

Quiero enfatizar en esta idea, que
no es mía, que es de autoría de aquel gran tucumano que contribuyó al rumbo
luminoso de la organización nacional.

Por eso me permito citar un párrafo del
gran Alberdi, para corroborar cómo un mal que creemos nuevo, está en realidad
en la raíz de nuestra propia historia: el mal de quienes abusan de las palabras
sin consistencia con su misma conducta. Dice Alberdi, en su madurez,
reflexionando sobre lo que vio y vivió:

“El
liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que
no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la
disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la
muerte (…) No es liberal el que no sabe respetar a su contradictor, su
refutador, su disidente.

La libertad, en su sentido más práctico, es la
contradicción, la refutación, el disentimiento, el veto de cada ciudadano,
opuesto a los actos del poder, no el veto del poder puesto la sanción de la
opinión, que es la ley de las leyes, la luz de la Constitución”

[1] 

El disidente como enemigo, la
disidencia como guerra. La libertad, como palabra hueca. No podemos aceptarlo.
No es admisible que un siglo y medio después de que Alberdi escribiera estas
palabras, quien encabeza el Poder Ejecutivo nacional siga pensando y actuando
de ese modo. Imponer, presionar, abrogar las leyes por decreto, no son en
absoluto el camino que Alberdi y Urquiza pregonaron.

Las necesidades y urgencias existen,
sobre todo en los más desventajados de nuestras comunidades, y sobre todo en
quienes más sufren, pero para afrontarlas necesitamos tres elementos que
brillan por su ausencia en el DNU y en la llamada Ley Ómnibus: primero,
compromiso con nuestras leyes máximas; segundo, confianza en el diálogo social
y político como herramienta de la democracia; y tercero, una firme convicción
para cumplir con los mecanismos institucionales que corresponden.

Solo así vamos a avanzar en la
construcción de una Nación más equitativa, libre y con bienestar para todos y
todas.

 

[1] J. B. Alberdi, Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los
hombres y las cosas de Sudamérica. Tomo X. Imp. Cruz Hermanos, Buenos
Aires, 1899. Páginas 155 a 157

(*) Senador por el departamento Uruguay

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