La Unión Cívica Radical, que nació del clamor de tres
revoluciones, 1890, 1893 y 1905, abrazó siempre la causa nacional y popular, y
en esta instancia que se vive, decidió, a través de su Comité Nacional,
manifestarse prescindiendo de lo que son las opciones electorales en este
ballotage.
En lo personal pienso, y en ese sentido están escritas mis
palabras, que el Comité Nacional hizo lo que correspondía. Adhiero a las
palabras de quien fuera ministro de Trabajo, diputado de la Nación y candidato
a gobernador de la provincia de Buenos Aires, mi amigo, el doctor Juan Manuel
Casella, que manifestó que un partido político debe pronunciarse y tratar de
incidir en la conciencia y en la opinión pública.
El partido hizo lo que tenía que hacer, pero cada uno de los
radicales, en el cuarto oscuro y democráticamente, decidirá cuál es la mejor
opción.
Si Massa y el peronismo no hicieran táctica permanente y
hubieran convocado públicamente a un compromiso electoral de políticas de
Estado, el radicalismo, justamente en el momento en que celebramos 40 años de
continuidad democrática, debería haber aceptado el debate y firmar un acuerdo
nacional como del que ahora está hablando Massa.
Hubiésemos podido establecer un compromiso electoral
profundo, similar a lo que fue en su momento el Pacto de la Moncloa, en España,
y de ese modo comprometer al actual gobierno, en este caso a Massa, para que
los desaguisados que se han hecho, las cosas que se han resuelto mal y las
penurias que está pasando el pueblo no se prolonguen más. Es decir que
hubiéramos tomado una posición mucho más categórica. Esto no ha sido posible,
pero respeto lo resuelto por el Comité Nacional aunque creo que como
organización política teníamos mucho para dar.
Creo que el gobierno y en este caso Massa, que sigue jugando
demasiado a la chiquita, debió hacer una convocatoria amplia, en tiempo y
forma, para lograr la adhesión de la Unión Cívica Radical como partido.
No se ha dado la instancia de apuntar a un compromiso
electoral que rectificara todos los errores que cometió el peronismo, pero no
podemos nosotros, la radicales, terminar siendo los responsables de esta
situación planteada. Mucho menos podemos, obviamente, ser cómplices de la
oferta electoral de Milei, que deja muchas dudas sobre la continuidad
democrática, ha agraviado al radicalismo y lleva como vicepresidenta a una
mujer que reivindica las peores horas de la dictadura que sufrió la Argentina
entre 1976 y 1983.
Además de ofender la figura de Alfonsín, Milei hasta llegó a
manifestar que Hipólito Yrigoyen fue el primer populista. Conclusión: lamento
profundamente que la dirigencia política del peronismo no haya hecho la
convocatoria necesaria para este tiempo y para estas circunstancias.
Los 40 años de continuidad democrática que estamos
conmemorando los argentinos merecen mayor respeto, en lugar de dejar la
situación librada al azar, frente a propuestas electorales en la cual la
continuidad democrática no está garantizada, como ocurre en el caso de Milei.
(*) Diputado provincial electo
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