21 feb 2026
OPINIóN

Malvinas y el Brexit

Malvinas y el Brexit
DM
Dr. Miguel Ángel Martínez (*)
09 enero 2023

Lejos de pretender analizar en profundidad las razones que
llevaron a que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte dejaran de
ser Estado Miembro de la trabajosamente constituida Unión Europea, para pasar a
tener en la actualidad la consideración de tercer estado, resulta útil
reflexionar sobre las consecuencias generales y particulares que respecto a los
intereses argentinos, tal decisión trae aparejada.

El proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea,
conforme los términos del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, conocido
como Brexit, acrónimo de dos palabras en inglés: Britain (Gran Bretaña) y exit
(salida), se concretó el 31 de enero de 2020 y partir de ese momento, el Reino
Unido dejó de disfrutar de los derechos y obligaciones que tenía como Estado
Miembro de la Unión Europea.

Entre los derechos que pierde Gran Bretaña al dejar de ser
miembro de la Unión Europea, reviste particular interés para nuestro país,
aquel que le permitía beneficiarse con la normativa de la Unión Europea dictada
en relación a los Territorios de Ultramar. En el caso del Reino Unido estos
comprenden por una parte una extensa área del Atlántico Sur, sobre la cual la
República Argentina tiene justificados y reconocidos derechos, en tanto que la
otra es la referida a Gibraltar.

Los Territorios de Ultramar dentro de la legislación europea
tienen tratamiento en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea
(TCCEE) de 1957, que estableció en la Parte IV de dicho tratado (Arts. 131 y
subsiguientes), el propósito de la asociación entre la UE y los Territorios de
Ultramar, que es “promocionar el desarrollo económico y social de los países y
territorios y establecer relaciones económicas cercanas”.

Además y en el mismo
sentido, la Unión Europea fue dictando y modificando una sucesión de tratados
cuyas disposiciones fueron de aplicación para las Islas Malvinas a partir de
1973, al producirse el ingreso del Reino Unido a la Unión Europea y formar
parte del bloque continental europeo.

Como consecuencia de ello se vieron beneficiados los
Territorios de Ultramar bajo la dependencia británica, lo que trajo aparejado
que a fines de la década del 80, los vínculos comerciales entre Malvinas y
Europa se incrementaran en forma notable.

Cabe reiterar que, si bien todas estas disposiciones del
Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea fueron de aplicación para las
Islas Malvinas desde el ingreso mismo del Reino Unido al bloque, debió
transcurrir más de una década para que los vínculos comerciales entre Malvinas
y la Europa no británica, comenzaran a incrementarse notablemente, con evidente
saldo comercial favorable a la economía insular, ello debido a los privilegios
y beneficios otorgados a sus productos por las disposiciones del Tratado y
sucesivas disposiciones de orden legal, que escasamente gravaban y hasta
reconocían precios preferenciales entre otras a la actividad pesquera, hasta
entonces escasamente explotada y que tiene en la actualidad tal desarrollo, que
hasta justificó la creación de una flota pesquera propia, que sumó ingresos a
la economía de las Islas, al igual que la tradicional exportación de lanas,
actividades agropecuarias y exportación de carne ovina, también beneficiadas.

Sin duda que, como consecuencia del Brexit, los isleños ya
no podrán comerciar en los mismos términos que antes lo hacían con Europa y el
resto del mundo y lógicamente su economía se verá profundamente afectada por la
pérdida de los ingresos que obtenían por el hecho de ser considerado su
territorio, parte de la Unión Europea.

Aquí cabe agregar que para colmo, Malvinas tiene un acceso
insignificante a otros mercados distintos al europeo, en particular y
especialmente al mercado sudamericano, debiendo reconocerse en este último
caso, que ello se debe a razones estrictamente políticas como consecuencia del
diferendo de Gran Bretaña con Argentina, quién estratégicamente y haciendo
valer la comunidad de intereses con la hermandad latinoamericana, supo por un
lado comprometer al resto de países sudamericanos con los derechos que nuestro país
esgrime y por el otro, poner en cuestión la recalcitrante actitud del Reino
Unido de no sentarse a negociar con nuestro país la cuestión Malvinas, pese a
las recomendaciones que Naciones Unidas dictara el respecto, lo cual no fue
bien visto por la comunidad hispanoamericana y el resto de los países.

Sin ninguna duda que la decisión de Gran Bretaña de salirse
de la Unión Europea simbolizada por el retiro de la bandera del Reino Unido de
las instalaciones del Parlamente Europeo, el día 31 de enero de 2020, produce
consecuencias de toda índole, que se agravan tratándose de los llamados
Territorios de Ultramar, sobre los cuales el bloque europeo anunció que dejará
de reconocerlos como integrantes, por lo que los mismos pierden los ingentes
beneficios económicos que tenían hasta ese momento y que han llevado a que la
renta per cápita de los pobladores de nuestras Malvinas, sea mayor que la de
los habitantes de Gran Bretaña, debiéndose agregar además, que pierden las
cuotas de acceso, rebajas arancelarias y los recursos que la Unión Europea
generosamente proveía para desarrollar la economía isleña, principalmente
pesquera, actividad principal de las Islas, que es extremadamente dependiente
de la pesca, de forma tal que equivale al 60% del PBI local.

Por otra parte debe tenerse en cuenta que la posición
oficial de nuestro gobierno, es la de considerar que el gobierno de las Islas
ejerce la explotación ilegal de los recursos, por lo que eventualmente podría
emprender “acciones legales” contra “las actividades no autorizadas” de
“explotación de recursos naturales”, lo que es suficiente para desalentar las
actividades comerciales de terceros países con las Islas, más aún cuando el ex
canciller Felipe Solá, en representación del gobierno argentino y en su
carácter de presidente protempore del Mercosur, solicitó que en las
negociaciones de la UE con el Reino Unido, ocurridas después del Brexit, se
considere a las Malvinas como zona en litigio y no como territorio de ultramar
del Reino Unido, con lo que una respuesta satisfactoria, si bien no implica un
reconocimiento a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y su
archipiélago, podría generar las condiciones para un cambio de posicionamiento
europeo respecto del reclamo argentino con la consecuencia de un mayor aislamiento
de Gran Bretaña.

El mundo nunca ha sido un terreno fácil y en tren de
imponerse sobre otros competidores, es un hecho probado históricamente, que
Gran Bretaña no vaciló en recurrir a la 
conquista para asegurar su predominio sobre otros países. En ese
razonamiento debe entenderse la conquista de las Islas Malvinas en el año 1833
por parte de la Gran Bretaña y su recalcitrante actitud en la actualidad.

Habiendo transcurrido 190 años de eso puede decirse sin
temor a equivocarse, que las razones de Gran Bretaña para decidir el
apoderamiento de nuestras Islas, forma parte de una estrategia propia de su
vocación imperialista que impide devolverlas a sus legítimos propietarios: los
argentinos.

(*) vocal del Colegio de la Abogacía de Entre Ríos (CAER).

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