20 feb 2026
OPINIóN

La falacia de la tierra

La falacia de la tierra
JF
Jorge Fontevecchia (*)
01 noviembre 2020

Argentina tiene una de las menores densidades poblacionales del mundo.
Con 16 habitantes por kilómetro cuadrado, estamos en el puesto 208. La despoblada
Uruguay tiene 19 habitantes por kilómetro cuadrado, Brasil 24, Estados Unidos
33, Venezuela 34, México 64, España 97, Francia 104, China 144, Suiza 200,
Italia 206, Alemania 225,  Inglaterra 265, Vietnam 300, Japón 333, India
394 y Corea del Sur 555, siempre habitantes por kilómetro cuadrado. Solo tienen
menos densidad poblacional que Argentina los tres gigantes deshabitados del
planeta: Rusia 8, Canadá 4 y Australia 3 habitantes por kilómetro cuadrado con
la ventaja para Argentina de no tener mayoría de tierras desérticas como
Australia, ni heladas como Rusia y Canadá.

¿Cómo un país con tanta tierra y
proporcionalmente tan pocos habitantes no puede darle a cada grupo familiar
desamparado un terreno de 200 metros cuadrados equivalente al 0,02 de una hectárea
y a 0,0002 de un kilómetro cuadrado para que construya su casa?

Un kilómetro
cuadrado es equivalente a 100 hectáreas y equivalente a un millón de metros
cuadrados.  Desde una aritmética simple, si 2 millones de familias (un 15%
del total) no tienen vivienda propia y se repartieran 2 millones de terrenos de
200 metros cuadrados cada uno, equivalentes a 400 millones de metros cuadrados
y a 40 mil hectáreas, se solucionaría el problema. Estas 40 mil hectáreas son
400 kilómetros cuadrados y el 0,00014 del total de kilómetros cuadrados del
país.

Aun asumiendo que solo un décimo de nuestra geografía fuera plenamente
habitable, y que hubiera que adicionar un 25% a calles y espacios públicos a
esas nuevas urbanizaciones, igual se llegaría a apenas el 0,0005 del total de
la superficie del país. Nada.

Obviamente aquí aparece el tema de la
inmigración interna y externa, y la comprensible predilección por vivir cerca
de la ciudad de Buenos Aires por todo tipo de cuestiones. Pero aun así, si
todos se concentraran solamente en la provincia de Buenos Aires, que tiene poco
más de 300 mil kilómetros cuadrados, esos 400 kilómetros cuadrados más el 25%
de calles y plazas, sería menos del 0,2% de la superficie bonaerense. Aun
considerando el espacio público, el equivalente a 30 Nordeltas.

Así como China
hizo centenas de millones de viviendas, el problema no es crear 2
millones de casas sino de empleos Dado que proporciones numéricas cuestan
representarse y para simplificar hasta por el absurdo digamos que habría que
urbanizar lo que queda de campo en el equivalente a tres kilómetros en el
semicírculo que va del sur de Florencia Varela, el oeste de González Catán y
Moreno, y el norte de José C. Paz y Escobar.

Exageradamente, que desde La
Plata, Luján y Campana no haya más campo y sea todo urbanización. No es
inimaginable, a 20 mil dólares la hectárea que el Estado con solo invertir 800
millones de dólares podría comprarlas: es apenas el costo de una autopista o
cuatro Paseos del Bajo en la Ciudad de Buenos Aires frente a Puerto Madero. El
problema es otro. Es que para urbanizar un campo se puede necesitar diez veces
más que el valor de la tierra -8 mil millones de dólares- para la suma de
cloacas, calles, electricidad y el resto de servicios.

A modo de ejemplo, los
barrios cerrados hasta tuvieron  que subsidiar el tendido de base para la
llegada de los proveedores de internet. Si como resultado de una especie de
Plan Marshall que en Alemania de posguerra permitió la construcción de casi la
mitad de las casas del país destruidas por la guerra, Argentina contara con
financiación del Banco Mundial para, además de esos 800 millones de dólares en
terrenos y los 8 mil millones de gastos en infraestructura para urbanizar el
campo, también se obtuviera la financiación para construir 2 millones de casas
de 60 metros cuadrados cada una a 300 dólares el metro: 18 mil dólares cada
casa, esos 120 millones de metros cuadrados de construcción costarían 36 mil
millones de dólares.  La suma de los 800 millones de dólares de terrenos,
los 8 mil millones de infraestructura pública y los 36 mil millones de
construcción de casas, hacen un total de 44.800 millones de dólares, algo
tampoco impensado porque es muy parecido al crédito del Fondo Monetario
Internacional a Macri y un cuarto del ahorro de los argentinos en el exterior.

Tampoco sería imposible si simultáneamente a la construcción de todas las
casas, esos 2 millones de familias y alrededor de 8 millones personas pasaran a
no precisar más ser subsidiadas con alrededor de 3 mil millones de dólares
anuales ya sea con IFE, ayuda alimentaria, asignación familiar por hijo, etc.,
porque pudieran pasar a tener un trabajo por familia y en 15 años se repagarían
el crédito del Banco Mundial genuinamente, ingresando en el círculo virtuoso.

Nordelta, donde viven 50 mil personas y podrían llegar a casi 100 mil, es el
resultado de la falta de inversión del Estado en urbanización, un siglo atrás
los bisabuelos de esas mismas personas vivían en barrios abiertos, en casas
como las de San Isidro y tantos barrios abiertos del Gran Buenos Aires con
calles  e infraestructura construida por el Estado. Pero la población del
Conurbano se multiplicó por 5 en un siglo y por dos en los últimos cincuenta
años sin que las inversiones en urbanización pública hayan sido
proporcionales.

Los barrios cerrados, como las tomas, son fruto del mismo
problema: los que pueden pagar financian su propia urbanización; los que no
pueden viven hacinados sin servicios mínimos. Un plan habitacional como el
alemán de posguerra hasta podría ser parte del motor de un verdadero plan de
crecimiento para Argentina. Pero para eso hacen falta dos pilares más: un plan
productivo que promueva el trabajo como el propuesto por Lavagna para los
nuevos empleos y una estabilidad macroeconómica que rompa con el círculo
vicioso. 

Nuevamente Alemania podría ser una fuente de inspiración:
resolvieron el problema de la hiperinflación entre guerras creando un sistema
monetario que garantizaba el total del dinero y bonos emitidos en moneda local
con tierras fiscales.  Volviendo al comienzo de la columna sobre la
cantidad de habitantes y territorio: la superficie de Argentina es 8 veces
mayor que la de Alemania y nuestra población, la mitad. Hace falta un
 plan que aspire resolver al mismo tiempo el problema de la falta de
moneda, de trabajo y de espacio. No es imposible, los tres tienen la misma
solución: ponernos todos a trabajar. 

(*) Cofundador de Editorial Perfil – CEO de Perfil Network. Publicado originalmente en el diario Perfil.

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