20 feb 2026
OPINIóN

Fanatismo y realidad

Fanatismo y realidad
JD
Jaime Durán Barba
03 febrero 2020

Con
frecuencia, la fe entra en conflicto con la realidad y nos hace ver las cosas
como quisiéramos que sean y no como son en la realidad. Cuando hablamos de
política a veces suponemos que dirigentes que la protagonizan y han ganado
reiteradamente elecciones son personas que no saben nada, que no tienen ningún
mérito. Esta postura autoritaria demuestra ignorancia, lleva a actuar de manera
equivocada y se complementa con la actitud de suponer que quienes actúan como
no me gusta son manipulados o bobos. La gente no es boba, y los que han ganado
elecciones importantes tienen virtudes que los condujeron a ser exitosos.

He
tratado con bastantes ex presidentes y personajes políticos de alto nivel. Casi
siempre aprendí mucho conversando con ellos. Rol Los analistas debemos tratar
de descubrir lo que ocurre en la realidad, aunque contraríe nuestros afectos y
desafectos. No es fácil hacerlo. Pretendemos ser racionales pero todos tenemos
sentimientos, creemos en mitos. Galileo Galilei postuló una idea para enfrentar
al oscurantismo, que pasó a ser parte del método científico: dijo que cuando
Dios escribió lo que ocurre en el Universo lo hizo con números. Cuantificar los
fenómenos permite superar las supersticiones, la estadística es una disciplina
subversiva que permite entender los conjuntos.

Para comprender la política
necesitamos registrar los hechos, cuantificarlos, analizar las cifras sin
prejuicios, tratando de explicar por qué ocurrieron, lo que da lugar a
interpretaciones que pueden tener mayor o menor fundamento en la realidad. Es
fácil empantanarse en teorías conspirativas inconsistentes. Es poco probable
que la política latinoamericana se explique con los esquemas que usábamos hace
años, cuando apedreábamos la embajada norteamericana si nuestra pareja era
infiel.

El presidente norteamericano no solía interesarse por nuestra vida
privada, como es poco probable que Trump se haya propuesto derribar el gobierno
de Evo Morales o que Maduro haya organizado las protestas en Chile. Seguramente
ninguno de los dos personajes ubica bien en el mapa esos países. En todas las
sociedades existen fuerzas internas que buscan liderazgos que las expresen y
chocan con los que les disgustan.

Los electores tienen distintas motivaciones,
son cada vez más independientes, las urnas expresan lo que sienten y piensan.
Se identifican con líderes en los que confían, y a los que abandonan cuando
sienten que no satisfacen sus expectativas. Como escribí reiteradamente en
PERFIL, Cristina Fernández de Kirchner es una mujer que ganó dos veces la
presidencia de la Nación en una sola vuelta, aventajando a su inmediato
contendiente con 18% en 2007 y 37% en 2011. En 2019 fue candidata a la
vicepresidencia con Alberto Fernández y su fórmula triunfó sobre la de
Macri-Pichetto con 8%.

Tal vez estudié mal la historia argentina y hubo otra
mujer que fue más exitosa que ella, pero no he podido conseguir esa
información. Dedico la mayor parte de mi tiempo a leer, escribir, preparar
clases y seminarios, y sería raro que se me haya pasado un dato tan importante.
Sería una muestra de fanatismo afirmar que nunca ganó una elección o que es una
política incapaz. Para quienes promovemos la participación de la mujer en la
política, fue alentador que en 2007 un 72% de argentinos hayan votado por dos
mujeres, Cristina Fernández y Elisa Carrió.Eso desgraciadamente no se repitió
después.

Fue alentador que en 2007 el 72% de los argentinos hayan votado por
dos mujeres, Cristina Fernández y Elisa Carrió. Pero no se repitió. En
2015 Mauricio Macri obtuvo 29% en las PASO y 34% en la primera vuelta electoral,
incrementó su votación en 5%. Daniel Scioli sacó 37% en las PASO y repitió la
cifra en la primera vuelta. Es algo propio de los partidarios de Cristina: son
siempre fieles a su líder, pero tienen una enorme resistencia en los demás. En
esa ocasión, el peronismo concurrió dividido: Sergio Massa obtuvo 20% en las
PASO y 21% en la primera vuelta.

En principio, si se hubiesen unificado como en
2019, habrían obtenido 57% en las PASO y 58% en la primera vuelta. En 2019
Macri obtuvo 32% en las PASO. Fue una cifra inesperadamente baja para lo que
predecían todas las encuestas. Fue un golpe duro, algunos creyeron que en la
primera vuelta la candidatura se derrumbaría y pidieron que se retirara, e
incluso que entregara anticipadamente el poder.

El candidato tuvo una enorme
entereza. Se sobrepuso y protagonizó una campaña digna de estudio, que le
permitió subir 8 puntos y llegar al 40%, mientras que sus adversarios no
lograron crecer ni un punto. Cristina logró la unidad de casi todo el
peronismo, pero su binomio obtuvo un 48% de votos en las PASO que se repitió en
la primera vuelta; y a pesar del entusiasmo que generó una victoria que parecía
segura, no llegaron al 50% de los votos.

En toda la década, la imagen positiva
de Cristina no bajó nunca del 37%, ni cuando De Narváez derrotó a Néstor, ni
cuando fue enjuiciada. Basados en cifras de investigaciones escribimos desde
2009 que mantenía su fuerza. Nuevamente, esos son números, no opiniones
subjetivas. Algunos creyeron que quienes estábamos cerca de Macri la queríamos
como contendiente porque era fácil de derrotar, lo que no tenía sentido:
siempre fue la candidata más fuerte de la oposición. Al principio subestimamos
el papel de Alberto Fernández. Resultó mejor candidato de lo que se esperaba y
resucitó a un peronismo que estaba disminuido. Con Cristina, los que fueron
echados por Perón de la Plaza de Mayo se quedaron en el poder y los peronistas
fueron arrinconados.

Fernández les dio nueva vida. La unidad peronista le
permitió tomar medidas más duras que las que tomó Macri sin que cayeran
toneladas de piedras sobre el Congreso. Desaparecieron los piquetes, algunos
sindicatos pidieron que se incrementaran los impuestos, otros se volvieron
sensatos. El tema fue político, no es probable que se hayan llenado las heladeras
de un día para otro. El peronismo tiene una fuerza que le ha permitido instalar
el mito de que nadie puede gobernar sin su apoyo.

Es verdad que la mayoría de
los votantes, incluso entre quienes respaldaban a Macri, tenía una evaluación
negativa de lo que ocurrió en la economía. El resultado de las elecciones no se
explicaría si fuese cierto que la gente vota movida solamente por eso. Los
electores de Cambiemos votaron por razones de otro orden, que los mantuvieron
firmes en su opción política y les permitieron crecer. En un fenómeno digno de
estudio, más de dos millones de personas salieron a las calles en muchas
ciudades para respaldar la candidatura de Macri.

No fueron empleados públicos
ni militantes partidistas, no buscaban cargos, la mayoría creía que no ganaría,
no usaron los aparatos que suelen llevar a los manifestantes a las
concentraciones. Fueron partidarios que se reunieron libremente, dentro de
los protocolos de las movilizaciones post internet. Respaldaban una gestión y
valores que estaban más allá de su propio bienestar económico.

El papel de
Macri para motivar esas movilizaciones fue extraordinario. Interpretaciones
Esos son hechos, pueden tener varias interpretaciones. Creemos que los votantes
de Cambiemos forman parte de un sector moderno de la Nación que quiere un
cambio, que pretende que Argentina se convierta en un país desarrollado. Es por
eso que su candidatura obtiene ventaja en las provincias más integradas al
mundo y su triunfo es tan apabullante entre los argentinos residentes en el
exterior: 75% a 19%.

En los últimos años se incorporaron 5 millones de
argentinos a internet, y lo más probable es que cuando esa gente se conecte con
el mundo contemporáneo fortalezca esa voluntad de transformación. Los cambios
se han acelerado y la democracia horizontal crece y está entre nosotros. Hay
una montaña de literatura al respecto. Es poco serio suponer que se puede
pensar el país sin tomar en cuenta a las dos fuerzas que han polarizado a la
población en estos años: tradición y cambio. 

No cabe la unidad nacional
excluyente de los peronistas, ni tampoco la de los antiperonistas. Cada una de
esas corrientes representa consistentemente a la mitad de la población.
Solamente si logran un acuerdo será posible superar la crisis endémica del país
y proyectarlo hacia delante. Solo la cuantificación de los fenómenos permite
superar los prejuicios ideológicos.

Decenas de miles de centroamericanos forman
caravanas para intentar llegar a Estados Unidos. No se ha sabido de caravanas
de norteamericanos que luchen por instalarse en Nicaragua. Cientos de miles de
venezolanos protagonizan la mayor emigración interna de la historia de América
Latina, huyendo del hambre provocado por la dictadura. Multitudes de
bolivianos, peruanos, paraguayos, venezolanos y latinoamericanos de otros
países vienen a la Argentina todos los meses. No se sabe de caravanas de
argentinos que se dirijan a Venezuela y los países limítrofes. Esos son los
hechos. Las interpretaciones políticas pueden ser distintas. En medio de ese
caos, solo Argentina decretó una emergencia alimentaria: parecería ser el país
más pobre de todos. Los números de los movimientos migratorios en el continente
nos permitirían saber si eso es cierto.

(*) Profesor de la GWU. Miembro del
Club Político Argentino. Artículo publicado en el diario Perfil.

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