20 feb 2026
OPINIóN

Las mentiras de las encuestas

Las mentiras de las encuestas
JD
Jaime Durán Barba (*)
28 abril 2019

Desde hace muchos años, los líderes alternativos han
derrotado a las coaliciones del establishment formadas por medios de
comunicación y partidos políticos. Un frente de unidad de sus adversarios
aseguraría un triunfo contundente de Cristina Fernández. por Jaime Duran Barba
Sondeos. Son cada vez menos eficientes para predecir resultados. Intentar
hacerlo es a veces un tipo de mentira.

 Originalmente las
encuestas se usaron para predecir el resultado de las elecciones, pero cada vez
son menos eficientes para eso. Intentar hacer adivinanzas es a veces un tipo de
mentira. Es imposible adivinar el resultado de la segunda vuelta electoral de
las elecciones argentinas cuando ni siquiera se sabe quiénes serán los
candidatos. Esas preguntas se pueden hacer para ayudar al análisis estratégico,
pero es irresponsable proporcionar la información a personas que creen que es
posible predecir el futuro.

En la fake society en que vivimos, cualquier dato circula
por la red a gran velocidad, e impacta incluso en personas e instituciones
importantes que toman posiciones improvisadas. Estados Unidos. Inicialmente
fueron los medios de comunicación norteamericanos los que trabajaron con
encuestas políticas. La primera la aplicó The Harrisburg Pennsylvanian, en
1824, para conocer las preferencias de los electores de Wilmington. En 1880, el
Boston Globe, el New York Herald Tribune, el Saint Louis Republic y Los Angeles
Times realizaron otro estudio y lo siguieron haciendo con bastante acierto
otros medios, como la revista Literary Digest. En 1936, la revista envió cupones
a diez millones de personas y se equivocó de manera estrepitosa anunciando un
amplio triunfo de Alf Landon sobre Franklin D. Roosevelt. Quien acertó fue
George Gallup, un estudiante de matemática que aplicó la primera encuesta
elaborada técnicamente de la historia. Hasta entonces, la mayoría de los
norteamericanos no salían del condado en que nacían, no hablaban con otros, sus
actitudes eran estáticas, fáciles de predecir.

Hacia 1910 habían aparecido la radio y el teléfono, que
cambiaron todo. Las actitudes de la gente se hicieron menos estables cuando
pudieron comunicarse con otros. No fueron suficientes las enormes muestras de
la antigüedad, se necesitaron muestras válidas, cuestionarios elaborados
técnicamente y otros elementos propios de las encuestas profesionales. También
se entendió que la interpretación era difícil, y así nació la profesión de
encuestador. Las encuestas ocuparon un lugar importante en la política
norteamericana, cosa que también ocurrió en América Latina a partir de fines de
1970, cuando volvió la democracia.

Complicaciones

La posibilidad de adivinar el futuro de las elecciones se
complicó con el tiempo. Por un lado, cambió la metodología de recolección de
datos, que se hacía inicialmente entrevistando personalmente a los encuestados,
un método caro que se hizo inaplicable en las grandes ciudades por los
edificios que se construyeron en estos años, donde no se permite ingresar a los
encuestadores. Aparecieron las encuestas telefónicas, y después las encuestas
operadas por robots, ambas frecuentes, baratas y menos precisas. Cuando en la
presencial integraba la muestra un hombre de entre 30 y 40 años, el encuestador
podía verlo y saber que cumplía con los requisitos, cosa difícil para un
operador telefónico e imposible para un robot.

Pero lo más importante es tomar conciencia de que la gente
cambió. Aparecieron decenas de grupos de personas que con dos máquinas y poca
preparación se dedicaron a aplicar encuestas de todo tipo generando fastidio en
la población. Actualmente, un 80% de los ciudadanos cuelga el teléfono cuando
lo llaman: simplemente no responde y la muestra se desvía hacia una minoría
interesada en la política. Pero además, la gente se hizo cada vez más
independiente y sus preferencias son efímeras. En trabajos realizados estos dos
últimos años en México, Argentina y Ecuador, constatamos un fenómeno que es
nuevo: hasta un 50% de los electores llega a las urnas sin haber decidido por
quién votar. Estos datos coinciden con los que ofrecen otros países. Si en
definitiva el resultado es poco previsible hasta la víspera de las elecciones,
¿qué sentido tiene creer que se lo puede tener ocho meses antes? Es imposible
adivinar el resultado de la segunda vuelta cuando ni siquiera se sabe quiénes
serán los candidatos.

Ciencia

En la medida en que la gente se comunica con más personas y
con más velocidad, las encuestas se equivocan en todo el mundo en su intención
de adivinar el futuro. Estudios que se realizaron en la década de 1970 decían
que la mayoría de los votantes respaldaban a un solo partido a lo largo de su
vida, pero vivimos en sociedades impredecibles en muchos aspectos, en las que
la gente tiene actitudes efímeras. Muchos medios de comunicación e
instituciones importantes son engatusados por “expertos” improvisados y
personas que hacen lobby a favor de alguna persona con encuestas improvisadas.
Las encuestas profesionales son un instrumento científico sofisticado, integran
estudios cualitativos y otras investigaciones, y analizan series de datos en el
largo plazo. La ciencia se basa en ciertos principios: se observa la realidad,
se cuantifican los fenómenos, se realizan estudios comparados, se deducen
leyes. Con esa información, los profesionales elaboran estrategias o escriben
análisis serios de lo que ocurre. Otros creen que las variables políticas no se
pueden medir, que la intuición y la magia son más certeros que los análisis
racionales. No se hacen exámenes médicos, prefieren que un brujo los
diagnostique bailando en su derredor, escupiéndoles alcohol. Por lo general
mueren o fracasan.

Mentiras

Si alguien se cree popular y supone que sería un gran
candidato, es bueno que lo constate con profesionales. Va a fracasar si lo
conocen pocos o la mayoría lo ve mal. Hay normas que usan los consultores que
no son rígidas pero existen. Hablando de lo más elemental, para que un político
ayude y sea valioso para un proyecto debe tener más del 50% de conocimiento. Si
tiene más opiniones negativas que positivas, puede ahuyentar votos. El análisis
profesional es complejo, no se hace con una pregunta sino integrando varios
elementos como profundidad, confianza, credibilidad y otros. No lo puede hacer
un gran músico o un economista, sino un consultor político profesional. No
deben ser personas que se dedican a la política, al lobby o promueven otros
negocios.

Hay que saber interpretar las cifras. Hemos encuestado en al
menos diez países a Nicolás Narváez, un personaje imaginario que permite saber
qué porcentaje de encuestados miente cuando le preguntamos por otros
personajes. Nicolás tiene un conocimiento que puede llegar al 25%. Cuando las
cifras de un posible candidato compiten con las de Nicolás, le decimos al
encuestado que no lo conoce nadie. La mayoría de los que reciben la noticia se
enojan y dicen después que no creen en las encuestas. Si los exámenes médicos
anuncian que usted tiene un tumor no es inteligente renegar de la medicina,
sino pedir que le receten un tratamiento y curarse. Un personaje público
debería hacer un seguimiento de las principales variables que tienen que ver
con su imagen y, si tiene aspiraciones o maneja instituciones importantes,
debería pedir un análisis para entender mejor un mundo que cada vez es más
complejo y difícil de comprender.

Círculo rojo

Finalmente, debemos ubicarnos en el mundo en que vivimos.
Nos referimos al tema en nuestro último artículo, “La agonía de la democracia” (https://www.perfil.com/noticias/columnistas/la-agonia-de-la-democracia.phtml).
Todos los estudios señalan que en la sociedad post internet existe una
tendencia a rebelarse contra las instituciones y “la política”. La gente no quiere
ser representada. La mayoría de los partidos, los congresos, la Justicia, los
sindicatos, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales tienen
un rechazo de cerca del 80% de la población. Para la gran mayoría, la palabra
“política” tiene una connotación negativa.

Desde hace muchos años los líderes alternativos han
derrotado a las coaliciones del establishment formadas por medios de
comunicación y partidos políticos. Ocurrió con Perón frente a Tamborini, con
Vargas Llosa frente a Fujimori, con Lula, Correa, Chávez y una larga lista de
líderes disruptores frente a la política correcta de sus países. Actualmente,
el fenómeno se radicalizó. En el plebiscito por la paz en Colombia, todo el
círculo rojo del mundo apoyó al Sí y triunfó el No. Las instituciones mexicanas
que temían a AMLO respaldaron a José Meade y perdió. Pasó lo mismo con
Bolsonaro en Brasil y Trump en Estados Unidos.

No hay un solo caso en que haya ocurrido lo contrario. Los
estudios comparados sirven para sacar conclusiones importantes. Un frente de
unidad de sus adversarios aseguraría un triunfo contundente de Cristina
Fernández.

(*) Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.
Artículo publicado originalmente en la edición del domingo 28 de abril de 2019
del diario Perfil.

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