20 feb 2026
OPINIóN

Cómo resolver el problema de la basura en Paraná

Cómo resolver el problema de la basura en Paraná
EF
Escribe: Francisco Uranga (*)
06 febrero 2019

La calle Valentín Denis, en Bajada Grande, muere en un
pequeño parque triangular con juegos infantiles. A pocos metros de donde juegan
los chicos hay un basural de más de un metro de altura. No es una imagen aislada.
Los microbasurales forman parte del paisaje habitual de la ciudad y son un
fenómeno que tiende a agravarse. Casi la mitad de los residuos de Paraná no
llega hasta el volcadero municipal y termina en terrenos baldíos, calles,
parques o arroyos, según Hernán Pirro, ingeniero y ambientalista. Pirro es
secretario de planeamiento de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de
Paraná y ha diseñado un modelo de gestión integral de los residuos sólidos
urbanos para la ciudad.

El problema técnico se puede resolver, pero tiene una gran
complejidad social”, explica Pirro y apunta a la necesidad de poner un especial
énfasis en la inclusión social de los recolectores, el saneamiento del los
terrenos y arroyos y el tratamiento de enfermedades vinculadas a la contaminación.
Un relleno sanitario por sí solo, como propuso el gobierno municipal, no es una
buena solución, advierte el ingeniero. “La propuesta tiene que ser integral”,
sostiene.

La gestión de residuos es un proceso de varias etapas:
separación en origen, recolección, tratamiento y disposición final. Para cada
una, Pirro plantea mejoras sobre el sistema actual de Paraná. “La separación en
origen es fundamental porque permite ahorrar energía y facilita el reciclaje.
Es poco racional mezclar los distintos tipos de residuos y después gastar
energía para volver a separarlos y descontarminarlos”, explica. Pirro
recomienda incorporar contenedores diferenciados para material seco y húmedo,
lo que simplificaría la tarea de separación domiciliaria. Esta instancia debe
estar acompañada de campañas de educación y concientización sobre la
importancia del compromiso ciudadano.

Para la recolección, el ingeniero recomienda la
implementación de dos sistemas diferenciados. Para los residuos secos –papel,
plástico, cartón, vidrio y metales–, propone la utilización de camiones
compactadores como los que usa actualmente la Municipalidad. Para los húmedos,
sugiere el empleo de camiones que permitan moler los residuos para que luego
sean utilizados para la producción de compost. “Con este sistema y el rediseño
de los recorridos de los camiones se puede mejorar la eficiencia en el uso de
los recursos de la municipalidad”, plantea. Esta solución aborda solo la parte
de los residuos que circula por los circuitos formales de recolección, pero
deja afuera a la gran porción que se desvía por otros canales y terminan en
minibasurales.

El tratamiento de los residuos

El material seco es actualmente enviado a la planta de
clasificación y tratamiento Manuel Belgrano, instalada en el oeste de Paraná.
Los residuos circulan en la planta por una cinta transportadora, donde los
clasificadores separan manualmente el material y lo clasifican para su
posterior venta y reciclaje. Los componentes que no son retirados de la cinta
siguen de largo y tienen el mismo destino que el material húmedo: el volcadero
municipal.

Un camino sin asfaltar rodeado de basura conduce hasta el
vertedero de la ciudad. El volcadero es un gran montículo de basura sobre una
barranca con vista al río que todos los días es visitado por los camiones de la
municipalidad y por carros tirados por caballos y motocarros. A un costado
viven varias familias de paranaenses que trabajan como recuperadores de
residuos. “La basura genera gases que provocan incendios y contaminan el aire.
La población que vive en la zona respira un aire que no es sano”, advierte
Pirro.  Una de las intervenciones más
necesarias, considera, es el saneamiento del volcadero. “Debe limpiarse y
reemplazarse por tierra nueva, para eliminar los gases que están contenidos en
la tierra y dejar de contaminar los bañados”, propone. El saneamiento del
volcadero, como así también de los minibasurales y arroyos son los proyectos
más costosos y que demandarán más tiempo, señala el ingeniero.

El volcadero es el destino final de la basura que no es
recuperada en la planta Manuel Belgrano. La municipalidad mezcla los desechos
con tierra y broza y los apisona, sin ningún otro tratamiento. El ingeniero
Pirro plantea como alternativa la instalación de una planta de tratamiento de
residuos orgánicos para la elaboración de compost, un producto que se utiliza
como mejorador de suelos.

Con una mayor separación en origen y la planta de producción
de compost, se puede reducir considerablemente la cantidad de material que
finalmente no puede ser tratado, destaca Pirro. Una vez separados los
componentes reciclables y procesados los orgánicos para compost, el residuo
remanente podría enviarse a un relleno sanitario. “Pero es un volumen mucho
menor que si se enviara la basura en bruto”, explica.

La cuestión social, el principal desafío

La Municipalidad de Paraná lanzó en 2013 el programa Recuperadores
de Derechos, que buscaba reemplazar los carros tirados por caballos por
motocarros y la regularización de los recolectores informales de basura. En los
últimos tres años, sin embargo, ha perdido empuje, lamenta la proteccionista de
animales paranaense Susana Cicchitti, una de las impulsoras del proyecto.
Cicchiti explica que el programa estaba basado en el modelo de Río Cuarto y que
no solo buscaba combatir la tracción a sangre, sino promover la inclusión
social. “Se entregó uniformes a los recolectores y se los inscribió en el
monotributo”, destaca la proteccionista.

El ejemplo de la ciudad cordobesa tenía otros instrumentos
que no llegaron a implementarse en Paraná, aclara la exdiputada socialista Emma
Bargagna. “La Municipalidad de Río Cuarto tiene un rol activo en la búsqueda de
mejores precios para los residuos. Esto permitió que mejoraran
significativamente los ingresos de los recolectores”, destaca Bargagna. La
intervención estatal no solo permitiría una mejora en las condiciones materiales
de quienes trabajan en la cadena de valor de los residuos, sino que puede ser
un instrumento para reordenar los circuitos de recolección informales y
combatir la generación de minibasurales. Si los recolectores recibieran un
mejor pago por llevar los residuos hacia los puntos oficiales de recolección,
sería un incentivo para evitar las acumulaciones de basura en otros lugares.

Una solución integral y sostenible al problema de la basura
demanda inversiones y, sobre todo, tiempo. Excede la tarea de un gobierno y de
una fuerza política. Demanda amplios consensos, no solo entre los partidos,
sino también con los sectores productivos, la sociedad civil y la ciudadanía
general. Pirro destaca que existen soluciones técnicas que se pueden poner en
práctica relativamente rápido y sin grandes esfuerzos presupuestarios. Pero
para que tengan éxito requieren de una condición fundamental: que se mantengan
en el tiempo como una política de Estado.

(*) Director de desarrollo local y vicepresidente de FUNDER

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