19 feb 2026
OPINIóN

El escrache, la inquisición del siglo XXI

El escrache, la inquisición del siglo XXI
DH
Débora Huczek (*)
21 enero 2019

Declaro que me animo a pensar distinto. Me opongo a toda
forma de dominación intelectual, que coarte mi libertad de pensamiento. No creo
que, porque sean muchos los que digan lo mismo, yo también me tenga que sumar.
Por más noble que sea el motivo, no me olvido del método.

Es innegable que existe la violencia masculina y lucho a
diario por aquellas mujeres que la han padecido, para que obtengan justicia y
la reivindicación de su dignidad. Soy implacable en ese objetivo. De hecho,
jamás representaría a un violador.

Sin embargo, mi experiencia profesional me ha demostrado que
las mujeres también mienten. La honestidad no es una cuestión de género, sino
de identidad, una verdadera elección. Estoy llevando causas de hombres que son
víctimas de los movimientos feministas, de mujeres que utilizan cualquier
pretexto basado en el género para difamar. 
Estos hombres, víctimas de falsas acusaciones, deben lidiar en los
Tribunales para reivindicar su honor. Luego de haber sido públicamente
humillados sólo por ser hombres, por pensar distinto. Porque ahora ninguno
puede hablar sin temor a ser catalogado como misógino. Si no me creen, miren a
diario los medios de comunicación. Ya no hay versiones que confrontar y se
impone una verdad absoluta, sin importar lo que determine la Justicia.

A muchos hombres se los acusa de abusadores o de violentos
sin pruebas. Y quienes lo hacen, saben que es la peor acusación que un hombre
puede recibir y juegan con eso. Se los escracha, se los estigmatiza. Y quienes
lo hacen se desinteresan del daño que les causan a ellos y a las mujeres que
los rodean (hijas, esposas, madres, hermanas, compañeras). Estos hombres, hoy,
pierden sus vínculos, sus trabajos, sus familias. Y cuando la condena social
llega, no hay marcha atrás. Se acude a la Justicia y por más que esta les de la
razón, ya nunca más serán los de antes. Y no hay reparación suficiente que
pueda pagar tamaño daño. Creo que la sociedad debiera ser más respetuosa de las
garantías, de las leyes y la Justicia. Porque también soy mujer, también estuve
vulnerable, también necesité luchar y salir adelante. Pero lo pude hacer porque
jamás permití que ningún hombre se apoderara de mi dignidad y me utilizara como
un objeto.

El escrache no tiene grandes diferencias a la inquisición de
siglos pasados. Es la hoguera del siglo XXI y por lo tanto es un abuso de
poder, al que se suman muchos que siguen el clamor popular, inspirados por el
poder de turno, para alcanzar la rama, prender la mecha e incentivar el fuego
que arderá sobre alguien. Yo no quiero ser quien sume odio, no quiero ser quien
prenda la llama, ni siquiera quien sume una pequeña chispa.

Es en la Justicia, y con las debidas garantías
constitucionales, donde se deben debatir todas las cuestiones. No debemos
olvidar que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. No
acepto el régimen autoritario, propio de los reinados o del comunismo. No se
trata de a quien le creo, no entro en ese juego perverso. Porque yo no vi, no
presencié, ni conozco a los participantes. Tampoco soy juez. Sólo defiendo mi
derecho a cuestionar, a reflexionar, a expresarme y principalmente a cuidar
celosamente el cumplimiento de nuestra valiosa Constitución Nacional.

(*) Abogada especialista en Derecho penal.

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