El economista es el único dirigente político que mantiene
una imagen positiva mayor a la negativa. Y quien mejor mide entre el peronismo
alternativo. Lo halaga esta suerte de renacimiento de su figura y ya no reniega
de una posible postulación. Pero pone condiciones para lanzarse al ruedo y poder
vencer a la grieta, centro de todas sus cavilaciones.
El silencio suele ser un clásico de la estrategia
electoral para cuidar y potenciar a un futuro candidato. Alimenta las
expectativas, evita el desgaste anticipado de la exposición pública y confunde
o distrae a sus adversarios. Si además ese silencio genera una suerte de
operativo clamor, mucho mejor. El comportamiento de Roberto Lavagna por estos
días parece obedecer a esa táctica. No confirma ni niega su potencial postulación
presidencial, pero se reúne con dirigentes políticos y sindicales de diferentes
pelajes para analizar la crisis y engordar las especulaciones. Y hasta se da el
gusto de sacarse fotos con algunos de ellos, relajado y vestido a su antojo en
su casa de Cariló.
Desde que las consultoras DAlessio IROL y Berensztein
comenzaron a incluirlo en junio pasado en el Monitor de Humor Social y Político
que elaboran en conjunto, el economista no paró de crecer. Con 49% de imagen
positiva y 35% negativa, arrancó tercero en el ranking de dirigentes con mejor imagen, detrás de María
Eugenia Vidal (57% positiva y 37% negativa) y Elisa Carrió (51% positiva y 43%
negativa). En la última medición de diciembre, ya estaba en la cima y era el
único que registraba un balance positivo de 20 puntos, que surge del
diferencial entre su imagen positiva (52%) y la negativa (32%).
Con su olfato
de Lebrel, Eduardo Duhalde fue el primero en fogonear su postulación cuando
estalló la crisis por considerar que el economista es el único con la
experiencia y capacidad suficiente para sacar a la Argentina de este
atolladero. Ahora es Miguel Ángel Pichetto quien también se ilusiona con que la
figura del ex funcionario de Duhalde, Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner logre
superar las viejas antinomias y aglutine al peronismo detrás de su postulación.
Incluso, el senador podría ser el compañero de fórmula que selle el acuerdo,
según una versión echada a rodar el año pasado en base a los buenos números que
arrojaba esa dupla en una encuesta.
Quienes lo
conocen bien aseguran que a Lavagna lo complace y lo halaga esta suerte de
renacimiento y valoración de su figura. Ya no piensa que su tiempo pasó ni en
dejarle lugar a las nuevas generaciones, como les decía a sus hombres de
confianza hasta hace pocos meses. Para él, que siempre tuvo ambiciones
presidenciales, llevarse el bronce al final de su carrera política no sería nada despreciable. Pero no está dispuesto a inmolarse y, sin confirmar esas
aspiraciones, desliza a sus interlocutores las tres condiciones que deben darse
antes de salir a la cancha: El economista no quiere aparecer como el candidato
del peronismo sino como la cabeza de una coalición más amplia en la que no esté
incluido el kirchnerismo.
Por una cuestión de peso territorial, el espacio
propicio sería Alternativa Federal, integrado por nueve gobernadores
peronistas, Sergio Massa y Pichetto. Pero la idea de Lavagna es que se sumen
otras fuerzas como el socialismo y los radicales desencantados. La reciente
reunión en Cariló con el gobernador de Santa fe, el socialista Miguel
Lifschitz, va en esa dirección.
Pretende también ser el candidato del consenso
de un frente político, sin tener que someterse a la agotadora lucha interna. En
este punto, Lavagna no está dispuesto a competir con Massa en las PASO, con
quien integró hasta hace poco tiempo el Frente Renovador. Con Massa y con nadie.
Aspira a que la buena imagen que tiene en la opinión pública se traduzca en
intención de votos en las encuestas y espera lograr un piso de al menos 25%
para ser un candidato competitivo, con chances de romper con la polarización
entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner.
El último sondeo de Synopsis, la
consultora que dirige Lucas Romero, abrió la puerta a esa posibilidad.
“Aparecen indicios claros de que la polarización pudiera romperse al
registrarse por primera vez una mayoría del electorado que elige la aparición
de una nueva alternativa a las dos opciones dominantes: un triunfo de Cambiemos
o un regreso del kirchnerismo”, destaca el informe. Según la encuesta,
Macri (29,1%) y Cristina (27,6%) siguen siendo los dos candidatos con mayor
intención de voto. Roberto Lavagna aparece como el mejor posicionado dentro de
Alternativa Federal. Con un 13,1% casi duplica a Sergio Massa (6,7%) en una
eventual primaria del frente, donde Juan Manuel Urtubey quedaría tercero con
2,8. Así, el espacio juntaría 22,5% de los votos.
Pero eso no es todo. Según un sondeo de la consultora Oh
Panel, publicado el lunes por El Cronista, el ex ministro sería el único
candidato opositor que le ganaría un ballotage al Presidente. Pues bien, está
claro que la figura de Lavagna creció en los últimos meses por la caída en la
confianza que sufre el Gobierno y la ineficacia del peronismo para capitalizar
ese desgaste. Pero su avance en las encuestas no es lo único que lo convierte
en un candidato atractivo. Los politólogos coinciden a la hora de destacar sus
fortalezas:
– Candidato transversal: es el único que arrastra votos de varias
fuerzas políticas. Lo votan peronistas, radicales y votantes de Cambiemos que
están decepcionados. Una rareza en tiempos de grietas mundiales.
– Entiende de economía:
fue el ministro que sacó a la Argentina de un escenario de endeudamiento
crucial y de un callejón económico-financiero sin salida, similar al actual.
Tiene un proyecto y un programa propio, con una visión desarrollista de la economía.
– Edad para una transición: al peronismo le cierra
que el economista que cumplirá 77 años en marzo sea una suerte de bombero que
apague el incendio y se vaya a su casa. Les daría tiempo así a los caciques
peronistas -que en octubre de 2017 perdieron en las elecciones legislativas
locales- a concentrarse en el armado electoral en sus propios terruños, de cara
al 2023.
– Aprobación del mercado: es el único peronista que hoy inspira
confianza en los mercados, pese a la cercanía y el aval que recibe de algunos
dirigentes políticos y sindicalistas con la imagen por el piso.
Con todo,
existe un riesgo que concentra todas las cavilaciones de Lavagna: que la grieta
se lo trague. Estar en el medio en un escenario de tres tercios, con dos
extremos tan pronunciados, como el pronosticado complica las chances de
sobrevivir. Habrá que ver si Lavagna es capaz de romper esa dinámica de la
polarización y generar la anti grieta con un proyecto de unidad nacional.
(*) Periodista. Subeditora del suplemento 3 Días de El
Cronista.
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