“La mayor equivocación fue creer que podía negociar y hacerle un planteo honesto a los gobernadores”, fue la sentencia que eligió Javier Milei para contar cuál reconocía como su principal traspié en estos primeros 70 días de gobierno. Les endilgó la responsabilidad de haber tenido que sacar el capítulo fiscal de la Ley Ómnibus y, posteriormente, tener que dar de baja el proyecto por la falta de apoyo.
Desde el fracaso legislativo a esta parte el Presidente
construyó un relato sobre las virtudes de su gestión y las trabas que recibió
por parte de la oposición. En su última intervención mediática aseguró que el
Congreso “es un nido de ratas” y que “los políticos son soretes”. Con esas
palabras y en un tono que cualquier argentino, a esta altura del partido, ya
puede imaginar.
En términos de gestión, la caída de la Ley Bases fue el
hecho político más trascendente de los primeros tres meses del gobierno
libertario. En términos de construcción de alianzas, la degradación inmediata y
sorpresiva en el vínculo entre Milei y los mandatarios provinciales es el
principal retrato de la forma de entender la política que tiene el Presidente.
El Jefe de Estado no tiene ningún gobernador de La Libertad
Avanza. De los 24 distritos,10 son de Juntos por el Cambio (JxC); 8 de Unión
por la Patria (UP); y 6 pertenecen a fuerzas provinciales. Esa es la división
en el mapa respecto a la pertenencia partidaria. Pero los múltiples frentes de
conflictos abiertos por Milei generaron una dispersión en los vínculos. Al no
haber líderes definidos, no todos los gobernadores se mueven en bloque.
Desde el inicio de la gestión la voluntad de los gobernadores que forman parte de Juntos por el Cambio fue presentarse como una oposición colaborativa. La mayoría de ellos desbancaron al peronismo de sus provincias dando batacazos electorales. Esa línea argumental les permitió mostrarse como la renovación de un ciclo político agotado.
Las derrotas provinciales y la derrota a nivel nacional dejó
marchito al peronismo, que intenta ordenarse y escucha, una vez más, las
intervenciones de Cristina Kirchner. Una clara muestra de la horizontalidad
actual del espacio político es el coqueteo de dos de sus gobernadores con la
gestión de Milei. Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) tiran
paredes con la Casa Rosada.
El catamarqueño es de los que cree que había una necesidad
de hacer un ajuste de las cuentas y que es importante darle gobernabilidad al
Presidente. “Raúl es un hombre de consenso y cumple con un rol institucional”,
precisó un dirigente de extrema confianza del mandatario. El tucumano fue un
paso más allá. Rompió el bloque de diputados de UP, retiró a los tres
legisladores que le responden y les pidió acompañar la Ley Ómnibus. A la luz de
los hechos, una jugada política arriesgada que terminó saliendo mal.
Si bien en la negociación el tucumano logró borrar del
proyecto la derogación del régimen de protección del azúcar y la exclusión del
limón y sus derivados de la suba de retenciones, su lugar dentro del peronismo
quedó muy debilitado. La ley no salió y Jaldo terminó incómodo en una provincia
donde hay un marcado favoritismo por el peronismo. Pero, al mismo tiempo, si le
modificaban el régimen, la pérdida de ingresos sería muy grande. No puedo hacer
equilibrio y la factura es posible que le llegue en algún momento.
Los legisladores catamarqueños votaron en contra de la ley. Jalil fue más astuto para moverse. Y sigue siendo uno de los gobernadores que tiene buen vínculo con Balcarce 50. Ayer fue parte de una reunión que mantuvieron en Salta algunos gobernadores de fuerzas provinciales con el ministro del Interior, Guillermo Francos. Estuvo junto a Jaldo, Hugo Passalacqua (Misiones), Gustavo Sáenz (Salta), Carlos Sadir (Jujuy).
Todos son gobernadores que desde un principio se mostraron
en el bloque de los que querían abrir canales de comunicación con Milei o,
directamente, colaborar en la gestión de gobierno. Sin embargo, la caída de la
Ley Ómnibus llevó al Gobierno a tratar de “traidores” a los mandatarios de
Salta y Jujuy, debido a que sus legisladores no acompañaron con el voto algunos
de los artículos del proyecto.
Sadir fue cauto. La semana pasada estuvo en el despacho de
Francos limando asperezas. Sáenz fue más rudo. “No nos vamos a arrodillar ante
nadie. Solo ante Dios y la Virgen del Milagro. Acá no hay traidores ni
mentirosos”, dijo en un acto pocos días atrás, luego de que Milei echara del
Gobierno a la secretaria de Minería, Flavia Royón, que responde políticamente
al mandatario norteño.
Los dos estuvieron con Francos en Salta. Los dos tienen la
voluntad de tener un buen vínculo con el Gobierno. “La relación es buena.
Nosotros siempre ayudamos al Presidente. No entendemos por qué se nos acusó de
traidores”, explicaron en Jujuy. Además, destacan que fue toda información que
giró en off the record. No hubo acusaciones públicas, como las que Milei lanzó
contra Martín Llaryora (Córdoba) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe).
El santafesino es el único de los gobernadores de JxC que
tiene un enfrentamiento público con el primer mandatario. En la Casa Rosada lo
vinculan al sector del radicalismo que conduce Martín Lousteau y le endilgan
los votos en contra de los legisladores de la provincia que conduce. En consecuencia,
lo inscribieron en el listado de enemigos que no respaldan los cambios
propuestos por el Presidente, pero que fueron votados por los ciudadanos para
llevar adelante un cambio a las gestiones del peronismo.
Pullaro, al igual que el resto de los mandatarios de JxC,
pretende cuidar la relación institucional con el Gobierno, pero levantó la voz
cuando el Jefe de Estado, en un acto reflejo por la derrota legislativa, avanzó
con la quita de subsidios al transporte del interior. El mandatario radical
bajó el tono y evita la confrontación constante. Una postura diametralmente
opuesta a la que ha elegido el cordobés Llaryora, el principal enemigo público
del gobierno nacional.
El gobernador de Córdoba fue condescendiente con el Gobierno
hasta la Ley Ómnibus, donde presionó para que el impuesto PAIS sea
coparticipado. El Gobierno se negó a dárselo y los diputados cordobeses le
quitaron su apoyo a la ley en el articulado. De ahí en mas Milei eligió a
Llaryora como su principal enemigo. Le cuestionó el presupuesto de la pauta
oficial, sus decisiones en la política cultural y su rol en el arco opositor.
Utilizó a tuiteros militantes para chicanearlo y criticarlo. “El que traiciona
una vez, traiciona siempre” repite el Presidente cuando le consultan por el cordobés.
Llaryora es, ante todo, un exponente del peronismo cordobés.
Es el nuevo líder de una fuerza provincial que tiene una sólida supremacía en
el segundo distrito electoral más importante del país. Si bien su decisión fue
abrir el juego con la Casa Rosada para brindar apoyo inmediato en la gestión,
las permanentes agresiones de Milei lo empujaron a la cubierta, donde decidió
defender con la palabra. Acusó al Presidente de querer fundir el interior del
país y hacer un “ajuste brutal”. Si alguna vez existió una buena sintonía, ya
es parte del pasado.
Rolando Figueroa (Neuquén) y Alberto Weretilnek (Río Negro)
también quedaron apuntados por el Gobierno después de la Ley Ómnibus. Ambos se
sumaron al reclamo por el Fondo de Incentivo Docente y también intimaron al
estado nacional por las concesiones hidroeléctricas. Están jugando en tándem y
tomaron distancia de la Casa Rosada. Tienen peso propio y están dispuestos a
negociar, pero no a que los corran con insultos.
Los gobernadores de Unión por la Patria – dejando a un lado
a Jalil y Jaldo – se han posicionado como los opositores más duros a la gestión
libertaria. Ricardo Quintela (La Rioja) y Axel Kicillof (Buenos Aires), son los
que más han confrontado con el Presidente y sus decisiones en política
económica. Un escalón más abajo aparece Gerardo Zamora (Santiago del Estero),
que arrancó el nuevo gobierno con la aspiración de ser un puente de diálogo con
el peronismo pero se topó con la crudeza atípica de Milei para el trato
político.
Los gobernadores podrían ser agrupados bajo tres títulos:
Dialoguistas, adversarios y colaboradores. Tres formas de relacionarse con un
presidente que ha roto todos los moldes en el diálogo institucional.
En el grupo de los dialoguistas se encuentran la mayoría de
los representantes de los partidos provinciales. Dispuestos a negociar, fuertes
en sus resistencias y autónomos en sus posturas políticas. Allí están Alberto
Weretilneck (Río Negro), Claudio Vidal (Santa Cruz), Rolando Figueroa (Neuquén)
y Gustavo Sáenz (Salta),
En la lista de adversarios están Martín Llaryora (Córdoba),
Axel Kicillof (Buenos Aires), Sergio Ziliotto (La Pampa), Gerardo Zamora
(Santiago del Estero), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Gildo Insfrán
(Formosa) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe). En este último caso, la postura del
gobernador radical es la de bajar el tono del conflicto, pero desde el
oficialismo le siguen apuntando y el santafesino responde por su propia cuenta
o por sus funcionarios más cercanos.
Finalmente, en el grupo de los colaboradores está la gran
mayoría de los mandatarios de JxC. Todos con voluntad de sostener la gestión
libertaria y darle un marco de gobernabilidad más voluminoso. Aparecen allí
Gustavo Valdés (Corrientes), Leandro Zdero (Chaco), Jorge Macri (CABA), Rogelio
Frigerio (Entre Ríos), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis),
Ignacio Torres (Chubut), Alfredo Cornejo (Mendoza), Carlos Sadir (Jujuy),
Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca) y Hugo Passalaqua (Misiones).
Radiografía de un mapa que puede romperse en el momento más
impensado.