21 feb 2026
ER EN MEDIOS NACIONALES

(En Entre Ríos) Los misterios detrás del barco de cemento encallado en el río: el hombre que vio a “El Néstor” en su esplendor

(En Entre Ríos) Los misterios detrás del barco de cemento encallado en el río: el hombre que vio a “El Néstor” en su esplendor

En las cercanías de la ciudad de Colón, provincia de Entre Ríos, más precisamente en las costas del Ríos Uruguay, entre San José y el ex Puerto Liebig, llama la atención una embarcación encallada en la playa. No solo por su tamaño, sino por el material: se trata de un barco de cemento, también conocido como “El Néstor” por los residentes.

Para muchos incrédulos era tan solo un mito, hasta que fueron a verlo con sus propios ojos. Si alguien conoce la historia del misterioso navío es el colonense Carlos Alberto Cottet, que a sus 70 años se acuerda como si fuese ayer la vez que subió a bordo con su padre, cenaron allí y conocieron la cocina y los camarotes. “A mí no me lo contaron, yo lo viví, y lo he visto navegar”, cuenta en diálogo con Infobae.

A Carlos sus amigos lo llaman El Gringo, y siempre le dicen que es “un libro abierto”, por la gran cantidad de datos que atesora y el carisma con el que los trae al presente. Nacido en 1953, agradece que tiene “memoria de elefante”, y que hay recuerdos que jamás se borrarán, sobre todo los que tuvieron lugar en su querida tierra natal. “Mi papá, Francisco Cottet, trabajaba en la industria del canto rodado, y se trasladaba desde Colón a Buenos Aires”, comenta.

Muchas veces en horas de la madrugada escuchaba la bocina de los barcos que se acercaban, y era común que su padre saliera a las corridas al puerto. Había desarrollado un don para detectar el silbato de la mole de cemento y enseguida se despertaba para avisarle a la flota de camiones y empezar cuanto antes. “Como se alquilaban los muelles, cuanto más tardabas en cargar, más te cobraban; era así la cosa”, explica.

A fines de los 50? y al menos hasta fines de los ’60, cuando él tenía 11 años, vio varias veces al barco en movimiento. “Hay gente que no puede creer que una embarcación de ferrocemento flote, ¡pero claro que flotaba!”, asegura. Y cuestiona: “Si flota uno de acero, ¿por qué no va a flotar uno de cemento? Mientras se cumpla el principio de Arquímedes, todo cuerpo parcialmente sumergido se va a mantener en la superficie”. Hace referencia al principio físico considerado “la ley base de la náutica”, que determina que mientras el peso del agua desplazada sea mayor al peso del barco, la embarcación va a flotar.

Por más imposible que parezca, y por más pesado que fuesen los materiales, podía trasladarse siempre que tuviera el volumen adecuado y respetara la fórmula que genera el “empuje hidrostático”, la fuerza que empuja a los barcos desde abajo hacia arriba.

Sin embargo, dada la poca información que circulaba en ese entonces, -y asegura que incluso en la actualidad hay ciertas confusiones- se forjó la idea de que la mayoría de esos “buques de piedra” no podían navegar por sí mismos. “Se creía que llegaban en ‘convoy’, un barco arrastrando otro, pero no, El Néstor tenía propulsión propia”, sentencia, y sabe hasta el motor que tenía. “Un Bolinder de cuatro cilindros y 320 caballos de fuerza, y el casillaje tenía unas 700 toneladas, con carga de igual tonelaje”, describe.

El padre de todos los barcos

En lo que sí hay un acuerdo general, es en el hecho de que se recurrió a este tipo de material por la escasez de acero que había en tiempos de la Primera Guerra Mundial y tuvieron un resurgir en la Segunda Guerra Mundial. Una de las ventajas era que no se requería personal especializado para construirlos, algo que sí se necesitaba para fabricarlos con madera o con estructuras de hierro, pero igualmente implicaba complicaciones a la hora de reparar roturas.

“Hay que tener en cuenta el contexto bélico, que todo el acero era para los buques de combate, y había que ahorrar costos y usar lo que había para lo demás, que en este caso era cemento”, remarca.

En Francia, Italia, Estados Unidos, y posteriormente China, Cuba, Nueva Zelanda, Australia, Canadá y el Reino Unido, incursionaron en los barcos de concreto. Por eso a la hora de definir el origen de El Néstor, hay dos versiones: unos dicen que es inglés y otros alemán. “Yo me inclino más por Alemania”, admite El Gringo.

Durante una charla con su padre le preguntó cuándo había llegado el gigante a la Argentina, y atinó: “En la época de Perón, mediados de los ’40”, pero aclara que se trata de una estimación. Con el tiempo también surgieron rumores aún más rimbombantes, como que la embarcación participó del desembarco de Normandía, pero jamás hubo pruebas al respecto.

Era uno de los navíos que llamaban “pedregulleros”, y era de los mayor porte de la época, con 60 metros de eslora y un mástil de casi las mismas dimensiones. “En mi fantasía, y a mi corta edad, yo pensaba que era ‘el padre de todos los barcos’, porque era una cosa rarísima de ver en ese momento”, explica.

Y relata: “Como el motor que tenía era muy chico para semejante bestia, sobre todo cuando navegaba hacia Colón en contra de la corriente por el Río Uruguay, y entonces le izaron una vela triangular de color blanco para aliviar el motor”. Como vivía en plena Costanera, a pocos metros del río, siempre lo veía llegar, y se acuerda de que iba a nadar seguido con amigos, y al verlo aproximarse emprendían inmediata retirada.

Comentarios

0 comentarios

Iniciá sesión con Google para comentar

Conectado como
Tu comentario se publicará al instante.

Sé el primero en comentar esta nota.

Te puede interesar