Parece una negación de lo obvio. De lo que se siente en elcuerpo. Pero esta semana no estamos en una ola de calor en toda la Argentina.Ni siquiera en Buenos Aires, donde este martes los 34° no se hicieron desear.Hasta ahora solo afecta el norte de Entre Ríos, el sur de Corrientes y parte deSalta, Formosa y Chaco.
Más allá de un sol de enero que pega tan fuerte en la piel yen la app de clima del celular, la condición meteorológica exacta para que sedé este fenómeno implica superar umbrales de temperatura mínima y máximadurante tres días seguidos. Un piso que es de 22°C y un techo de 32.3°.
En la Ciudad y la Provincia, por ejemplo, el domingo sealcanzaron los 32°5 pero la mínima fue de 19.4°; el lunes escaló a 35.4° y latemperatura más baja fue de 21°. El martes, en cambio, la máxima esperada síardió y también la mínima: 23°. Fue un único día, entonces, atravesandoumbrales. No hubo, por ahora, ola de calor.
Para los próximos días se esperan temperaturas entre los 30°C y 35°C en la Ciudad y entre los27°C y los 29° en la costa atlántica.
Pero no se puede tapar el sol con la mano. Habitamos unplaneta cada vez más caliente.
Desde el comienzo del verano en el país se registra unfenómeno inusual con el clima para esta época. Y hubo varios episodios de”saltos” de calor, con récords que rompieron umbrales tras seisdécadas.
Eso se siente desde noviembre en la temperatura de localidadestanto del norte como del sur, que están 1°C arriba del promedio.
También se percibe el resto de las consecuencias del cambioclimático, que ya se avisoran hoy en el país, sin la necesidad de esperarpeores finales, de acá a 300 años.
¿Por qué ocurre? ¿Por qué Argentina está más caliente? ¿Porqué se seguirán rompiendo récords? En paralelo, se agudiza la sequía, hay másincendios y hasta es noticia la mortandad masiva de peces en ríos y lagunas.
El clima inusual
Aunque los más de 30° grados sostenidos sean esperables enenero, hay que mirar a los meses previos para notar la marca de ese fenómenoinusual de altas temperaturas.
Cindy Fernández, especialista del del Servicio MeteorológicoNacional (SMN), explica a Clarín que hay que enfocarse en noviembre ydiciembre. Dos meses ya “extremos”.
“Las temperaturas extremadamente altas continuaronafectando a gran parte de Argentina hasta ahora. Pero desde noviembre ya hubo varioseventos de ola de calor, cada uno con récords en distintas ciudades”,indica.
Si bien no es muy usual durante noviembre, que es primavera,ya se habían registrado olas de calor tempranas. Por su extensión, destaca lasde 2009, 2008, 1995 y 1985. Es que, según Fernandez, hace 60 años que se ve unatendencia a que las temperaturas de la Argentina aumenten.
En San Luis y Córdoba hubo seis días de ola de calor ennoviembre, con un rango de entre 34.8° y 40.5° y un piso de unos 24.8°. Fueroncinco días en Rosario, con máximas de hasta 37.6° y pisos de 23.2°; también enla ciudad bonaerense de San Martín (38,4° y 22.8°); ocurrió tres días seguidosen Pilar, con hasta 38.9, y en Ezeiza o el Palomar, con máximas de 34.2° ymínimas de 23.4°.
Ya en enero, entre el 3 y el 11, por ejemplo, hubo una olade calor en la Patagonia que luego se sintió en el centro del país. Pero enSanta Cruz se reportaron marcas, para nada frecuentes, de 30°.
En Viedma, en Río Negro, la temperatura máxima tocó los 40°durante cuatro días consecutivos. Muy cerca, en Trelew, Chubut, las máximasfueron de entre 33° y 35.5°. En Córdoba capital y Sauce Viejo, en el sur deSanta Fe, la máxima durante cuatro días fue de 39°.
¿Las causas? Según los expertos en clima del Conicet queentrevistó Clarín, siempre dependiendo de la zona de Argentina y el momento,por debajo de este calor argentino está ese planeta más caliente.
El récord local, en tanto, se explica porque no se dio”la entrada de frentes fríos”. En el norte, por mencionar un sectorpuntual, “no llueve y los días están muy soleados”, dos condicionesque elevan las marcas.
Aún así, la temperatura sube también por la sequía a causadel fenómeno de La Niña, que favorece esos cielos despejados y sin precipitaciones.
“La Niña promueve el predominio de presiones más altasde lo normal, que están manteniendo poca nubosidad y favoreciendo el flujo deaire cálido desde el norte. Además, por la sequía, las condiciones generales delos suelos son más secas y eso contribuye a un mayor aumento de lastemperaturas diurnas”, dice a este diario Leandro Díaz, doctor en Cienciasde la Atmósfera e investigador del Conicet.
Hay que entender que existen variaciones del clima a escalasde “semanas” (no de estaciones) que pueden contribuir a qué algunassemanas sean mucho más cálidas que otras. “Por eso es importante elmonitoreo continuo, para saber cómo va a continuar la situación”.
Fernández detalla que más en el norte pero también enalgunas localidades del sur, si bien esa masa de aire cálido va a continuarunas semanas más, habrá alivio en algunos sectores “producto de lastormentas o de las brisas costeras”.
Esta semana se prevé que el sur y el centro del país retometemperaturas “habituales”. A fin de mes ya podrían pasar dos frentes fríos quealternen períodos cálidos y frescos. Pero el pronóstico trimestral marca quelas condiciones cálidas persistirán en gran parte del territorio nacional,sobre todo en Patagonia y el centro, con menos lluvias de las normales.
El impacto
A nivel país, entonces, La Niña y la sequía elevan lastemperaturas en esta época. “Pero también las tendencias asociadas alcambio climático contribuyen en general a veranos más cálidos y a mayorfrecuencia de eventos cálidos extremos, como olas de calor”, aclara elclimatólogo Diaz.
Existe una creciente preocupación en el país y toda Américadel Sur por las olas de calor, que son más frecuentes y severas en las últimasdécadas. Ese es un efecto del cambio climático.
Un estudio realizado por World Weather Attribution (WWA) ypublicado a fines de diciembre concluyó que la ola de calor en el norte deArgentina fue 60 veces más probable y 1,4°C más cálida de lo que hubiera sidosin el efecto de calentamiento antropogénico (producido por la acción de lahumanidad).
¿Qué consecuencias tiene?
“Las altas temperaturas pueden tener impactos dediversos tipos. La exposición prolongada trae fuertes daños a la salud, es muyimportante la hidratación, aclimatación y evitar exponerse en lo posible;genera condiciones propicias para incendios; genera mayor evaporación, lo quees particularmente desfavorable en la situación actual de sequía en muchaspartes del país. También genera mayor demanda de electricidad, que termina concortes”, marca Diaz.
Respecto a los incendios, en base a un algoritmo deaprendizaje artificial denominado Random Forest, un equipo del Instituto deInvestigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo)vaticinó un panorama local poco alentador a futuro. Y lo reconfirma a Clarín.
“Nuestro trabajo se refiere a predicciones de largo plazo(mediados y fines del siglo), no a temporadas. Pero si bien esperábamosaumentos en las probabilidades de incendio para la región, lo que más nossorprendió es la magnitud de los cambios que se esperan aún bajo escenarios deemisión relativamente optimistas”, detalla Thomas Kitzberger, investigadordel CONICET en el INIBIOMA y primer autor del estudio.
Esto implica que incendios de gran magnitud, como losocurridos en lago Mascardi en 1999, el lago Cholila en 2015 o el de 2022 en ellago Steffen-Martin,”en vez de ocurrir una vez por década podríanrepetirse cada cinco o dos años, dependiendo del escenario climáticoesperado”.
La Patagonia es un “sistema muy sensible a la variaciónclimática” y, dice el experto, “vamos a tener aumento de temperaturay disminución de las precipitaciones, dos condimentos que son perfectos para elfuego”.
En el trabajo también se abordó la vulnerabilidad de losecosistemas naturales, la cual refleja la falta de capacidad adaptativa de lasespecies que lo conforman frente a estas alteraciones en la frecuencia deincendios.
Peces muertos
En la costa del río Salado, a la altura de la ruta nacional5, en la provincia de Buenos Aires, y en Santa Fe, aparecieron miles de pecesmuertos. Sucedió el fin de semana en ríos y lagunas que tienen bajanteshistóricas por la sequía.
A esa escena, casi apocalíptica, de cardúmenes endescomposición, la explica a este diario Pablo Collins, investigador principaldel Conicet en Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera.
También tiene que ver con las altas temperaturas.
“La temperatura de 40° en esa zona está asociada a unasequía en la cuenca del Plata, del Río Paraná, que lleva más de tres años. Eloxígeno disuelto en el agua tiende a subir hacia el ambiente. A la vez, alhaber más calor, hay más organismos que aumentan su metabolismo y consumen másoxígeno. Y mayores microorganismos que aumentan su descomposición y también esoconsume más oxígeno”, marca Collins.
Concretamente, hay un aumento de iones y cationes y tambiénde excretas de los animales que habitan en ese ambiente acuático. Así,”baja la calidad del agua”. Tanto disminuye que deja de ser apta parala subsistencia de hasta los peces más resistentes.
“Las lagunas que se alimentan del agua de lluvia seevaporan, porque no hay precipitaciones. Al disminuir el nivel de agua, todaslas concentraciones de iones y cationes van aumentando hasta niveles noadecuados. Los organismos quedan muertos en la superficie y eso lleva a unaespiral aún mayor mortandad y consumo de oxígeno”.
Esto puede dar lugar a la producción de algas que pueden sertóxicas y llevar a la muerte de otras especies del mismo sistema. “Es unacadena”, resume.
Eventos de mortandad de peces ocurren. Son naturales. Peromás durante el invierno, debido al bajo nivel de agua en esos cuatro meses.
“En verano es más difícil. Pero en otras épocas, cuandono teníamos estas bajantes. El verano siempre tenía al río con mucho caudal. Enesta oportunidad, la bajante, la alta temperatura y la sequía fueron el combode esta mortandad masiva”, cierra el experto.
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.